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Jóvenes adventistas escogidos y transformados

Una gran fiesta espiritual deleitó a los jóvenes participantes de Super Misión al norte del Ecuador

Por Vanessa Castro y Lia Costa 3 de marzo de 2019

(Foto: Leonardo Lopez)

Cuando es sábado el ambiente en un campamento adventista es diferente y ameno; para la Iglesia Adventista del Séptimo Día al norte del Ecuador, no fue distinto a esos, trajo sorpresas, alegría y agradecimiento a Dios.

En la noche anterior el llamado del pastor Luis Velásquez fue para amar, y en este día de celebración se hizo posible ver uno de los frutos del amor, que es el servicio. “Cuando usted sirve con un abrazo, con una oración, una ayuda, te llena…”, dijo a las centenas de jóvenes que estaban en el coliseo por la mañana. Después de escuchar acerca de la teoría del servicio en el culto, fueron todos invitados a la práctica. Los Caleb fueron al frente, pues en los cuatro días antecedentes a la Súper Misión “Escogidos”estuvieron haciendo un trabajo de impacto en la ciudad de Esmeraldas.

Caminaron por una calle de piedras lisas y redondas hasta llegar a una arena negra y brillante que precedían la arena mojada del mar calmo. Los Caleb estaban en el centro, envueltos por una media luna de varias banderas erguidas por los líderes y directores JA de todos los distritos de la Misión Ecuatoriana Norte (MEN) representados allí. Los acampantes aprovecharon para refrescar los pies en el mar mientras otros quedaron en la orilla, mirando la bonita fiesta espiritual. Estaban felices, deleitosos. Siete pastores distritales estaban en fila, caminando más allá de las olas, siendo seguidos por sus catorce jóvenes que serían bautizadas en aquel sábado. Algunos bautismos ya estaban previstos, pero otros no, que fue el caso de Luis Miguel.

(Foto: Leonardo Lopez)

Luis es un venezolano de dieciocho años que llegó a Ecuador hace seis meses sintiéndose solo y no tenía esperanzas de hacer nuevos amigos porque trabajaba mucho, hasta que en un campeonato de futbol conoció a María Cristina, quien lo invitó a la iglesia de La Carolina, en Quito. Luis era adventista desde pequeño, sin embargo sentía que necesitaba reencontrarse con Dios, después de haber hecho elecciones que lo alejaron de Él. En la nueva iglesia empezó a involucrarse con la música y luego se sintió parte de ellos.  “Estar en la iglesia es como estar en una familia, no es solamente hablar de Dios o ir a la iglesia todos los sábados, sino gustar de estar con Dios y compartir con Él”, afirma.

Cuando oyó el llamado para amar, sus pensamientos acerca del bautismo se volvieron fuertes, pero tuvo miedo. Tenia ganas de sentirse limpio y renovado, pero… ¿y si cae nuevamente? Decidió hablar con Mónica, la madre de María. Y al día siguiente, cuando María vio que Luis se habían levantado para aceptar el bautismo se sorprendió. “Fue muy lindo porque muy pocos tienen el valor de dejar el orgullo y renovar su pacto con Dios, ya que a veces tienen miedo de lo que la gente va a pensar o de lo que habrán hecho; pero me alegró verlo volver a Dios públicamente”, dijo. El joven venezolano tuvo la oportunidad de bautizarse junto a su nueva familia, y por las manos de su pastor Hugo Gonzales, en la playa.

Después del almuerzo, junto a su familia de fe, Luis fue hasta la ciudad de Palestina a entregar los libros “Esperanza para la Familia”, todos alabando al Señor y llamando la atención de quienes pasaban por las calles. La Súper Misión entregó mil ejemplares en el cantón Rio Verde. Luis cree que existen pequeños detalles en la obra de Dios.

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