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Cómo vi la Reforma Protestante 500 años después

Cinco siglos después de que Lutero presentara las tesis que traían cambios para la iglesia, el mundo continúa viviendo bajo la influencia del movimiento religioso.

30 de octubre de 2017

Bruno Elmano

Crédito de foto: Paulo Rios.

En el 500º aniversario de la Reforma Protestante tuve la oportunidad de hacer un documental para la TV Nuevo Tiempo con el desafío de retratar no solo la historia del movimiento religioso, sino también de entender cuáles son las consecuencias para el mundo, sentidas hasta hoy, derivadas de los cambios promovidos dentro del ambiente de la iglesia, pero que extrapolaron doctrinas eclesiásticas, en una época en que la separación de los poderes no era natural como es hoy. La iglesia tenía más poder sobre la vida de las personas y dictaba la forma de pensar de una sociedad; y un cambio del tamaño de la Reforma, naturalmente, transformó el modo de vivir en diferentes lugares del mundo.

La consecuencia en Brasil

Como brasileño, tenía interés en entender cómo la sociedad en la que vivo fue afectada. Aun con el reciente aumento de la influencia evangélica en las esferas social y política, fenómeno que se intensifica desde la década de 1980, nuestro país no tiene un gran impacto transformador causado por el protestantismo, pero si tiene del movimiento de la Contrarreforma, surgido en la Iglesia Católica luego de las protestas.

En San Pablo, fui hasta el Pateo do Collegio, primera construcción de la ciudad, realizada por los jesuitas en 1554. La Compañía de Jesús había sido creada como una de las respuestas de la Iglesia Católica al movimiento protestante, con objetivos evangelísticos. El Pateo hoy tiene un museo, un restaurante y una capilla, pero después de su inauguración como un colegio para la educación y catequización, fue hasta la misma sede del gobierno estatal paulista, lo que demuestra la importancia que tuvo en el pasado.

Los blancos de las protestas

Saliendo de San Pablo, nuestro equipo partió para Roma, capital de Italia. El lugar era el centro del cristianismo en el siglo XVI, época en la que la Reforma eclosionó. Allí, el primer punto visitado fue la basílica de San Pedro (vea en el mapa de abajo), que comenzó a ser construida en 1506, y que hasta hoy impresiona por su grandiosidad. Tiene capacidad para recibir a 60 mil personas, en 23 mil metros cuadrados de área construida por los arquitectos y artistas más importantes de la época. No faltan cuidados con los detalles, como las 340 estatuas de ángeles, santos y mártires. Se desconoce la cantidad de dinero gastado en su construcción, pero lo que sí se sabe es que la Iglesia Católica Romana buscó cada vez más dinero durante el periodo de obras. Representantes locales de la iglesia esparcidos por el mundo intensificaban la venta de indulgencias, el perdón divino, que se conseguía a través de las autoridades de la iglesia.

Martín Lutero visitó la ciudad algunos años después, en 1511. Fue allí que se despertaron en él algunas ideas que comenzaría a esparcir en los siguientes años. Un punto clave para este cambio ocurrió en la Escalera Santa, que estaba al lado de la iglesia más importante de la época, la basílica de San Juan de Letrán. La escalera recibió esa clasificación porque habría sido usada por Jesús, en Jerusalén, en el día en que fue crucificado. Aun en nuestros días podemos ver que los escalones solo pueden subirse arrodillados. Lutero hizo esto mismo, cuando intercedía por el alma de un pariente, pero fue allí que él pensó por primera vez que actos como aquel no tenían sentido y comenzó a cuestionar la influencia de las obras para la salvación.

La Reforma incompleta

El tercer destino fue Suecia, país nórdico que tuvo una religión protestante como oficial de estado hasta el año 2000. Fueron más de 400 años de un fuerte vínculo entre el poder político y la Iglesia de Suecia, que es evangélica luterana. La historia comenzó en 1593, en la Catedral de Uppsala, lugar en que nos encontramos con diversos elementos que muestran que el cambio no fue de 180 grados.

Dentro de la iglesia, que es la mayor entre todos los países nórdicos, encontramos la estatua del Santo Erik, considerado el patrón del país, según la tradición católica. En estos días de conmemoración de los 500 años de la Reforma, una exposición temporaria se instaló frente a la estatua de la primera Biblia traducida al sueco, que fue hecha a pedido del rey Gustavo Vasa solamente en el contexto de la Refirma, lo que era impensable en el periodo católico. El apoyo de Vasa al movimiento es históricamente contestado. El reformador de Suecia, Olaus Petri, refutó, por ejemplo, la decisión del monarca de mantener el vínculo entre los poderes religioso y estatal, lo que era común en la época, pero también uno de los puntos de cuestionamiento de los protestantes.

El país se secularizó a lo largo de los años, y desde el 2000, con la separación oficial entre iglesia y estado, el número de miembros tuvo una caída vertiginosa. Si antes el hecho de ser sueco significaba ser de la iglesia, casi el 100% de las personas del país tenían relación con la religión. Hoy ese número está en torno al 63%. Y tiende a caer más porque solo el 29% dicen ser religiosos (no solo luteranos, sino de todas las religiones) y apenas el 8% va a la iglesia con regularidad.

A pesar de eso, tuvo impactos positivos del legado protestante. Conocí la capital, Estocolmo, el mejor lugar para ver cómo el país se desarrolló. El índice de Desarrollo Humano está entre los primeros del ranquin, dando a los habitantes una calidad de vida de las mejores posibles. Entre los motivos está la visión sobre el trabajo, históricamente asociada a la bendición divina, una forma de manifestar la gloria de Dios, lo que cambió la forma como determinadas sociedades se desarrollan económicamente.

Vea algunas fotografías de Alemania relacionadas con la reforma protestante

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Donde la Reforma ganó fuerzas

Martín Lutero no fue el primer ni el último reformador, pero la fecha asociada a la conmemoración del movimiento protestante está vinculada a un acto suyo, el de fijar las 95 tesis contra la venta de indulgencias en la puerta de la iglesia del castillo, en la ciudad de Wittenberg, interior de Alemania.

Tuve la oportunidad de visitar el lugar y me encontré con una bella puerta de bronce con las inscripciones de todas las 95 tesis. No fue así en aquella época. Por las características históricas descritas, la puerta no tenía ningún decorado especial y las tesis deben haber sido clavadas entre otros diferentes mensajes para los estudiantes, porque el lugar era usado como una especie de capilla para la Facultad de Teología de Wittenberg. Lutero era profesor y no fue hasta la principal iglesia de la ciudad, porque las tesis, en realidad, eran la propuesta a un debate.

El contexto no disminuyó el tamaño del acto. Lutero no presentó aquel texto solo de esa manera, sino que también lo envió a sus superiores en la jerarquía católica. El contenido con duras críticas acusaba hasta al líder supremo, el papa. Por eso no saldría impune. Lutero mantuvo la palabra en la Dieta de Worms, lo que llevó la protesta adelante. La consecuente convulsión social unió y dividió a Alemania. Unió porque eran varias confederaciones diferentes e independientes en el mismo territorio y que se juntaron en torno al debate sobre el futuro. Dividió porque no todos aceptaron la protesta, diseñando una Alemania protestante al norte, región de la capital, Berlín, y de Wittenberg; y otra católica al sur, que incluía Munich y otras importantes ciudades actuales.

El protestantismo ya no está tan presente en la región, principalmente desde el final de la Segunda Guerra Mundial, periodo en que los soviéticos pasaron a controlar buena parte del norte e influenciaron la difusión del ateísmo. La propia ciudad cuna de la Reforma tiene una tasa de cerca del 90% de la población que no cree en Dios, pero la historia quedó bien preservada y no faltan homenajes en la Iglesia del Castillo (la de las tesis), que es donde Lutero fue sepultado, por ejemplo.

Peregrinación hacia el Nuevo Mundo

Volví al continente americano, pero en la región del norte, para conocer los Estados Unidos, el destino de protestantes que cuestionaban como la propia reforma se había diseñado en parte de Europa. Eran ingleses puritanos, que se basaban en las enseñanzas de Calvino, que se vieron perseguidos en su propio país por causa de segmentos diferentes del movimiento. En acuerdo con el poder político, consiguieron el derecho de establecerse en el nuevo mundo, en Nueva Inglaterra, al comienzo del siglo XVII.

Desembarcaron en la bella región del Cabo Cod en 1620, donde hoy existe un monumento a los peregrinos. Esa clasificación fue usada por los propios habitantes, que se veían en una misión divina en la Tierra Prometida. Ellos fueron de a poco dominando otras tierras cerca, poniendo en práctica la idea expansionista que sería mejor traducida a través del Destino Manifiesto en el siglo XIX.

El grupo estableció importantes instituciones en la historia del país, como la Universidad de Harvard, una de las más conceptuadas del mundo, habiendo educado a ocho de los presidentes estadounidenses, y que fue fundada en 1636 para formar clérigos. Fue en la misma región, en la ciudad de Boston, que se registraron lugares históricos de la Revolución Americana, movimiento político de la independencia, pero que tuvo elementos religiosos, como la apropiación de los líderes por la forma de discurso congregacional e iglesias como sede de discusión de las acciones del movimiento. Por último, la consecuencia fue tener en el texto de la Declaración de Independencia diversas referencias religiosas.

Los dos Luther (Luteros)

Los derechos civiles estadounidenses están relacionados a otro Lutero, el pastor protestante Martin Luther King Jr., que se convirtió en uno de los íconos en la búsqueda de justicia social y derechos igualitarios en el siglo XX. El Luther alemán no fue tan profundo en esta cuestión, pero fue responsable por recordarle a la sociedad mundial del principio bíblico de que todos son iguales delante de Dios. Hasta hoy existen conflictos étnicos en los Estados Unidos, pero los derechos, por lo menos en papel, son iguales. Hasta hace poco tiempo, los negros no podían siquiera votar. Los dos Luther son diferentes, con ideas distintas, pero lograron, cada uno en su tiempo, expandir los sueños y las visiones para transformar a la sociedad y disminuir la desigualdad.

La Reforma Protestante tiene sus marcas aun hoy en la sociedad, lo que es efecto del pensamiento de Lutero. El reformador entendía, por ejemplo, que la Biblia debería ser traducida constantemente, para que fuese entendida por todos. En este sentido, el espíritu de protesta no puede acabar.

 

BRUNO ELMANO es periodista. Produjo y escribió el guion para el documental “La reforma que cambió el mundo” para la TV Nuevo Tiempo.

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