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Más de 1.500 predicadoras movilizaron la iglesia durante la semana de evangelismo femenino

"Esto nos mostró el sentido de urgencia de compartir con los amigos que Cristo viene pronto”", señala la líder del Ministerio de la Mujer.


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Las mujeres reunidas en un centro de Parque Avellaneda. Foto: ABO.

Los últimos días de mayo y primeros días de junio, la Iglesia Adventista en Argentina vivió un movimiento sin precedentes. Por primera vez en nuestro territorio más de 1.500 mujeres en más de 600 centros participaron de la semana de evangelismo femenino, un proyecto impulsado por la División Sudamericana.

“Se involucraron las hermanas de nuestra iglesia y vimos una respuesta espectacular. La actividad tuvo que ver con compartir la fe a través de la predicación”, detalla Evelin de Bentancor, líder del área del Ministerio de la Mujer de la Iglesia Adventista en Argentina.

Hermanos disfrutando de la semana de evangelismo femenino. Foto: MANO.“Vimos a las mujeres con un fervor, contentas y felices. Vimos una iglesia viva compartiendo lo que tienen en su corazón y eso nos motiva a seguir adelante”, agrega la directora del Ministerio femenino.

Bajo el lema “Mirar con esperanza”, los más de 600 centros de predicación contaron con la participación de distintas mujeres. “En casi todos los lugares una mujer predicaba cada noche y esto permitió que las hermanas puedan animarse a hacerlo. Esto ayudó a que se gestara un movimiento para involucrarse en la misión, nos mostró el sentido de urgencia de compartir con los amigos que Cristo viene pronto” señala la líder.

En su gran mayoría las predicaciones se dieron a través de la virtualidad. Solo en algunas ciudades se pudo hacer presencial. Evelin destaca: “Algunos utilizaron Zoom, Meet y otros lo hicieron a través de grupos de Whatsapp enviando audios producidos por las mismas hermanas y así compartieron a sus contactos”.

Bautismo en la Misión Argentina del Noroeste. Foto: MANO.

Música, mensajes inspiradores, oración y momentos con Dios fueron el eje principal de los encuentros. “Fue un momento único. Un privilegio para los que participamos. Dios se manifestó en la vida de las personas que se conectaron y a raíz de eso muchas aceptaron estudiar la Biblia y bautizarse. En algunos encuentros hubo bautismos y vimos la alegría de estas personas al entregar su vida a Dios”, concluye Evelin de Bentancor.

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