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¡Estamos de luto!

En nota, la Iglesia Adventista del Séptimo Día lamenta profundamente las muertes en el contexto de la pandemia Covid-19 y simpatiza con las víctimas y sus familiares

Por Agencia Adventista Sudamericana de Noticias 1 de abril de 2021

En un momento como este, la Iglesia es apoyo para los que sufren (Foto: Shutterstock)

El dolor y el sufrimiento por los miles de muertos, enfermos y alcanzados por la pandemia es el dolor de una iglesia. Porque la Iglesia es, en esencia, una comunidad formada por niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos, mujeres, hombres, profesionales de salud, amas de casa, empresarios, empleados de la Iglesia y tantos otros. Todos con esperanza, sueños, expectativas, miedos y anhelos.

No estamos inmunes al sufrimiento. Somos vulnerables, pues la comunidad adventista está inmersa en esta lucha contra la pandemia. Es por eso que decimos: sentimos su dolor. Sus lágrimas también son nuestras lágrimas.

Oramos, nos ponemos tristes, lamentamos por cada familia que ahora intenta seguir adelante y encontrar algo que le dé un nuevo propósito. También manifestamos alegría por quien se recupera y abrimos la Biblia para confirmar el cuidado divino, y compartir esperanza, aun en medio de las tragedias,.

Aun más en estos días, cuando recordamos la muerte de Cristo, recordamos a un Padre que también soportó la muerte de un hijo. Fue una muerte que nos aseguró a todos nosotros que, un día, todo esto llegará a su fin. Este Padre está a nuestro lado en el momento de las pérdidas más dolorosas.

Reafirmamos la necesidad del cuidado y seguimos incentivando el uso de mascarillas, la correcta higienización de las manos y los ambientes, y el distanciamiento necesario. Al seguir las orientaciones sanitarias, demostramos amor y respeto a las familias de aquellos que nos dejaron.

En este momento difícil, nos solidarizamos con los que sufren y queremos continuar haciendo la diferencia en la vida de las personas. Estamos presentes ofreciendo cariño y comprensión, ya sea por medio de una visita, de alguien que le da refugio a quien está inseguro y aislado, de una mano que ofrece alimento, ropas o recursos a quien lo necesita.

Por eso, juntos, con la ayuda de todos y la dirección de Dios, podemos ganar esta batalla. ¡Podemos ser una voz de esperanza!

“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4).

Iglesia Adventista del Séptimo Día

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