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Proyecto amplía área de actuación para incluir a más voluntarios

Además de la oportunidad de servir a la comunidad, participantes de Un Año en Misión pueden conocer otros países y culturas.

Por Anne Seixas 6 de agosto de 2020

El proyecto lleva misioneros para evangelizar otras regiones (Foto: Divulgación)

Desde que las distancias se acortaron, con la facilidad de viajar entre diferentes países, el intercambio se hizo una posibilidad para los que desean conocer otros lugares y tener la experiencia de una inmersión en otras culturas. Eso también posibilitó unir el voluntariado con conocimiento.

El proyecto Un Año en Misión (One Year in Mission) proporciona a jóvenes entre 18 y 35 años la oportunidad de ofrecer sus habilidades o especialidades profesionales a personas en centros de influencia, que, en general, están en las grandes ciudades. Al mismo tiempo, también cuenta con el contacto directo con el evangelismo y la inserción de nuevas iglesias.

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Buena parte de los equipos seleccionados para trabajar voluntariamente son designados a una ciudad o región específica. En 2021, al menos 17 equipos actuarán y estarán divididos entre ocho países sudamericanos, además de los proyectos locales.

Sin embargo, se abrió una nueva posibilidad. Los centros de influencia distribuidos en esos países podrán recibir grupos menores de misioneros. Además, los misioneros pueden actuar en el evangelismo que lleva a la apertura de nuevas iglesias en ciudades o barrios que no tenían presencia adventista. Eso amplía el abanico de elecciones sobre localidades para vivir esa experiencia.

Italo Vaz participó del proyecto por dos años. En el primer año, fue a una comunidad indígena en Tocantins, al norte de Brasil. En esa época, tenía 21 años y sentía que necesitaba encontrar algo que respondiera las preguntas que tenía. “Sabía que en la misión tenía que enfrentar mis propios miedos y desafíos, además de adquirir mi independencia”, confiesa.

Al año siguiente, 2018, decidió enfrentar un desafío aún mayor. Fue a Bolivia y, con el nuevo idioma, aprendió a servir a la comunidad urbana. Allí trabajó en centros de influencia que ofrecían algunas atenciones básicas a la comunidad, como cursos de inglés y música.

Hasta 2020, para participar de este programa, era necesario ser parte de un equipo que tenía de 10 a 15 personas. Ahora las posibilidades aumentaron, ya que los candidatos pueden ser llamados de manera individual para proyectos específicos, de acuerdo con sus habilidades.

Oportunidad de aprendizaje

Profesionales y estudiantes de cualquier área de actuación pueden participar en OYiM. Basta con ingresar al sitio y rellenar la ficha de inscripción. A partir de eso, el perfil será evaluado y el pedido podrá ser aprobado.

“Independientemente del equipo, del lugar o del cómo, solo el hecho de dedicar o hacer un paréntesis en su vida para tener una experiencia como Un Año en Misión, el mayor beneficiado es la misma persona”, resalta el pastor Carlos Campitelli, que lidera el proyecto en ocho países de Sudamérica. Según él, todavía hay oportunidades de que el voluntario “crezca en sus habilidades, competencias y descubra o redescubra talentos, dones dados por Dios. Es una experiencia de voluntariado que se llevará por el resto de la vida”.

Quien desea participar de Un Año en Misión debe buscar al líder de jóvenes de su región y haber tenido experiencia anterior con misiones, en proyectos como Misión Caleb, por ejemplo.

“Puedo decir que mi vida se divide en dos momentos: antes de la misión y después de OYiM”, destaca Italo. Según él, la experiencia le dio una nueva visión y un nuevo propósito de vida. “Aprendí a ver al prójimo y sus necesidades de manera más clara, y así aprendí a ver la vida de otra manera”, concluyó el misionero.

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