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Fotoperiodista cree que debe existir vínculo afectivo para una buena fotografía

Este 19 de agosto se celebra el Día Mundial de la Fotografía.


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Migue Roth.

Brasilia, Brasil… [ASN] Con 32 años de edad, el argentino Migue Roth dice que “su mirada está enfocada en las problemáticas sociales latinoamericanas y sus transformaciones”. Roth es fotoperiodista, cronista y realizador multimedia freelance. Es editor fundador de Angular: plataforma de periodismo narrativo especializado en cobertura de crisis, conflictos y acciones humanitarias. Actualmente, trabaja en constante relación con la Agencia Adventista para el Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA). ASN habló con Roth sobre su trabajo con la agencia humanitaria por el Día Mundial de la Fotografía que se celebra hoy 19 de agosto; sobre el impacto de sus fotografías más destacadas, entre otros asuntos.

¿Qué significa para ti hacer fotografía y qué te inspira hacerla?

Hacer fotos me ofrece la oportunidad de encontrarme con otros, me brinda instancias para acercarme a lugares, personas, ideas y problemáticas que desconocía.

Me inspiran referentes clásicos y actuales: colegas comprometidos y lúcidos que intentan ser coherentes en entornos conflictivos. Me inspira el buen periodismo y la lectura. Me inspiran y me tientan las historias relegadas, ignoradas o maltratadas.

Sabemos que trabajas con ADRA Argentina, por lo tanto tu trabajo es humanitario, ¿cuál es tu objetivo al hacer una fotografía?

Actualmente trabajo como freelance, aunque en constante relación con ADRA.

En primera instancia, creo que la fotografía hay que hacerla no sacarla. Una cosa es hacer (que en el arte se relaciona con la construcción y la creatividad) y otra, muy distinta, es sacar (que puede referir al robo). Puede sonar simplista, pero no lo es; ahí radica la base desde la cual me apoyo y que me sirve como objetivo al mismo tiempo: encontrarme con el otro, estar en el lugar y desde allí, cuidar la historia al retratar. Me interesa dignificar.

¿Cuáles han sido los logros que has alcanzado hasta el momento fotografiando proyectos humanitarios de ADRA?

No estoy seguro de definirlo como un logro; entiendo que la imagen tiene potencial movilizador, aunque al mismo tiempo también puede inocular pasividad. La saturación de imágenes a la que nos vemos expuestos es tóxica, no podemos procesar toda la información que nos llega: entonces se busca el estímulo. Y eso me preocupa. Me preocupa porque el entorno tiende cada vez más y más a la vertiginosidad y a la mercantilización.

Susan Sontag escribió que «la compasión es una emoción inestable, necesita traducirse en acciones o se marchita». Sé que alguna foto que hice en respuesta a emergencias y de proyectos de ADRA llegó a personas que se vieron conmovidas y decidieron apoyar causas.

Eso, tal vez, es un logro. No lo sé.

No lo sé, porque tampoco creo que sea suficiente ocuparse de un problema a partir de una emoción. Sí, quizá como un primer paso, pero es indispensable atender las causas que generan desigualdad, o los problemas que nos molestan o preocupan, o las injusticias que nos alteran.

Para eso es imprescindible conocer. Y conocer lleva tiempo.

¿Cuál es la foto que más te ha impactado de tu trabajo y por qué?

Me cuesta hablar de impacto; hemos pervertido tanto la palabra que llegó a disgustarme.

Sí, hay imágenes con las que me siento identificado o con las cuales tengo un vínculo mayor que con otras; aunque esto no es inmutable. Me pasó que, revisando un portfolio, redescubrí matices en una o situaciones en otra que le dieron un valor especial.

  • Hay una foto que hice en Bolivia, tiempo atrás: es un retrato de un «niño topo», niños/jóvenes que viven en las alcantarillas o en acequias, muchos de los cuales sufren alguna situación de adicción. Es una imagen en primer plano, blanco y negro, tensa. Pasé semanas compartiendo charlas y tereré con los chicos, conociendo lo que pensaban, escuchando sus broncas, incluso interponiéndome entre ellos y policías que les pegaban para sacarlos de las zonas de barrios privados “para que no mancharan su paisaje”.

Es una imagen que me lleva a la infancia, a mi barrio. Conté más sobre esto aquí.

  • Hay otra que hice en la comunidad Wichí de La Misión, en el Impenetrable argentino. Es un niño que tenía una puntería extraordinaria con la honda (gomera, le llamamos). Es simbólica, muy simbólica. Me atrae la mirada del pequeño, la fuerza icónica de la honda estirada, apuntando directamente al lente, a escasos centímetros.

Estábamos jugando y ahí descubrí su talento. Siempre me llamó la atención esa capacidad: la precisión.

Representa una lucha que acompaño: la de pueblos (como el de mis ancestros Tehuelches) que fueron asesinados o desplazados forzosamente, y que aún siguen siendo ninguneados.

  • Finalmente, hace poco tiempo tuve la oportunidad de conocer cómo es la vida en un campo de refugio. En Ecuador hay familias que —a más de un año del terremoto— continuaban viviendo en carpas, con la incomodidad/inseguridad/insalubridad que eso implica.

Vea las fotografías.

Jeremi, de 6 años (la edad de mi hijito menor) sufre una enfermedad que aún no diagnostican; su madre se las ingenia para cuidar cuatro hijos; perdieron todo en el desastre. El pequeño podría estar devastado, pero ahí lo ves: probando malabares con una silla que encontró tirada, alegrando una tarde densa de lluvia.

Para mí, su mirada y el arcoiris en un entorno hostil significan Sudamérica.

¿Crees que tus fotografías han causado efecto en la vida de las personas? ¿De qué manera?

La palabra y la imagen tienen efectos, sin dudas. Lo importante es tener claras las intenciones al momento de gestarlas.

No creo en el periodismo redentorista; creo que los periodistas necesitamos preocuparnos más en cuidar las historias y en hacer revalorizar un oficio muy maltratado.

¿Qué consejos darías para una buena fotografía?

Robert Capa decía que «si tu imagen no es lo suficientemente buena es porque probablemente no estás suficientemente cerca». Entiendo que él no solo hablaba de la cercanía efectiva, sino también afectiva: el vínculo.

Sin vínculo, sin encuentro, no hay buen periodismo. Puede haber otra cosa, no lo sé: intercambio de datos quizá, pero buen periodismo y comunicación no.

Hoy, con los avances tecnológicos, es cada vez más sencillo sacar fotos de altísima calidad estética.

Mi vieja tiene sesenta y seis años, y aprendió a usar bien su celular hace poco. Este invierno hizo una foto extraordinaria de la gran nevada que cayó en Bariloche. De lo mejor que vi del hecho. Es más, se lo dije y la imprimió (cosa cada vez más rara, ¿no?: «revelar» fotos).

Esa foto y alguna otra más, ¿la hacen fotógrafa?

Quizá habría que conversar sobre qué es ser fotógrafo, también.

Pero ese no es el punto. Vuelvo: creo que las reglas de composición son indispensables para fotografiar. Hay que conocerlas. Las herramientas tecnológicas nos pueden facilitar la tarea. Pero una buena fotografía se hace desde la conciencia del hecho, la coherencia y la vinculación.

Y si se trata de asuntos humanitarios, es sine qua non que dignifique; que denuncie, retrate y dignifique. [Equipo ASN, Carolyn Azo]