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¿Cómo respondió Jesús ante el bullying?

El ejemplo de Jesús enseña cómo responder al acoso con amor, perdón y valentía, y cómo defender a quienes lo sufren.


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Jesús bullying
El ejemplo de Jesús muestra que es posible enfrentar el maltrato sin responder con violencia, sino con amor, compasión y perdón. (Foto: Pexel)

Vemos el bullying (acoso o maltrato en traducción libre) por todas partes en nuestra sociedad: en la escuela, en el trabajo, en los grupos sociales, en Internet, y, lamentablemente, incluso en nuestras iglesias. En algún momento, alguien ha sufrido bullying o ha presenciado cómo acosaban a otra persona sin saber cómo responder; o decidió resolver la situación por su cuenta y las cosas no terminaron bien. En definitiva, hacer bullying o sufrir bullying no es agradable, y nadie merece sufrirlo.

Con frecuencia me pregunto cómo enfrentar esta situación, cómo defenderme y defender a los demás. Pero el punto principal en el que realmente deseo concentrarme al tratar este problema es en cómo lo haría Cristo. ¿Qué haría Jesús?

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En Juan 19:1-4 encontramos una historia bíblica en la que el propio Jesús fue maltratado por los soldados romanos antes de su muerte. Los soldados "trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y lo vistieron con un manto de color púrpura". Mientras hacían esto, se burlaban de él diciendo: "¡Viva el rey de los judíos!". Y lo golpeaban en la cara.

Leer esto me hace sentir horrorizado por lo que los soldados le hicieron. Pienso: ¿ Los soldados saben con quién se están metiendo? Pero algo que realmente me conmovió fue que Jesús nunca reaccionó con violencia ante todas las cosas terribles que le estaban haciendo.

¿Significa esto que, cuando sufrimos bullying, simplemente debemos dejar que las cosas sucedan y no hacer nada?

Cuando tú eres quien sufre bullying

Primera de Pedro 2:22 y 23 explica claramente cómo respondió Jesús ante lo que le estaba sucediendo:

"Él no cometió ningún pecado, ni hubo engaño en su boca. Cuando proferían insultos contra él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregaba a aquel que juzga con justicia".

Jesús no cometió pecado ni hubo mentira o engaño en su boca. Aunque los soldados romanos lo insultaron, él no respondió con insultos. Incluso cuando sufrió en manos de ellos, nunca los amenazó. En cambio, se entregó a Dios, quien juzga con justicia.

Con frecuencia me pregunto cómo enfrentar esta situación, cómo defenderme y defender a los demás.

Durante toda esa situación, Jesús tenía poder para hacer caer un rayo y acabar con aquellos soldados, o hacer algo parecido, pero no lo hizo. En cambio, se entregó a Dios y, en la cruz, cargó con los pecados de esos mismos soldados. Vino a morir por ellos porque estaban perdidos en el pecado y no sabían distinguir entre el bien y el mal; estaban ciegos ante sus propios pecados. Vino por ellos para que también pudieran participar de su justicia y recibir el regalo gratuito de la salvación y la vida eterna.

¿Cómo podemos aplicar esta historia cuando enfrentamos una situación de bullying?

Lo primero que debemos recordar es que todos somos hijos de Dios: desde el Jardín del Edén, pasando por los romanos, hasta nuestros días. Todos hemos pecado y estamos privados de la gloria de Dios, pero podemos agradecerle por Jesús, quien murió por nuestros pecados para que pudiéramos reconciliarnos con Dios.

Lo segundo es considerar cómo reaccionamos ante el bullying y qué palabras salen de nuestra boca. Un versículo importante para estas situaciones es Proverbios 10:12: "El odio es motivo de disensiones, pero el amor cubre todas las faltas". Cuando Jesús fue maltratado, el amor fue el factor principal y su prioridad al reaccionar ante sus agresores y hablar con ellos. Si hubiera respondido con odio, habría provocado toda clase de caos: peleas acaloradas y constantes, además de odio entre las personas. Sin embargo, Jesús nunca nos llamó a comportarnos así. Por el contrario, nos dijo: "Ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros" (Juan 13:34).

En tercer lugar, debemos perdonar y orar por quienes nos hacen bullying. Pensemos en Esteban, en Hechos 7:54-60, mientras era apedreado. Se arrodilló y clamó a Dios: "¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado!" (v. 60). Debemos orar por quienes nos hacen bullying porque ellos mismos están perdidos en el pecado y, muchas veces, no comprenden que lo que hacen está mal ni cuánto daño causan.

En Mateo 5:44, Jesús dice: "Oren por quienes los persiguen".

También podemos perdonar a quienes nos hacen bullying. Efesios 4:32 enseña que debemos perdonarnos unos a otros, así como Dios nos perdonó en Cristo.

Lo entiendo: hacer estas cosas puede ser difícil porque quizá nos sintamos abrumados y ansiosos. Tal vez, no sepamos qué decir cuando necesitemos enfrentar a quienes nos maltratan. Pero debemos recordar que Dios está de nuestro lado. Filipenses 4:13 dice: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece". Dios puede fortalecernos en nuestra debilidad porque "para Dios todo es posible" (Mateo 19:26). En Cristo somos "más que vencedores por medio de aquel que nos amó" (Romanos 8:37).

Cuando otra persona sufre bullying

Otro ejemplo de cómo Jesús enfrentó el bullying ocurrió cuando dejó de ser un simple espectador y decidió intervenir para ayudar a otra persona. En Juan 8:1-11 vemos que Jesús defendió a una mujer sorprendida en adulterio. Jesús estaba en el templo, donde "todo el pueblo se le acercó, y él se sentó a enseñarles" (v. 2).

Debemos orar por quienes nos hacen bullying porque ellos mismos están perdidos en el pecado y, con frecuencia, no comprenden que lo que hacen está mal.

Mientras enseñaba, Jesús fue interrumpido por los maestros de la ley y los fariseos, quienes llevaron ante él a una mujer sorprendida en adulterio.

“—Maestro —le dijeron—, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio. En la ley, Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres" (vv. 4 y 5).

¿Cuál fue la respuesta de Jesús? Se inclinó y comenzó a escribir con el dedo en el suelo. Luego se incorporó y les dijo:

"—Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra" (v. 7).

Después de decir esto, volvió a inclinarse y continuó escribiendo en el suelo. Al escuchar sus palabras, los maestros de la ley y los fariseos comenzaron a retirarse, desde los mayores hasta los más jóvenes, dejando solos a Jesús y a la mujer.

“Jesús se incorporó nuevamente y le preguntó:

—Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena?

—Nadie, Señor —respondió ella.

Entonces Jesús le dijo:

—Tampoco yo te condeno. Ahora vete y no vuelvas a pecar” (v. 10, 11).

¿Qué podemos aprender de esta historia acerca de ser espectadores o personas que deciden intervenir para ayudar a los demás?

En primer lugar, podemos decidir no participar del bullying y ser quienes lo detengan. Cuando los maestros de la Ley y los fariseos llevaron a la mujer ante Jesús, él respondió sin decir nada. Se inclinó y comenzó a escribir en el suelo, como si no los hubiera oído.

En segundo lugar, podemos permanecer al lado de la persona que está sufriendo bullying, sin dejarla sola para que enfrente la situación. Incluso después de que los maestros de la ley y los fariseos se retiraron, Jesús permaneció junto a la mujer. En ningún momento la abandonó para protegerse a sí mismo. Permaneció con ella todo el tiempo, revelándole su amor y compasión.

En tercer lugar, no podemos juzgar a una persona por su pasado. Debemos ser quienes le muestren el amor de Jesús. Vemos que Jesús le dijo a la mujer: "Tampoco yo te condeno. Ahora vete y no vuelvas a pecar" (v. 11). Cristo conocía su pasado, pero la trató con bondad. La amó y le reveló su gracia y su perdón.

Cuando decidimos no ser simples espectadores, sino intervenir en favor de los demás y de nosotros mismos, somos luces para Cristo y reflejamos su carácter. Aunque vivimos en una sociedad en la que el bullying constituye un grave problema, sigamos el ejemplo de Jesús y enfrentémoslo de una manera centrada en el amor de Dios, demostrando cómo desea él que vivamos en armonía unos con otros.

Recordemos siempre las palabras de Josué 1:9: "Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas".


Los editores de Adventist Review (Revista Adventista en su versión en inglés) invitaron a niños de 7 a 9 años, preadolescentes de 10 a 12 y adolescentes de 13 a 16 años de diferentes partes del mundo a escribir para la revista. Este artículo es uno de los textos producidos como parte de la iniciativa.

Brightness: es estudiante y vive en el territorio de la Asociación del Norte de Nueva Gales del Sur (NNSW), sede administrativa de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Australia. La autora es menor de edad, por lo que se ha omitido su apellido para proteger su privacidad.