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Agencia adventista ha ayudado hasta el momento a 840 mil refugiados

Los venezolanos se convirtieron en uno de los mayores grupos de poblaciones desplazadas del mundo. Según ACNUR, actualmente existe 4,5 millones de venezolanos en tránsito.

Por Silvia Tapia, ADRA Sudamérica 19 de junio de 2020

José Fernando Molina y su familia, felices, en Montevideo – Uruguay. En la foto, falta la hija menor que estaba tomando una siesta. (Foto: Sérgio Cassiano)

Las estadísticas son alarmantes: diariamente, un promedio de 40 mil personas se ven obligadas a huir de sus países debido a persecuciones, conflictos o violencia generalizada. En la actualidad, se habla de cerca de 79,5 millones de personas desplazadas. Según ACNUR, la Agencia de la ONU para los refugiados, hasta diciembre del 2019 contábamos con 26 millones de refugiados esparcidos en todo el mundo.

El mismo organismo señala que en 2020 la crisis de refugiados y migrantes venezolanos debe ser considerada como la segunda mayor en el planeta, ubicándola solamente un poco por debajo de los índices registrados en Siria. En Venezuela, la crisis política de derechos humanos y socioeconómica es grave y está empeorando. Ya hay 1.809.872 personas originarias de ese país registradas oficialmente como emigrantes, refugiadas o en desplazamiento.

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José Fernando Molina y su familia son un ejemplo claro de esta realidad. La situación en su país de origen, Venezuela, estaba cada vez más complicada, pero todavía conseguían sustento. Tal vez fue por el miedo a lo desconocido, la necesidad de reunir más recursos o el deseo de estudiar mejor el plan de fuga, o la frustración de tener que poner los esfuerzos de toda una vida en una maleta y salir dejando todo atrás, que la familia venía postergando la decisión de quedase o de salir por algún tiempo. Pero, finalmente, en marzo del año pasado comenzaron la peregrinación hasta el país elegido: Uruguay.

El mayor éxodo de América Latina

Los venezolanos se convirtieron en uno de los mayores grupos de poblaciones desplazadas del mundo, después de la aceleración del éxodo en masa a partir de 2016. Según ACNUR, actualmente existe 4,5 millones de venezolanos en tránsito.

Por cuestiones relacionadas en su mayoría al factor económico, la gran mayoría de venezolanos elige desplazarse a otros países de la región. Colombia y Perú eran los destinos finales, pero, actualmente, más de 37 mil venezolanos fueron reconocidos en Brasil, que es el país con el mayor número de refugiados venezolanos reconocidos en América Latina.

“¿Y cuáles son los factores que determinan la elección del destino final para un refugiado?”, puede estar preguntándose. En primer lugar, las leyes de cada país y los beneficios ofrecidos a personas en esta condición. El idioma también desempeña un papel protagonista en la elección final; hasta el año pasado, por ejemplo, Brasil no era un destino considerado por los venezolanos ni para situaciones transitorias, pues el idioma representaba una barrera muy difícil de superar. Debido a los cambios en las leyes de los países de habla hispana, que retiraban beneficios concedidos anteriormente, el pueblo venezolano comenzó a migrar a Brasil.

José Fernando y su esposa, Rubí, eligieron Uruguay como destino final por las oportunidades educativas que ofrece el país y la facilidad del idioma. El asunto de la educación siempre fue primordial: él está graduado en ingeniería y era operador de planta en una conocida empresa petrolera en Venezuela; ella está graduada en administración de empresas, pero cuidaba del hogar hasta que los pequeños pudieran quedarse solos. La vida era buena antes de la crisis, pero tuvieron que salir para que sus tres hijos tuvieran mejores oportunidades de estudio, así como tuvieron ellos en otro momento.

Pero, esta decisión traería consigo la mayor ruta de peregrinación realizada por los venezolanos: la de la Cordillera de los Andes, también conocida como la ruta de la integración latinoamericana. Para los conocidos era una locura, considerando además que la hija más pequeña era apenas una bebé de meses de vida.

También era importante considerar el hecho de estar saliendo todos juntos, esperando llegar al destino final también juntos, cuando la mayoría de los conocidos prefería que fuese primero el jefe del hogar. “Yo no lograba pensar en dejar a mi esposa y a mis hijos en Venezuela. Esa no era una opción para mí. El miedo de no saber si ellos estarían bien, con comida, con salud y hasta vivos, me dejaría demasiado preocupado, y no lograría trabajar. Siempre enfrentamos todo juntos, esta vez no sería diferente”, afirma José.

La ruta elegida por la familia incluía Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y finalmente Uruguay. Y entonces, con un plan trazado y una mochila en la espalda, enfrentaron el mayor desafío de sus vidas. Juntos.

 Niños refugiados

 El mayor miedo de la familia Molina era la pequeña de menos de un año, que todavía se alimentaba de leche materna. Una niña tan frágil generalmente no sobrevive a una peregrinación tan larga, que llevaría como mínimo cinco meses. Pasarían por climas variados sin la garantía de un plato de comida o un techo para dormir todas las noches; no sabían en realidad cuáles serían los medios de transporte; tal vez, tendrían que caminar largos trayectos. La madre, Rubí, comenzó a considerar la posibilidad de llegar al destino final sin la pequeña y decidió preparar el corazón en caso de que llegara el momento.

El más joven de la familia Molina. La madre pensó que no sobreviviría al viaje. (Fotos: Sérgio Cassiano)

Los niños con menos de 18 años representan 52% de la población refugiada alrededor del mundo; más de la mitad. Estudios realizados por ACNUR demuestran que, a lo largo de su peregrinación, y aun estando en el destino final, la mayoría de estos niños está en riesgo de sufrir abuso, violencia, negligencia, explotación, tráfico o reclutamiento militar.

Muchos de estos niños solo conocieron la vida como refugiados; pasarán la infancia lejos de un hogar, lejos de una escuela y, en más de una ocasión, quedarán solos debido a la muerte de los responsables o abandono de ellos. La situación es desesperante.

Respuesta de ADRA

El viaje fue largo y difícil. En muchas ocasiones, la familia tuvo que dormir en la calle y pasó frío, pero nunca pasaron hambre. “La peor parte es no saber lo que sucederá con nosotros al día siguiente, la ansiedad por el mañana pesa demasiado. ¿Será que vamos a lograrlo? ¿Será que vamos a perder a alguien? ¿Será que tendremos qué comer?”, dice José, recordando los momentos del viaje.

Hubo momentos de desesperación, como cuando llegaron a Perú y el dinero se había terminado. El miedo se apoderó de ellos, casi perdieron la esperanza, pero en ese momento la familia Molina conoció la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales, ADRA, y con la ayuda de ellos consiguieron sustento, un techo para dormir y hasta pasajes para continuar el viaje hasta Ecuador. En Ecuador lo primero que hicieron fue buscar a ADRA, lo mismo en Argentina. Finalmente, en octubre del año pasado, José Fernando, Rubí y sus tres hijos entraron en Montevideo, Uruguay, juntos, de la mano y con lágrimas en los ojos.

Vea más detalles en el video de abajo:

 

Paulo Lopes, director de ADRA en Sudamérica, afirma: “Cada refugiado representa una historia vital de personas en busca de condiciones de vida dignas. La crisis de movilidad humana pone a prueba la solidaridad regional. Por eso, como ADRA trabajamos para responder al desafío con justicia, compasión y amor”.

ADRA ofrece ayuda a los refugiados y a personas en situación de movilidad humana de varias formas. La más completa es la que realiza en cooperación con otras instituciones del tercer sector, con el objetivo de insertar al venezolano en el nuevo país de residencia. A través de esta iniciativa, la agencia humanitaria adventista ofrece recursos, vivienda, educación, orientación sobre documentación y hasta ayuda a los beneficiarios a encontrar empleo.

Otra iniciativa está relacionada a personas en tránsito, que pasan por los países donde ADRA está presente, pero no pretenden quedarse ahí. En este caso ofrecemos lugares para descansar o recuperar fuerzas, denominados albergues, alimentos, programas de salud, saneamiento básico, evaluaciones nutricionales, asesoramiento jurídico, subvenciones, entre otros. La idea en estos albergues es ayudar al refugiado mientras se encuentran en las fronteras.

Para estos dos tipos de proyectos mencionados, nuestros beneficiarios pasan por un rápido proceso selectivo, en el cual priorizamos la ayuda a poblaciones vulnerables. Nos gustaría ayudar a todos, pero todavía no contamos con recursos suficientes.

El tercer proyecto involucra directamente a voluntarios de ADRA. Usted se encaja aquí. En este proyecto el objetivo es entregar alimentos y kits de higiene a familias refugiadas, a través de canastas básicas o comidas calientes ofrecidas diariamente, y todo eso es posible gracias a sus donaciones.

Desde que comenzó la crisis de refugiados venezolanos, ADRA ya ayudó a más de 840k personas a través de sus 51 proyectos en el territorio de América del Sur. Pero todavía hay mucho para hacer.

Día mundial del refugiado en medio de la pandemia

El 20 de junio celebramos el Día mundial del refugiado, este año en medio de la crisis del coronavirus. Y es importante resaltar que una de las poblaciones más afectadas en la pandemia fue la de los refugiados. Por este motivo, y siguiendo todas las recomendaciones sanitarias, ADRA continuó trabajando con todos sus proyectos orientados a refugiados, porque la solidaridad no tiene cuarentena. No fue fácil, pero las donaciones de nuestros colaboradores y voluntarios permitieron que no dejásemos tantas familias sin atender.

¿Qué celebramos exactamente el 20 de junio? Historias como la de José Molina y su familia, que representan a los 70 millones de personas que tuvieron la valentía necesaria para salir de sus hogares y enfrentar lo desconocido. Y vencieron, porque cada día es una lucha y al mismo tiempo una victoria. También recordamos a tantos otros que no lo lograron y sentimos en la piel los desastres que pueden resultar de la violencia. Y soñamos con un mundo donde no existan más los conflictos, las guerras, el sufrimiento y el dolor.

“Las pequeñas contribuciones que podamos hacer como individuos y organizaciones aligeran la carga de nuestros hermanos refugiados. A todos nuestros colaboradores y a quien de alguna forma nos ayuda en esta ardua tarea: ¡muchas gracias!”, dice Eric Leichner, gerente de Emergencias de ADRA Sudamérica.

Si usted desea contribuir con esta causa, entre ahora en el sitio de ADRA y haga su donación: www.adrasudamerica.org

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