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Actualización y contextualización de la Biblia: ¿qué necesitamos entender?

El teólogo Elías Brasil de Souza, quien dirige el Instituto de Investigación Bíblica de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, explica conceptos sobre el estudio de la Biblia.

Por Felipe Lemos 6 de noviembre de 2020

Los cristianos consideran la Biblia como Palabra de Dios, pero existen divergencias en la forma de interpretar los textos. (Foto: Shutterstock).

En el 2020, la American Bible Society, en colaboración con el Barna Group, divulgó su informe anual conocido como State of Bible (o estado de la Biblia). El material muestra tendencias culturales en los Estados Unidos sobre la espiritualidad y el compromiso de las personas con la Biblia. Entre los norteamericanos que fueron escuchados, el 9% dijo que usan diariamente la Biblia. Al mismo tiempo, el 67,8% de los adultos norteamericanos dijeron que tenían curiosidad por conocer la Biblia, lo que señala un posible interés por estudiar más el libro sagrado del cristianismo.

Aunque los datos se refieran a la realidad de personas que viven en los Estados Unidos, es verdad que la Biblia se está transformando cada vez más en un objeto de curiosidad y hasta de controversia, especialmente entre los cristianos. Las formas de leer el libro, interpretarlo y aplicarlo a la vida han cambiado, incluso entre líderes religiosos. Y a veces ha suscitado debates sobre cuál es la manera equilibrada de entender este libro escrito por más de 40 autores en un período de aproximadamente 1.500 años.

La Agencia Adventista Sudamericana de Noticias (ASN) decidió conversar sobre cuestiones como actualización, contextualización y relativización en la lectura y el estudio de la Biblia con el doctor Elías Brasil de Souza. Él es graduado en Teología, concluyó un doctorado en la misma área y hace algunos años dirige el Instituto de Investigación Bíblica (el BRI, sigla en inglés), formado por un colegiado de teólogos de varias partes del mundo, responsable de la producción de materiales y consultoría especializada de la Iglesia Adventista del Séptimo Día a nivel mundial.

Hoy, en el medio teológico en general, se ha establecido una discusión sobre maneras de hacer la interpretación bíblica. Algunos abogan por una forma de leer la Biblia mucho más orientada a la cultura, en el sentido de comprender algunos textos como no necesarios para los cristianos de hoy en términos normativos o instructivos. ¿Cuál es su visión sobre eso de manera general?

Creo que el problema fundamental con algunos intérpretes de la Biblia es el hecho de leer las Escrituras como una analogía de aforismos o proverbios. O sea, se toma la Biblia como una colección de fragmentos en vez de abordarla como un todo que, a pesar de su diversidad, posee una cosmovisión y un mensaje unificado. Por ejemplo, la Biblia comienza con el relato de la Creación, y luego registra la caída del ser humano en el pecado, y continúa con la promesa de la salvación que pasa por la travesía de Israel y culmina en Cristo.

El Nuevo Testamento registra el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento y finalmente concluye con la nueva creación y la consumación escatológica del pueblo de Dios habitando en la Ciudad Santa con Dios y el Cordero. Por lo tanto, hay una línea histórica y temática que recorre la Biblia, lo que la hace un libro coherente e integrado y no una mera colección de libros o fragmentos desconectados. Al mirar hacia la Biblia desde ese ángulo, notaremos que hasta incluso los textos que en un primer momento parecen menos relevantes o innecesarios se vuelven indispensables como parte del todo de la Escritura y expresan principios que permanecen aplicables a la realidad contemporánea.

Contextualización

¿Qué es exactamente la tan mencionada contextualización del texto bíblico? ¿Es una especie de actualización de algunas porciones?

La contextualización del mensaje bíblico ha ocurrido desde la composición del texto bíblico y su uso como Escritura sagrada. Una traducción de la Biblia o una explicación de un pasaje en un sermón o enseñanza es un tipo de contextualización. Cuando leemos la Biblia y aplicamos sus enseñanzas a nuestra vida, ya estamos contextualizando. Pero, me parece que actualmente el término contextualización ha sido usado para designar el proceso de ajustar las demandas éticas y morales de la Biblia a la cultura contemporánea.

Este tipo de contextualización no es aceptable porque implica una imposición de una autoridad externa, en este caso, la cultura, sobre la Biblia. Algunas personas argumentan que la Biblia es un libro antiguo, cuyas normas no se aplican más a la sociedad actual. Este tipo de argumento no es nuevo. Marciano intentó hacer esto en el segundo siglo cuando rechazó el Antiguo Testamento y porciones del Nuevo Testamento con el argumento de que tales textos no armonizaban con el Dios revelado en Jesucristo.

En la mitad del siglo XX, Rudolf Bultman propuso un programa de desmitologización de la Biblia pues, según él, los milagros relatados en la Escritura no condicen con los avances de la ciencia. O sea, no es posible usar luz eléctrica y creer en milagros. Así, Bultman removió el elemento sobrenatural de los milagros relatados en la Biblia y los interpretó de manera existencial. Por lo tanto, estos intentos de ajustar la Biblia a la cultura no son novedad. La novedad está en el hecho de que gran parte de la agenda de los “contextualizadores” de la actualidad está alineada con ciertos estilos de vida promovidos por la sociedad contemporánea.

Como ejemplo, podemos citar el estilo de vida homosexual. Algunos argumentan que por el hecho de que, según ellos, solo hay unos tres pasajes bíblicos que se refieren a la homosexualidad, esto sería una evidencia de que la ética sexual no es tan importante como la Iglesia lo ha entendido a lo largo de la historia. Si ese fuera el caso, argumentan ellos, la Biblia dedicaría mucho más material a ese asunto. Por eso, esa posición es engañosa.

El mayor problema con este punto de vista es la presunción de que las normas éticas de la Biblia se definen en base al número de versículos que supuestamente tratan un determinado asunto. Al hacerlo así, los defensores de esta posición toman a la Biblia como una compilación de versículos e ignoran los principios teológicos y éticos comunicados por la escritura como un todo. En el caso en cuestión, el hecho de que Dios estableció el matrimonio desde el comienzo de la historia humana, constituido por un hombre y una mujer, tiene profundas implicaciones éticas que no pueden reducirse en base al número de versículos que tratan el tema.

Relativización

¿Existen riesgos de una interpretación, digamos, relativizada del texto bíblico? ¿Qué implica eso en términos prácticos en la vida cristiana?

Con seguridad. Cuando las agendas sociales se imponen sobre la Biblia, su autoridad desaparece en el relativismo de la sociedad y de la cultura. La Biblia fue dada por Dios para revelar el plan de salvación y orientar nuestra vida mientras esperamos el regreso de Jesús. Y, al ser la Palabra de Dios, la Biblia tiene autoridad en todo lo que enseña y revela. Así, nuestra misión no es la de adaptar la Biblia al estilo de vida promovido por la sociedad secular, sino hacer que nuestro estilo se ajuste a las normas bíblicas.

En este punto, cabe hacer una observación sobre una cuestión presentada por algunas personas sinceras. La cuestión sería: ¿cómo aplicar, adaptar o contextualizar pasajes de la Biblia, particularmente del Antiguo Testamento, relacionados con el sistema de sacrificios, con las leyes rituales y las guerras del Señor, etc.? En este punto, debemos notar que hay un proceso de contextualización y de interpretación dentro de la propia Biblia. Este hecho ha sido entendido y aplicado ampliamente por los estudiantes de la Biblia a lo largo de la historia. Basta una lectura atenta del Nuevo Testamento para entender que el sistema sacrificial hebreo fue superado y cumplido en Cristo, y que las guerras del Israel teocrático del Antiguo Testamento ya no tienen lugar en la comunidad fundada por Jesús.

Por lo tanto, hay un proceso de actualización e interpretación de ciertos aspectos del texto bíblico dentro de las fronteras de la Biblia misma. No necesitamos importar criterios externos, ya sea de la cultura, la filosofía o la razón humana para determinar la relevancia o aplicación del texto bíblico. Dicho esto, sin embargo, debemos entender que cuando aceptamos la Biblia como la Palabra autoritativa de Dios, los enfrentamientos con la cultura se hacen inevitables. Hay ciertos principios y enseñanzas bíblicas que están en radical oposición a los valores que promueve la sociedad. Cuando esto sucede, hay que elegir a quien servir. Como lo dijo Josué en un momento decisivo de la historia de Israel: “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

Caminos

¿Existe alguna forma ideal de interpretar el texto bíblico, teniendo en cuenta que hay partes escritas en contextos absolutamente diferentes, en una sociedad muy diferente de la que muchos viven hoy? ¿Qué sugiere usted?

En primer lugar, tenemos que leer más la Biblia. Se habla mucho de interpretación de la Biblia, de pasajes difíciles que deben ser contextualizados, etc. Pero, ¿será que estamos leyendo la Biblia como deberíamos para conocer las historias, los Salmos y las narraciones, los Evangelios, etc. y así entender los pasajes específicos a la luz del todo? En segundo lugar, tenemos que aceptar la autoridad de la Biblia como la Palabra de Dios. Sin esta convicción corremos el riesgo de tratar la Biblia como un libro igual a cualquier otro, apreciarla como una obra literaria, pero incapaz de transformar nuestra vida.

En tercer lugar, debemos estudiar la Biblia con una actitud de oración. Hay un dicho según el cual la Biblia es el único libro que podemos leer teniendo siempre la compañía de su autor. El Espíritu que inspiró la Biblia nos fue prometido por Jesús para guiarnos en la comprensión y en la aplicación de la Palabra de Dios. En cuarto lugar, debemos estudiar con humildad, reconociendo que nuestra comprensión a veces puede estar equivocada.

Es necesario someter nuestras opiniones a nuestros hermanos y hermanas que también se dedican al estudio de la Palabra. Dios no concede luz solo a un individuo, sino que guía a la Iglesia como un todo en la comprensión de las Escrituras. Además, Dios puede usar a otros lectores sinceros de la Biblia para corregirnos y ayudarnos a entenderla y aplicarla mejor. En quinto lugar, en la comunión con el autor de la Biblia recibimos el discernimiento necesario para aplicarla a nuestra vida.

Finalmente, la Biblia es la Palabra de Dios transmitida en lenguaje humano, por seres humanos ubicados en un determinado segmento de tiempo y espacio. Como tal, la Biblia comunica el mensaje de Dios en el ropaje de las expresiones humanas. Al estudiarla debemos ser sensibles a estas realidades. Pero siempre con el cuidado de interpretar textos difíciles a la luz de otros más claros, y los pasajes individuales en el contexto más amplio de las enseñanzas de toda la Biblia. Para finalizar, me gustaría mencionar dos pasajes bíblicos para nuestra reflexión:

Hebreos 4:12 “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.

Isaías 40:8 “La hierba se seca, la flor se cae; pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre”.

 

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