El costo real de servir al prójimo
El pastor Eber Nunes habla sobre lo que diferencia el servicio genuino del gesto que solo aparece en las redes.

Agosto es tradicionalmente el mes en que la Iglesia Adventista del Séptimo Día dedica una atención especial a Acción Solidaria Adventista (ASA), departamento responsable por transformar el impulso de ayudar al prójimo en proyectos organizados dentro de cada iglesia local. Es un período de movilización, recolección y voluntariado, pero también de reflexión: ¿qué sostiene una acción solidaria a lo largo del tiempo, más allá del entusiasmo de un momento o de una campaña puntual?
Esta es la pregunta que recorre la siguiente entrevista. En tiempos en los que compartir una campaña o indicar que nos gusta una publicación puede generar la sensación de que ya hemos cumplido parte de nuestro deber, Acción Solidaria Adventista defiende un camino más exigente: el de la dedicación continua, que cuesta tiempo, recursos y renuncia, y que se propone no solo atender una necesidad inmediata, sino también caminar junto a quien sufre.
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Para hablar sobre este tema, la Agencia Adventista Sudamericana de Noticias (ASN) conversó con el pastor Eber Nunes, director de ASA para ocho países sudamericanos.
¿Cómo definiría usted la diferencia entre la solidaridad sincera y la "solidaridad de vitrina", que se conforma con compartir una publicación o volver a publicar una campaña en las redes sociales?
El trabajo de ayudar a los necesitados se destaca mucho en la Biblia. Suelo definir algunos grupos de personas que la Biblia enfatiza como el "cuarteto de la vulnerabilidad": los huérfanos, las viudas, los extranjeros y los pobres. El Antiguo Testamento habla mucho de estos grupos.
Si observamos la historia de Acción Solidaria Adventista, aún sin ese nombre, pero como ayuda sistemática, este departamento de la Iglesia comenzó en 1874, en Michigan, Estados Unidos, con la Sociedad de Beneficencia Dorcas, nombre vinculado a un personaje bíblico conocido por su dedicación a ayudar a los necesitados. Con la historia de Dorcas aprendemos que antes de las buenas nuevas, vienen las buenas obras. El púlpito de Dorcas era una aguja. Es impresionante pensar en esto. Hechos 9:36-42 lo deja muy claro: se la llama discípula, la primera mujer que recibe esa designación en la Biblia.
Este nombre antiguo ya no se usa en Sudamérica; desde 2010 adoptamos Acción Solidaria Adventista. Es un departamento al que cariñosamente llamamos ASA por sus acrónimos.
Solidaridad que transforma
Según la experiencia de ASA, ¿cuáles son las señales más claras de que una acción social nació de una dedicación real y no solo del deseo de parecer comprometido?
La gran palabra de ASA no es asistencialismo, aunque entendemos que antes de las buenas nuevas vienen las buenas obras, sino desarrollo. Tenemos un ministerio organizado en la iglesia local, donde diagnosticamos las necesidades de la comunidad y proponemos una atención continua, no solo en fechas especiales.
Nuestra idea es que cada iglesia conozca las necesidades de su comunidad y ayude durante todo el año, como iglesia. ASA es una bendición para todos, porque a veces pensamos que la acción solidaria existe solo para que el necesitado reciba y el más favorecido done, pero todos participan: quien tiene más oportunidades ayuda y quien más necesita recibe.
Nuestra consigna es el desarrollo: queremos que cada iglesia sea una plataforma para que las personas pasen de la necesidad a la oportunidad de ayudar a otras personas. Si alguien está atravesando una necesidad ahora, la iglesia atiende lo que necesita en este momento, pero también le ofrece la oportunidad de desarrollarse y, en el futuro, ayudar a otros. Es una acción local, con la participación de todos, destinada a capacitar, cuidar, atender y transformar la situación de las personas.
El precio de servir
En la práctica, ¿cuál es el costo de servir de verdad? ¿Podría usted describir los esfuerzos con respecto al tiempo, los recursos y la renuncia personal que hay detrás de algún proyecto de ASA que ejemplifique esto?
Excelente pregunta. Quizá la pregunta que siempre debe resonar ante una acción como esta sea: ¿lo que se hizo le costó algo a quien sirvió? Yo diría que, si solo costó tiempo, el papel no se cumplió por completo, porque el tiempo tiene su lugar, pero una acción solidaria implica tiempo, recursos, renuncia y amor.
Normalmente, las personas ven una caja de alimentos básicos entregada, pero detrás de ella alguien realizó una actividad para recaudar fondos, alguien recogió los alimentos, alguien armó la caja, alguien invitó a las personas y alguien cargó el peso de la caja para otra persona. Allí están involucrados el tiempo, el dinero, la divulgación y la renuncia.
Pero entendemos que la implicación emocional es lo más especial en esos momentos. A veces, las personas no necesitan comida ni ropa. Tal vez, la gran necesidad actual esté en la atención, el cariño y la mirada. La mirada puede cambiar la manera en que una persona recibe un alimento. Por lo tanto, el costo más elevado no es el tiempo ni el dinero: es un interés genuino por la persona, por su dignidad y por la situación que está viviendo.
Más allá de las pantallas
¿Por qué, incluso en una iglesia que valora el servicio al prójimo, aún existe la tentación de sustituir la acción concreta por el gesto simbólico en las redes sociales?
Al observar el contexto del mundo en que vivimos hoy, nuestro gran desafío es pasar del asistencialismo a la transformación, la restauración y el desarrollo. La acción solidaria no puede ser un fin en sí misma. Cada caja de alimentos debe dar lugar a un estudio bíblico. Si nos preocupamos únicamente por lo social, nos convertiremos en una ONG, y ese no es nuestro objetivo. No queremos preparar a las personas para vivir eternamente en esta tierra; queremos cuidarlas para que vivan en esta tierra, pero también para que vivan una eternidad en el cielo.
Por eso, cada acción solidaria debe dar lugar a una acción misionera. ASA necesita ser cada vez más solidaria y cada vez más misionera. Ya aprendimos que toda religión falsa les enseña a sus adeptos a descuidar las necesidades y el sufrimiento de los demás. Nosotros no: queremos más solidaridad y más predicación del evangelio.
He dicho que las manos que donan amor nunca se quedan vacías y que siempre queda un poco de perfume en las manos de quienes reparten rosas. También hemos aprendido que el dolor compartido es un dolor reducido a la mitad y que la alegría compartida es una alegría duplicada. No es suficiente entregar la caja de alimentos. ASA debe enseñarle a la persona a obtener la canasta básica mediante su trabajo.
Del discurso a la acción
¿Qué consejo le daría usted a un miembro o a una iglesia que quiere pasar del discurso al servicio concreto, pero no sabe por dónde comenzar?
La palabra "vitrina" me hace pensar en una exhibición. Cuando pensamos en solidaridad, la gran pregunta es: ¿cómo puedo ayudar?, y no: ¿cómo puedo aparecer? No veo ningún problema en compartir lo que se hace, y a veces lo compartimos para atraer a más personas que ayuden, no para aparecer.
He dicho que algunos dones brillan en el escenario y otros brillan detrás del escenario. Cuando pensamos en solidaridad, nuestra preocupación está detrás del escenario, no en el escenario. La diferencia entre la solidaridad sincera y la solidaridad de vitrina es que una termina cuando se apagan las cámaras, mientras que la otra continúa en todo momento.
La gran preocupación de la solidaridad sincera es: ¿cómo puedo ayudarlo? La preocupación de la solidaridad de vitrina es: ¿cómo puedo aparecer? Este no es nuestro énfasis, pero eso no significa que promover una acción solidaria sea algo malo. La preocupación central sigue siendo ayudar, no aparecer.
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