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Mujer descubrió el mejor escudo para enfrentar una guerra

Maritza Coico enfrentó la guerra del cáncer de mama e hizo de Cristo en su escudo para afrontar la enfermedad.

Por Rosmery Sánchez Calleja 23 de octubre de 2018

Maritza Coico es secretaria en la Iglesia Adventista del Séptimo Día (Unión Peruana del Sur).  [Foto 2016]

Imagínate que te dicen que tienes que ir a la guerra a pelear y te entrenan por varios meses con las mejores estrategias para vencer al enemigo. Te proporcionan las suficientes calorías de comida, te dan la ropa adecuada, te enseñan cómo manejar las armas y cómo defenderte. Una vez preparado, tomas valentía y vas dispuesto a todo.

Pero hay guerras donde nadie se prepara para ir y ni siquiera te preguntan para saber tu opinión. Aquellas guerras a las que nadie está dispuesto a ir. Solo te das cuenta cuando como en un abrir y cerrar de ojos ya estás en medio de una guerra que nunca solicitaste ingresar… la guerra del cáncer.

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Maritza Coico se ha convertido en una guerrera del cáncer de mama, una experiencia que le cambió la vida por completo. “Cuando el médico me dijo que tenía cáncer, sentí que todo acababa para mí, todo se derrumbaba y lloré desconsoladamente; pero supliqué a Dios con todo mi corazón que no me dejara sola en esta batalla”, sostiene.

Esta situación la obligó a dejar su trabajo como secretaria por un año y medio. “Aquella noche, en mi mente escuché las letras del himno: “No te dé temor. Nunca, nunca, nunca. Es tu Salvador amante, nunca pues te dé temor”, cuenta Maritza. “Oré a Dios nuevamente y, al día siguiente, mientras me dirigía a una clínica especializada para iniciar el tratamiento, un sticker sobre el autoradio del taxi decía: ‘Dios te conceda todo lo que has pedido’… eso fue suficiente y sabía que Dios estaba conmigo”, expresa Maritza con una sonrisa de victoria en sus labios.

Aquella dama estaba en medio de una guerra y la batalla ya había comenzado. La depresión era parte de la situación como todo ser humano, pero ella no podía permitirlo, pues eso bajaba sus defensas y eso no favorece a ningún paciente oncológico.

“Con la confianza en mi Dios, me sumergí a las batallas de las quimioterapias por seis meses. Fueron cuatro fuertes luchas (rojas) una cada quince días y diez leves (blancas), una cada semana”, recuerda Maritza.

Maritza y su esposo David Mamani, director de Radio Nuevo Tiempo Perú, agradecen a Dios por darles fortaleza en los más duros momentos. [Foto octubre 2018]

Aquél proceso médico eran como unos perdigones que la debilitaban físicamente, sentía que todo su cuerpo le quemaba y eso provocaba que las lágrimas rueden por sus mejillas. Entonces se colocaba el escudo mediante sus audífonos, a través del cual, escuchaba música que la acercaban al Señor. “Era increíble. Era como si Dios hubiera elegido una lista aleatoria de temas musicales para mí en el momento exacto, cuando necesitaba fortaleza frente al temor, miedo, dolor y sufrimiento”, afirma.

En cada pelea durante la guerra, Maritza comprobó que el arma secreta estaba en una sonrisa y un espíritu de positivismo. El cuidado, la compañía y el apoyo de sus familiares y amigos siempre fueron su mayor refugio. “Es muy importante estar siempre alegres”, comenta entre risas.

Después de tantas batallas afrontadas, ella ha regresado de la guerra con la frente en alto. Su recuperación aún no está completa, pero los médicos han quedado sorprendidos con su rápido mejoramiento y ella ahora enfrenta los desafíos del campo laboral como secretaria en la sede administrativa de Iglesia adventista para el sur del Perú, en Miraflores – Lima.

Si estás pasando por una situación similar, que no te dé temor y confía en Dios, porque solo Él es tu mejor escudo que puede darte protección, alivio y esperanza en medio de la guerra.

Hagamos, cada año, del 19 de octubre, el Día internacional de la lucha contra el cáncer de mama, en un día para descubrir las cosas imposibles que Cristo puede hacer por ti. “Nunca te des por vencida a pesar de todo el sufrimiento, Dios está al control. Mucha oración, ten confianza y fe en el Dador de la vida porque Dios permite que sus mejores guerreras experimenten las más duras batallas, afirma Maritza Coico.

 

 

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