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Wilson Borba

Wilson Borba

Sola Escritura

Las doctrinas bíblicas explicadas de manera simpe y práctica para la vida cristiana

La identificación de la iglesia remanente de la profecía bíblica – Parte II

Tener la Biblia como fuente suprema es lo que diferencia a la iglesia remanente de todas las demás iglesias y religiones. (Foto: Shutterstock)

En el artículo anterior, vimos que la iglesia remanente es profética y visible, sobreviviente e historicista, surgió después de 1798 como resultado de estudios integrados de Daniel y Apocalipsis, y guarda los mandamientos de Dios. Demostramos que ninguna de las denominaciones fundadas antes de 1798 podría ser la iglesia remanente pues, según la profecía, el remanente del tiempo del fin aparecería después de 1798, luego del largo periodo de las persecuciones papales. Recordamos que varias denominaciones surgieron después de 1798, pero, decisivamente, no pueden ser la iglesia remanente, pues no tienen las marcas bíblicas del remanente.

Los que insisten en decir que el remanente escatológico es invisible deben comprender que: “Nunca hubo un remanente invisible, pues a lo largo de la historia, el remanente es conocido por las marcas de identificación de su época. No hay remanente invisible escatológico porque las marcas de identificación del remanente escatológico separan a quienes aceptan las marcas de identificación de los que todavía no lo aceptaron”[i]. Sin embargo, probablemente, la marca más crucial de la iglesia remanente es la fuente exclusivamente bíblica de sus doctrinas. Es lo que fundamentalmente la diferencia de todas las demás iglesias y religiones.

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“La iglesia remanente tiene sus raíces en el Antiguo y Nuevo Testamentos, y tiene un sistema teológico doctrinario integrado, con base en los principios de Sola y Tota Scriptura”. Apocalipsis 12:1 presenta a la iglesia verdadera bajo el símbolo de una mujer radiante y visible con una corona de doce estrellas en la cabeza (Isaías 60:1, 2; Mateo 5:14-16). Doce es el número del pueblo de Dios en el Antiguo y Nuevo Testamentos (Éxodo 28:21, 29; Marcos 3:13, 14; Apocalipsis 21:12, 14). “Como en el Antiguo Testamento los doce patriarcas eran los representantes de Israel, así los doce apóstoles son los representantes de la iglesia evangélica”[ii].

Entonces, “la corona con doce estrellas significa las doce tribus de Israel y los doce apóstoles, indicando la continuidad entre el pueblo de Dios del Antiguo Testamento y la iglesia cristiana”[iii]. Por lo tanto, la mujer en Apocalipsis 12 “representa a la iglesia tanto del Antiguo Testamento como la del Nuevo Testamento”[iv]. Evidencia de eso es que la mujer dio a luz a un Hijo “que regirá con vara de hierro a todas las naciones” (versículo 5). El Mesías fue anunciado primero en las Escrituras del Antiguo Testamento (Juan 5:39; Lucas 24:25, 27), conforme lo menciona el Nuevo Testamento (Mateo 1:22; 2:6, 15; Juan 19:24, 36; Hechos 2:25-28). Así, la iglesia remanente está en la continuidad de la iglesia del Antiguo Testamento, y de la iglesia apostólica del Nuevo Testamento, cuyas enseñanzas y prácticas fueron fundamentadas solamente en las Sagradas Escrituras, y en su totalidad (Isaías 8:20; Mateo 4:4, 7, 10; 5:18; Lucas 24:27; 2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:19-21; 3:15, 16).

Suficiencia bíblica

La Iglesia Adventista del Séptimo Día tiene un sistema teológico doctrinario integrado, basado coherentemente en los principios Sola y Tota Scriptura[v]. Sola Scriptura es un gran principio bíblico fundamental de que solamente las Sagradas Escrituras son la norma suprema de la verdad. El texto clásico es Isaías 8:20: “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido”. A la ley y al testimonio de los profetas. “Las dos palabras torah (ley) y teudah (testimonio) señalan a dos loci de la autoridad en los días de Isaías”[vi].

Jesús reconoció esta división de las Escrituras hebreas (Mateo 5:17). Evidentemente, “El Nuevo Testamento añade la revelación autorizada transmitida por Jesús y sus testigos apostólicos (ver Efesios 2:20; 3:5)”[vii]. El gran principio de Sola Scriptura incluye la Primacía de la Escritura.

La Biblia está por encima de cualquier otra fuente de conocimiento que amenaza con usurpar su autoridad definitiva[viii]. Por ejemplo, la tradición religiosa (Mateo 15:3, 6), la filosofía humana (Colosenses 2:8), y la ciencia humana (1 Timoteo 6:20). Sola Scriptura también implica la Suficiencia de la Escritura “como única guía infalible de la verdad” (Isaías 8:19, 20; Salmo 119:105; Juan 5:39; 17:17; 2 Timoteo 3:15-17; Hebreos 4:12; 2 Pedro 1:19, 20; Apocalipsis 22:18, 19). “Toda otra fuente de conocimiento debe ser probada por esta norma infalible”[ix].

Ahora, el segundo gran principio en el cual la iglesia remanente está afirmada es el de Tota Scriptura. No es suficiente afirmar el Sola Scriptura, su primacía y suficiencia, sino que también es necesario aceptar la totalidad de la Escritura como inspirada por Dios, pues la Biblia no contiene la Palabra de Dios. Es la Palabra de Dios (Lucas 24:27; 2 Timoteo 3:16, 17).

Los adventistas del séptimo día descubrieron en la Biblia un “completo sistema de fe y una correcta orientación práctica”[x]. En este completo sistema de verdades están agrupadas las doctrinas como “la perpetuidad de la ley de Dios y del sábado, el ministerio celestial de Cristo en dos fases, la segunda venida personal y visible de Cristo, la inmortalidad condicional del alma y la manifestación moderna del don profético en la persona y escritos de Elena G. White”[xi].

Por su coherencia con los grandes principios de Sola y Tota Scriptura, la iglesia remanente rechaza los proyectos teológicos católicos romanos y protestantes, los cuales tuvieron influencia de la tradición de los padres de la iglesia, marcados por la filosofía griega. “Agustín bautizó en el cristianismo la intuición de Parménides sobre la naturaleza de la realidad, la cosmología de Platón y la comprensión de Aristóteles sobre Dios”[xii]. Como resultado, “gradualmente, el Dios atemporal de Parménides (c. 540-470 a.C.), Platón (c. 427-c. 347 a.C.), Aristóteles (384-322 a.C.), y Plutarco (c. 45-125) sustituyó al Dios de las Escrituras en la teología cristiana”[xiii].

Tradiciones equivocadas

Entre otras, las siguientes enseñanzas deben ser rechazadas, pues no son bíblicas, sino solamente tradiciones eclesiásticas: inmortalidad del alma, tormento eterno, purgatorio, bautismo de niños, santificación del domingo, veneración de imágenes, mediación de María y de todos los santos, indulgencias, confesión auricular, papado, infalibilidad papal, sacerdocio jerárquico, transubstanciación, el celibato sacerdotal. Como fue mencionado, la iglesia remanente también rechaza el proyecto teológico protestante, pues, a pesar de profesar fidelidad al principio de Sola Scriptura, los protestantes no producen teología solamente de la matriz bíblica, pues, “en la práctica, continúan produciendo sus teologías a partir de la matriz de las fuentes múltiples”[xiv].

Por ejemplo: la adopción agustiniana pagana del concepto de un Dios fuera del templo por parte de los protestantes tiene resultado en la aceptación de conceptos no bíblicos como la inmortalidad del alma, la predestinación, el antinomianismo y, una vez salvo, siempre salvo. No hay ahora espacio para hablar de la creencia en el evolucionismo y del método histórico-crítico del iluminismo racionalista en ámbitos católicos romanos y protestantes. Sin embargo, debemos recordar que: “Diferentes fuentes para la reflexión teológica han llevado a diferentes corrientes teológicas, con el resultado natural de dividir el cristianismo en varias prácticas, iglesias o denominaciones contradictorias”[xv].

Característica distintiva

La iglesia remanente tiene el testimonio de Jesús. “Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis 12:17). Los siguientes textos explican el significado de la expresión “testimonio de Jesucristo”. “Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: ‘Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía’” (Apocalipsis 19:10). “Pero él me dijo: ‘Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios’” (Apocalipsis 22:9).

Estos dos textos son semejantes, y las expresiones “testimonio de Jesucristo” y “espíritu de profecía” están en paralelo con “profetas”. “Estas expresiones paralelas dejan en claro que son los profetas quienes poseen el “testimonio de Jesús””.[xvi] A propósito, “En vista de que “el resto” del cap. 12:17 se refiere específicamente a las iglesia después de terminar los 1260 días proféticos de los versos 6 y 14, es decir, después de 1798, el cap. 12:17 queda como una clara predicción de la manifestación especial del  “espíritu” o “don” de profecía en la iglesia de nuestros días”[xvii].

Para Stefanovic, “Apocalilpsis 12:17 declara claramente que el remanente de Dios en el tiempo del fin se caracteriza por la posesión especial del testimonio de Jesús dado por medio de quienes fueron llamados por Dios para ser sus profetas”[xviii]. Los profetas fueron portavoces de Dios a su pueblo, y a otras naciones (Isaías 1:1; 10:5; 13:1; Jeremías 1:5). De hecho, “[…]no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).

Ellos guiaron con seguridad al pueblo en tiempos de crisis, promoviendo la unidad, y la confianza en el liderazgo divino. “Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados” (2 Crónicas 20:20). Ellos se desempeñaron como reformadores del pueblo, y restauradores de las instituciones divinas (1 Reyes 18:20-40; Isaías 58:13, 14; Mateo 3:1-10). Si en el pasado Dios dio este don para guardar a su pueblo, ¿por qué no lo concedería en el peligroso tiempo del fin, precedente a la segunda venida de Cristo? (Mateo 24:5, 10-12; Marcos 13:22; Lucas 18:8; 2 Timoteo 3:1-5). Infiérase por la profecía de Apocalipsis 12 que el Señor también dio este don a su iglesia remanente, a fin de protegerla de las trampas de Satanás en el conflicto final (Apocalipsis 12:17).

Por lo tanto, el don profético concedido, el testimonio de Jesús, “abarca una característica distintiva de la iglesia remanente”[xix]. El don de profecía prometido fue inconfundiblemente manifestado en la Iglesia Adventista del Séptimo Día, en el largo y prolífico ministerio de Elena G. White.[xx] Sin embargo, es crucialmente importante aclarar que sus escritos, aunque inspirados por Dios, no tienen el mismo nivel de autoridad que la Biblia, pues, conforme a la creencia fundamental número uno de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, “Las Sagradas Escrituras son la revelación suprema, autoritativa e infalible de la voluntad divina. Son la norma de carácter, el criterio para evaluar la experiencia, la revelación definitiva de las doctrinas y un registro fidedigno de los actos de Dios en el curso de la historia (Salmo 119:105; Proverbios 30:5, 6; Isaías 8:20; Juan 17:17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Timoteo 3:16, 17; Hebreos 4:12; 2 Pedro 1:20, 21)”[xxi].

A propósito, el don profético pos bíblico manifestado en el tiempo del fin, tiene una función semejante al don profético de Natán, Gad, Asaf, Semaías, Azarías, Eliezer, Ahías, Obed, María, Débora, Hulda, Simeón, Juan el Bautista, Agabo, Silas, Ana y las cuatro hijas de Felipe que sus escritos no fueron registrados en las Escrituras[xxii]. “El mismo Dios que habló a través de los profetas cuyos escritos están en la Biblia inspiró a esos profetas y profetisas. Sus mensajes no contradijeron la revelación divina previamente registrada”[xxiii]. Los escritos de Elena G. White no fueron dados como adición o sustitución a las Escrituras, sino para llevar a los negligentes de nuevo a la Biblia.

“Poco caso se hace de la Biblia, y el Señor ha dado una luz menor para guiar a los hombres y las mujeres a la luz mayor. ¡Oh, cuánto bien podría haberse realizado si los libros que contienen esta luz hubiesen sido leídos con una determinación de practicar los principios que contienen! Habría una vigilancia, una abnegación y un esfuerzo resuelto mil veces mayores”[xxiv]. Sí, está escrito: “mil veces mayores”. Nunca vi a alguien perderse por leer El Deseado de todas las gentes[xxv]. Apelo a usted, amigo, a que lea la Biblia y los libros del espíritu de profecía. Y, por favor, ore por el tercer artículo de esta serie.


Referencias

[i] Norman R. Gulley, Systematic Theology: The Church and the Last Things (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 2016), p. 473.

[ii] Elena G. White. Los hechos de los apóstoles, p. 16.

[iii] Ranko Stefanovic, Revelation of Jesus Christ, 2ª ed., (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 2009),  p. 388. A seguir: Stefanovic.

[iv] Francis D. Nichol, ed. Comentario bíblico adventista del séptimo día, 1ª ed. (Florida (Buenos Aires): Asociación Casa Editora Sudamericana, 1996), v. 7, p. 822.

[v] Para un estudio más detenido ver: Fernando Canale, Princípios elementares da teologia cristã: a Bíblia substituindo a tradição, 1ª ed. (Engenheiro Coelho, SP: Unaspress, 2018). A continuación: Canale. Ver también: Raúl Kerbs, El problema de la identidad bíblica del cristianismo: las presuposiciones filosóficas de la teología cristiana desde los pressocráticos al protestantismo (Libertador San Martin, Argentina: Universidad Adventista del Plata), 2014).

[vi] Raoul Dederen, ed. Tratado de teologia adventista do sétimo dia, 1ª ed. (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileña, 2011), p. 70.

[vii] Ibid., p. 71.

[viii] Ibid.

[ix] Ibid.

[x] Elena G. White. Mente, carácter y personalidad, t. 2, p. 815.

[xi] Alberto R. Timm, O santuário e as três mensagens angélicas, 5ª ed. (Engenheiro Coelho, SP: Unaspress, 2009), p. 1.

[xii] Canale, p. 62.

[xiii] Norman R. Gulley, Sistematic Theology: God as Trinity (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 2011), p. 179, 180.

[xiv] Canale, p. 27.

[xv] Ibid., p. 22.

[xvi] Creencias de los adventistas del séptimo día (Florida (Buenos Aires): Asociación Casa Editora Sudamericana, 2018), p. 308.

[xvii] Francis D. Nichol, ed. Comentario bíblico adventista del séptimo día, 1ª ed. (Florida (Buenos Aires): Asociación Casa Editora Sudamericana, 1996), v. 7, p. 889.

[xviii] Stefanovic, p. 560, 561.

[xix] Creencias de los adventistas del séptimo día, p. 309.

[xx] Para estudiar a Elena G. White, y su ministerio profético, ver: Alberto R. Timm e Dwain N. Esmond, Quando Deus fala, 1ª ed. (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 2017), p. 291-489; Arthur L. White, Ellen G. White, 1ª ed. (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 2016).

[xxi] Creencias de los adventistas del séptimo día, p. 13.

[xxii] Ibid., p. 310.

[xxiii] Ibid., p. 310, 311.

[xxiv] Elena G. White. El colportor evangélico, p. 129.

[xxv] _______, O Desejado de Todas as Nações, 22ª ed. (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 2013).

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