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El anciano de nuestros sueños

Las recomendaciones que Pablo le hizo a los ancianos pueden resumir lo que se espera de los escogidos para liderar la iglesia de Dios.

Por Lucas Alves 19 de junio de 2020

Las recomendaciones que Pablo le hizo a los ancianos pueden resumir lo que se espera de los escogidos para liderar la iglesia de Dios. (Imagen: reproducción de video)

El papel del anciano en la Iglesia Adventista es de fundamental importancia. Es esencial reflexionar sobre su función a la luz de la Palabra de Dios, pues corremos el riesgo de disminuir su valor y relevancia en estos días tan desafiantes que estamos viviendo.

En el capítulo 20 del libro de Los Hechos de los Apóstoles encontramos a Pablo con un grupo de ancianos venidos de la ciudad de Éfeso a Mileto, a fin de despedirse del gran apóstol con la posibilidad de nunca más encontrarse (Hechos 20:25 y 38). Las recomendaciones que Pablo le hizo a ese grupo pueden resumir lo que se espera de los escogidos para liderar la iglesia de Dios.

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Atención

Pablo pasó aproximadamente tres años en la iglesia de Éfeso, en su tercer viaje misionero (Hech. 19-21), entre los años 53 y 58 d.C. Después de haber hecho un repaso de cómo debería ser el pastoreo de la iglesia en ese período (Hech. 20:18-27), en el versículo 28 presentó algunas orientaciones que deben acompañar a un anciano genuino.

“Mirad por vosotros”. El verbo mirad es una traducción del término gregoprosecho que también significa cuidar. No hay duda de que antes de cuidar del rebaño necesitamos cuidar nuestro corazón. Como líderes espirituales, las primeras personas que debemos pastorear somos nosotros mismos. ¿Cómo está su corazón? ¿Cómo está cuidando de sus pensamientos? ¿Dónde están depositadas sus más ricas esperanzas? Usted ¿ha notado el cuidado de Cristo en su vida? Elena de White afirmó: “Nos ayudará si procuramos ayudarnos a nosotros mismos”.[1]

Comunidad de fe

“Por todo el rebaño”. Primero usted se cuida a sí mismo y después a todo el rebaño. ¿Qué significa todo el rebaño? Creo que involucra, en primer lugar, su propia familia. Luego, la comunidad de fe, y finalmente, la familia del pastor. En su esencia, el anciano es un pastor, y por eso dentro de lo posible debe relacionarse bien con todos (Romanos 12:18). La prioridad del trabajo pastoral no es reforma de iglesia, eventos, comisiones y programas. Todo eso tiene su importancia, pero no debe ocupar el primer lugar de la agenda. La prioridad debe ser las personas. Elena de White advirtió: “Los que ocupan la posición de subpastores deben ejercer una diligente vigilancia sobre la grey del Señor. […] Ministrar significa más que sermonear; representa un trabajo ferviente y personal”.[2]

Búsqueda del Espíritu Santo

“El rebaño en el que el Espíritu Santo os ha puesto como obispos”. En el libro Los hechos de los apóstoles, la función del Espíritu Santo es impresionante. Vea algunos aspectos: une a la iglesia (Hech. 2:42-47); hace que la Iglesia testifique (Hech. 4:31); dirige la evangelización (Hech. 8:29); separa (ordenación) obreros para la misión (Hech. 13:1, 2); Conduce los consejos de la iglesia (Hech. 15:28); distribuye y coordina los dones espirituales (Hech. 19:6). Sin el Espíritu Santo no hay testimonio, predicación, conversiones, ni avance de la obra. El anciano debe recordar siempre que fue escogido por el Espíritu Santo, y eso significa que la naturaleza de su trabajo es de naturaleza espiritual. O sea, el anciano debe ser consagrado y dotado de dones para ejercer su ministerio con excelencia. Sin el Espíritu Santo es imposible realizar una obra con calidad. Mark Finley declaró: “¿Qué podría ser más importante para el pueblo de Dios, que el derramamiento del Espíritu Santo con el poder del Pentecostés para la terminación de la obra en la Tierra?[3]

Pastoreo

“Para apacentar la iglesia del Señor”. La iglesia no es una invención humana, conducida por manos humanas y que atiende deseos humanos. Ella es el cuerpo, y Cristo es la cabeza (Colosenses 1:18). Es verdad que como cuerpo tenemos que desempeñar nuestra parte, pero nunca olvidemos que Cristo es quien sustenta, bendice y dirige esa iglesia. Quién se olvida de eso generalmente se frustra y se vuelve un crítico severo de todo lo que hace la iglesia. Nuestro origen profético, en Daniel 8:14 y Apocalipsis 10:11, nos dice que no estamos aquí por acaso y que vale la pena entregarnos enteramente para encontrarnos con Jesús. Recuerde: cuando tenemos la conciencia de que Dios dirige la iglesia, cualquier posición que asumimos dentro de ella es una posición de honor.

Salvación

“La cual él ganó por su propia sangre”. La iglesia es una comunidad de personas salvadas y que desean salvar. Todo lo que ven después de eso es secundario. Todo anciano debe tener una experiencia real de la gracia, del perdón y del poder de una vida transformada. Todo anciano necesita una profunda comunión con Cristo, como su amigo, señor y salvador. Por medio de esa relación con Cristo, y por el deseo de compartir esa experiencia con otros, él ejerce una influencia positiva en la iglesia para cumplir la misión. Recuerde: “La iglesia es la depositaria de las riquezas de la gracia de Cristo, y por la iglesia se manifestará finalmente la revelación final y completa del amor de Dios al mundo que ha de quedar iluminado por su gloria”.[4]

Necesitamos acercarnos cada vez más al ideal bíblico de lo que significa ser un anciano. Eso va más allá de organizar detalles de la liturgia del culto o las actividades que se restringen solo al templo. Vuelvo a afirmar: esas actividades son importantes, pero la imposición de manos va más allá. Las marcas más importantes del ministerio del anciano son las que Pablo dejó para los ancianos de la iglesia de Éfeso y que deben ser aplicadas a la iglesia de Dios hoy.

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1White, Elena de. El hogar cristiano, p. 272.

2White, Elena de. Los hechos de los apóstoles, 419.

3Finley, Mark A.  Reavívanos, p. 5.

4White, Elena de. Joyas de los testimonios, t. 2, p. 356.

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