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¿Dónde entró Jesús en su ascensión? ¿Y para qué?

¿A dónde fue Jesucristo exactamente después de su ascensión? Teólogo explica, con la Biblia, la entrada de Cristo en el santuario celestial

Por Isaac Malheiros 3 de octubre de 2020
El tema del santuario celestial y su relación con el ministerio de Cristo después de la ascensión es recurrente en varias partes de la Biblia (Foto: Shutterstock)

El tema del santuario celestial y su relación con el ministerio de Cristo después de la ascensión es recurrente en varias partes de la Biblia (Foto: Shutterstock)

Jesús entró en el Lugar Santísimo en su ascensión para inaugurar el santuario celestial y su ministerio sacerdotal. Esta información puede parecer algo nuevo para algunas personas, sin embargo, está presente en la Biblia (Hebreos 6:20; 9:12) y en los textos de Elena de White. No se trata de una innovación, pues se encuentra también en libros como A more Excellent Ministry [un ministerio más excelente] (1912), de E. E. Andross, y The Sanctuary Service [el servicio del santuario] (1947), de M. L. Andreasen, y en muchos autores contemporáneos.

El razonamiento es simple: así como Moisés inauguró el santuario terrenal al entrar en el Lugar Santísimo como parte del ritual de inauguración (Éxodo 26:33, 34; 40:9; Levítico 8:10-12; Números 7:1, 89; cf. Hebreos 9:21), Jesús hizo lo mismo. Esta entrada fue prevista en Daniel 9:24 (“ungir al Santo de los santos”) en el final de la profecía de las 70 semanas.

Después, Jesús entró en el Lugar Santísimo en 1844 para efectuar la purificación del santuario celestial (el Día de la Expiación, en cumplimiento de Daniel 8:14), dos eventos distintos. Entre esos dos eventos, ministró en el Lugar Santo, exactamente como ocurrió en el tabernáculo terrenal, que era “figura y sombra de las cosas celestiales” (Hebreos 8:5). O sea: el Día de la Expiación no es el único ritual que incluye la entrada en el Lugar Santísimo.

Las inauguraciones del pacto, del santuario y del sacerdocio

En el Antiguo Testamento, el pacto, el santuario y el sacerdocio fueron inaugurados casi al mismo tiempo por Moisés (Éxodo 24 y 40). Y todos esos inicios ocurrieron en un corto periodo cerca de la inauguración, no del Día de la Expiación. Por lo tanto, hubo varias inauguraciones paralelas, y Hebreos se refiere a todas ellas (por ejemplo, el pacto en 9:18-20, y el santuario en 9:21-23) y las aplica a Jesús, quien también inauguró el pacto, el santuario y el sacerdocio.

En Hebreos, Jesús es el “mediador de un nuevo pacto” (9:15), y su sangre es la “sangre del pacto” (10:29; 12:24; 13:20; cf. 9:20). Eso quiere decir que la sangre de Jesús no está restringida al Día de la Expiación, sino que también es parte de las inauguraciones. Los sacrificios de inauguración tienen función expiatoria (Levítico 8:15, 34; Hebreos 9:15-23).

Al describir la entrada de Jesús en el santuario, Hebreos 9:12 habla de “machos cabríos y becerros”, Hebreos 9:12 de animales que fueron usados en la inauguración del santuario (Números 7-8), y Hebreos 9:19 menciona nuevamente estos animales en el contexto de la inauguración del pacto y del santuario.

El uso del verbo inaugurar, en Hebreos 9:18 y 10:20, también muestra que Pablo tiene en mente las inauguraciones del pacto y del santuario. El verbo griego inaugurar y sus derivados son usados para la inauguración del tabernáculo (Números 7:10, 11, 84, 88), del templo de Salomón (2 Crónicas 5:7; 7:9; Salmo 30:1) y del templo después del exilio (Esdras 6:16-17).

Moisés y Jesús

En el desierto, fue Moisés quien inauguró el pacto, el santuario y el sacerdocio. Por lo tanto, no es extraño que Jesús sea comparado con Moisés en la inauguración del santuario celestial. En Hebreos, Moisés es un tipo de Jesús (3:1-6; 9:15-24), pues actuó como rey y como sacerdote, inaugurando el pacto, el santuario y el sacerdocio. En el salmo 99:6, Moisés es colocado “entre sus sacerdotes”, al lado de Aarón.

En el libro de Hebreos, la primera referencia a Jesús como sumo sacerdote (Hebreos 3:1-6) ya establece el paralelo con la figura de Moisés. En Hebreos 9, la obra de Jesús es comparada a la obra de Moisés (pues inaugura el pacto, el santuario y el sacerdocio), ya que Jesús no es un sacerdote del linaje de Aarón, sino de Melquisedec (que era un rey-sacerdote).

La pregunta no es dónde sino para qué

Elena de White describe la entrada de Jesús en el Lugar Santísimo, en la ascensión: “Todavía llevando su humanidad, él ascendió al cielo, triunfante y victorioso. Llevó la sangre de la expiación al Lugar Santísimo, lo roció sobre el propiciatório y sus vestiduras, y bendijo al pueblo” (Signs of the Times [señales de los tiempos], 19/04/1905).

Sobre este asunto, la pregunta no es solo dónde entró Jesús, sino principalmente, para qué lo hizo. ¿Qué evento se está describiendo? Afirmar que hubo entrada en el Lugar Santísimo en la inauguración no afecta en nada el cumplimiento del Día de la Expiación en 1844. Por el contrario, indica que hubo un inicio oficial del ministerio celestial. Fue para eso que Jesús entró en el Lugar Santísimo en la ascensión.


Isaac Malheiros es doctor en Teología y profesor en el Instituto Adventista Paranaense (IAP), en Brasil.

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