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Un acto de amor

Por Rodrigo Montoya Baier 19 de diciembre de 2018

Cuando comenzamos nuestro caminar en la vida cristiana, sin importar la edad, uno de los primeros textos bíblicos que aprendemos es el encontrado en Juan 3:16. Este verso bíblico plasma, con palabras simples, el trasfondo y motivación del plan de Dios para salvar a la humanidad. Motivado por un profundo amor, Dios envió a su hijo para que muriese por nosotros y de esa manera darnos salvación. Comprender ese amor es una de las mayores satisfacciones que como seres humanos podemos experimentar.

Hace unos años atrás y motivados por ese amor inexplicable, un grupo de hermanos de la Iglesia Adventista de Pioneros, en Temuco, Chile, decidieron realizar un acto de bondad. ¿De qué se trató? En la ciudad de Trovolhue, ubicada hacia la costa de La Araucanía, una hermana de iglesia necesitaba mejorar las condiciones de su hogar y no contaba con los recursos para ello. Conmovidos por la realidad que ella vivía, un grupo de amigos y jóvenes de la iglesia decidieron ir en su ayuda. Se desplazaron al lugar e iniciaron allí la reparación del techo, revestimiento y remodelación de dormitorios.

 

El evento marcó de tal manera la vida de los participantes, que sintieron la necesidad de volver a realizar este acto de amor. Al año siguiente, tomaron contacto con un matrimonio de ancianos en el sector de Pedregoso en Lonquimay. La condición de la vivienda no era adecuada para enfrentar el invierno allí, donde la nieve y el frío dominan el paisaje. Durante tres días trabajaron en el lugar, otorgando a los ancianos un lugar más confortable para vivir.

A Mí lo Hicisteis

Así, este movimiento comenzó a tomar forma y a establecer un precedente en los miembros de la Iglesia de Pioneros. Pronto, toda la hermandad se vería involucrada. No solo eran necesarias personas dispuestas a ir y trabajar, si no también personas dispuestas a donar los recursos para concretar la ayuda. Basados en el texto encontrado en Mateo 25:45 que dice: “De cierto os digo que por cuanto lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a Mí lo hicisteis”, el proyecto adquirió un nombre.

De esta manera, el proyecto “A Mí lo Hicisteis” nació y hoy involucra no tan solo a la iglesia, sino también a personas y entidades ajenas a ella. Lo que comenzó como un pequeño acto, hoy es un proyecto que moviliza año a año a jóvenes, ancianos, adultos y niños. Todos ellos enfocados en mostrar el amor de Cristo, dando un regalo inesperado: la mejora del espacio que llamamos hogar.

Compartimos así esta iniciativa, la cual llevó el proyecto a movilizarse este año a Labranza, ubicada a 12 kilómetros de Temuco. Allí la familia Mardones, compuesta por una madre, cinco hijos y una nieta, recibieron con alegría esta muestra de amor de Dios para ellos.

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