Estudio revela que el ejercicio puede retrasar el envejecimiento del cerebro
Investigadores de AdventHealth afirman que el movimiento puede ayudar a mantener el cerebro saludable antes que la memoria sea un problema.

La salud cerebral suele venir a la mente solo cuando algo empieza a ir mal, como lapsos de memoria, dificultad para concentrarse o preocupaciones sobre la enfermedad de Alzheimer en la vejez. Sin embargo, cada vez hay más evidencia que sugiere que el momento más importante para cuidar el cerebro podría ser años antes, cuando todo parece estar bien.
A diferencia de la mayoría de los estudios que se centran en adultos mayores una vez que ha comenzado el deterioro cognitivo, este estudio examinó cómo los hábitos de ejercicio previos a la aparición de síntomas pueden ayudar a proteger la función cognitiva a largo plazo. Apoyar la salud cerebral en esta etapa forma parte del cuidado integral de nuestra salud, reconociendo la conexión entre cuerpo, mente y espíritu.
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Una nueva investigación liderada por Kirk Erickson, director de neurociencia traslacional del Instituto de Investigación AdventHealth, demuestra que el ejercicio aeróbico regular en adultos jóvenes y de mediana edad se asocia con cerebros que aparentan ser notablemente más jóvenes de lo esperado para su edad. ¿Cómo se logra esto? Mediante movimiento moderado y constante que se integra en la vida cotidiana, sin necesidad de entrenamientos extremos ni programas costosos.
Por qué esta investigación es diferente
La mayoría de los estudios que relacionan el ejercicio con la salud cerebral se han centrado en adultos mayores, a menudo cuando el deterioro cognitivo ya ha comenzado. Esta investigación adoptó un enfoque diferente. "Hemos tenido una laguna en la ciencia en lo que respecta a la mediana edad", explica Erickson. "Durante mucho tiempo hubo escepticismo sobre si el ejercicio podría beneficiar al cerebro cuando la función cognitiva ya está cerca de su máximo".
Este estudio puso en tela de juicio esa suposición. Al estudiar a adultos de un amplio rango de edad —no solo a personas mayores—, los investigadores demostraron que el ejercicio no solo ralentiza el deterioro cognitivo en la vejez, sino que también puede ayudar a fortalecer el cerebro desde una edad temprana, cuando aún funciona correctamente. Esto es importante porque los cambios cerebrales relacionados con afecciones como la enfermedad de Alzheimer suelen comenzar años, incluso décadas, antes de que aparezcan los síntomas. "Cuanto antes podamos influir positivamente en la salud cerebral", afirma Erickson, "mejor será nuestra situación a largo plazo".
¿Qué significa realmente “cerebro joven”?
Los investigadores utilizan herramientas de imagen avanzadas para estimar la edad cerebral, una medida de la apariencia estructural del cerebro en comparación con la edad cronológica de la persona. Algunas personas tienen cerebros que aparentan mayor edad de la esperada, lo que suele estar relacionado con factores como la inactividad, el estrés crónico o la falta de sueño. Otras tienen cerebros que aparentan menor edad, lo que se asocia con una mejor salud cerebral en general.
En este estudio, los participantes no solo tenían cerebros de apariencia más joven por casualidad. Formaban parte de una intervención de ejercicio aleatoria, lo que permitió a los investigadores observar directamente cómo el aumento de la actividad física influía en el envejecimiento cerebral con el tiempo. "Eso es lo que hizo que los resultados fueran tan sorprendentes", dijo Erickson. "No solo observamos un patrón, sino que pudimos demostrar que el ejercicio en sí mismo desempeñaba un papel importante".
¿Cuánto ejercicio marca la diferencia?
Los resultados no se vincularon con entrenamientos extremos ni con un nivel de condición física excepcional. Los beneficios se relacionaron con aproximadamente 150 minutos de ejercicio aeróbico de intensidad moderada por semana, en consonancia con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y las Directrices de Actividad Física del Departamento de Salud y Servicios Humanos. Esto puede incluir caminar a paso ligero, trotar o correr, nadar, andar en bicicleta o practicar deportes como tenis, pickleball o baloncesto.
“Una forma sencilla de medir la intensidad del ejercicio es prestar atención a la respiración”, dijo Erickson. “Si te esfuerzas lo suficiente como para no poder cantar una canción cómodamente, probablemente estés en la zona ideal”.
Añadió que, una vez que las personas comprenden cómo medir su esfuerzo, el siguiente paso es simplemente moverse más, ya que incluso los cambios modestos pueden tener un gran impacto. "Y si bien moverse más puede ofrecer beneficios adicionales", dijo Erickson, "las personas que son menos activas al principio suelen experimentar las mayores mejoras cuando empiezan a moverse más".
Por qué el movimiento cambia el cerebro
El cerebro posee una adaptabilidad extraordinaria, una cualidad conocida como plasticidad, y el ejercicio parece favorecerla a través de diversas vías interconectadas. La actividad física regular mejora el flujo sanguíneo, lo que facilita el suministro de oxígeno y nutrientes al cerebro, a la vez que contribuye a la eliminación de desechos. Además, ayuda a regular la inflamación en todo el cuerpo, favorece la comunicación saludable entre las células cerebrales y estimula la liberación de sustancias químicas que intervienen en el crecimiento y la función neuronal.
En conjunto, estos cambios contribuyen a crear un entorno en el que el cerebro pueda mantenerse fuerte a lo largo del tiempo. "Cuando mueves tu cuerpo, no solo fortaleces tus músculos o tu corazón", dijo Erickson. "También le das soporte a tu cerebro a nivel celular".
Cómo encaja la salud cerebral en la vida diaria
Si bien este estudio se centró en la estructura cerebral más que en el funcionamiento diario, la salud cerebral se considera un pilar fundamental de la salud integral. El cerebro influye en cómo pensamos, regulamos nuestras emociones, tomamos decisiones y afrontamos las exigencias de la vida cotidiana.
“Cuando hablamos de salud cerebral, no nos referimos únicamente a enfermedades”, afirmó Erickson. “Hablamos de los sistemas del cuerpo que permiten a las personas funcionar, conectar con los demás y desenvolverse en su vida diaria”.
No es demasiado tarde, ni demasiado pronto
Una de las conclusiones más importantes de esta investigación es que el cerebro sigue siendo capaz de cambiar. Incluso pequeños aumentos en la actividad física pueden contribuir a la salud cerebral a largo plazo, independientemente del punto de partida de cada persona. "Mucha gente piensa que el daño ya está hecho", dijo Erickson. "Pero el cerebro sigue siendo receptivo. Podemos realizar cambios positivos en casi cualquier etapa de la vida".
La versión original de esta noticia se publicó en el sitio web de AdventHealth.