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Wilson Borba

Wilson Borba

Sola Escritura

Las doctrinas bíblicas explicadas de manera simpe y práctica para la vida cristiana

Comprenda la parábola del rico y Lázaro

La parábola ha generado muchos tipos de interpretación, pero es necesario analizar el contexto detrás de lo que Jesús contó (Foto: biblia.com.br).

Algunos usan la parábola del rico y el mendigo (Lucas 16:19-31) para divulgar el pernicioso engaño pagano de la inmortalidad del alma y del sufrimiento eterno. Aparentemente, ignoran el contexto filosófico de la cultura greco-romana a la que pertenecían los judíos del primer siglo. Las creencias como el dualismo,[i]la inmortalidad del alma, la separación entre el cuerpo y el alma en ocasión de la muerte,[ii]y el sufrimiento eterno del alma, eran parte de la cosmovisión[iii]popular desde el judaísmo rabínico posexilio, bajo la influencia persa y griega.[iv]

A propósito, “los pragmáticos romanos pueden haber construido buenos caminos, puentes fuertes y bellos edificios, pero los griegos erigieron los grandiosos edificios del pensamiento”.[v]Sócrates y Platón enseñaban, cinco siglos antes de Cristo, que este mundo temporal de los sentidos es solo una sombra del mundo real.[vi]Para Platón, “el alma humana es simple, indivisible, inmortal e indestructible. El alma procede de otro mundo, es de otro mundo, y retorna a otro mundo”.[vii]Según el filósofo, el cuerpo es “la cárcel del alma”,[viii]y “aquellos que no viven una vida virtuosa, sino que cometieron crímenes irremediables son enviados al Tártaro, el equivalente del infierno, de donde ya no salen”.[ix]

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Estas enseñanzas paganas dificultaban la creencia en la doctrina bíblica de la resurrección. En el Aerópago griego, los atenienses escucharon a Pablo hasta que él mencionó la resurrección (Hechos 17:32). De hecho, los gentiles corintios y tesalonicenses tampoco concebían la idea de la resurrección, y hasta los propios judíos saduceos no creían en esa verdad (1 Corintios 15:20-58; 1 Tesalonicenses 4:15-18; Mateo 22:23-33; Hechos 23:8). La lectura del clásico de Oscar Cullmann (1902-1999) puede ayudar a comprender la incompatibilidad entre la inmortalidad del alma y la resurrección, y el excelente artículo de Aecio Cairus puede informar al respecto del creciente número de eruditos bíblicos y teólogos, que reconocen la enseñanza de la inmortalidad del alma como doctrina pagana.[x]En la referida parábola, en medio de las llamas un ‘alma humana’ no solo permanecía indestructible, sino que conseguía acceso, y dialogó con el también fallecido Abraham. La parábola retrata la creencia pagana del alma inmortal y su sufrimiento eterno popularizada en Israel, pero esto no implica que Cristo confirmó tal aberración. ¿Por qué Jesús profirió esta parábola? Es lo que veremos a continuación.

Puntos para comprender la parábola

  1. Jesús encontraba al pueblo en su propio ambiente, para transportarlo de sus creencias y supersticiones a la pura verdad bíblica enseñada en la Ley y en los Profetas. En la interpretación del texto, debemos comenzar por el mencionado marco histórico y cultural de los oyentes de Jesús, pues, “En la parábola Cristo estaba haciendo frente al público en su propio terreno”.[xi]Lamentablemente, así como actualmente, masas populares de Israel mientras que profesaban fe en Dios, no fundamentaban sus creencias exclusivamente en las Sagradas Escrituras, sino también en las movedizas arenas del terreno de las filosofías humanas. Así, Jesús usó un contexto supersticioso y especulativo del pueblo como puente, a fin de confrontar su error con la verdad bíblica, y encaminarlos a la Ley y a los Profetas. ¿Evaluó cuánto pierde el ser humano al aceptar supersticiones y enseñanzas de los hombres mientras profesa creer en Dios?
  2. No existe una segunda oportunidad de salvación después de la muerte. En esta narrativa popular, el rico injusto difunto es retratado en diálogo pidiendo misericordia a otro difunto, Abraham, el padre de la nación judía. “Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama” (Lucas 16:24). Dos preguntas a los que insisten en afirmar que tal creencia es una enseñanza bíblica: ¿El ‘alma’ tiene nombre, lengua, siente sed? ¿Pueden las ‘almas’ del infierno comunicarse con las ‘almas’ del cielo? Por medio de esta historia, Jesús expone a sus oyentes a la “completa falta de esperanza en esperar una segunda oportunidad de salvación después de la muerte”.[xii]Por lo menos por dos motivos. “Cristo desea que sus oyentes comprendan que es imposible que el hombre obtenga la salvación del alma después de la muerte”.[xiii]

Primero, porque realmente no existe alma inmortal (Eclesiastés 3:19-22; 9:5-6, 10). ¿Cómo podría el ‘alma’ del rico malo e injusto vivir después de la muerte mientras que las Escrituras expresan claramente: “el alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:4)? Ningún ser humano es inmortal. Solamente Dios tiene en sí mismo la inmortalidad (1 Timoteo 6:16). La dificultad para que muchos comprendiesen este asunto no está en la Biblia, pues esta es bastante clara con respecto a este tema.

Todo problema es el resultado de asumir una falsa cosmovisión basada en presupuestos griegos neoplatónicos. Según las Escrituras, no tenemos un alma, sino que, de manera indivisible, somos un alma viviente (Génesis 2:7). Algunos piensan que Dios sopló una entidad o “alma” en el hombre, pero fue la vida, שָׁמָה, šamah.

Otra palabra hebrea traducida como aliento de vida es וּחַ rûach (Génesis 6:17; 7:15, 22; Números 16:22; 27:16).

Mientras que en Génesis 2:7, Dios puso vida en el hombre, en Eclesiastés 12:7, saca el ruach, es decir, la vida. La mejor traducción de נֶפֶשׁ חַיָּה nefeshḥayah, en Génesis 2:7, es ser viviente. La Biblia no enseña el dualismo entre cuerpo y alma, pues “no hay distinción entre el cuerpo y el alma, y sí de modo más realista entre el cuerpo y la vida”.[xiv]En segundo lugar, Jesús enseñó por medio de la parábola, que el tiempo de oportunidad es aquí y ahora, antes de la muerte (2 Corintios 6:2; Hebreos 9:27-28).

  1. El objetivo de Jesús en esta parábola era llevar a sus oyentes a hacer de la Ley y los Profetas la suprema regla de fe y práctica para sus vidas. Este es el principio Sola Scriptura. Si lo hicieran, serían salvos de la perdición, y estarían protegidos contra las novelas platónicas ficcionales. Note que, en los capítulos 15 y 16 de Lucas, el Salvador es presentado en busca de los perdidos, es el tema del arrepentimiento lo que une estos dos capítulos (Lucas 15:7, 10, 17-19; 16:30). Así como hoy, el Señor apunta a las Sagradas Escrituras como la única guía divina autorizada para la salvación de los seres humanos vivos. “Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos” (Lucas 16:29). “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (v. 31). Al contar la parábola, Jesús retrata la situación de sus oyentes, personas supersticiosas y paganizadas, que sin reflexión sustituían la enseñanza bíblica de la resurrección por la doctrina griega de la inmortalidad del alma. Esto también ocurre en el cristianismo de la actualidad, “que fracasa por no preguntar si la creencia se fundamenta en el Nuevo Testamento o en el pensamiento griego pagano”.[xv]

¿Ha sido humilde, al punto de tomar la Biblia como la suprema regla de fe y práctica en su vida, superior a todas las filosofías y enseñanzas de los hombres?

  1. La interpretación de textos honesta exige un examen íntegro de la totalidad de las Escrituras. Aquí se unen dos principios de la hermenéutica bíblica, Tota Scripturay Analogia Scriptura(2 Timoteo 3:16; 1 Corintios 2:13; Hechos 17:11). Jesús no dice: ‘Lean solo a Moisés’, o ‘escuchen solo a los profetas’. Él ordenó que sus oyentes examinaran la totalidad de la Ley y los Profetas. Este era su principio. “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:27). De la misma forma, hoy él recomendaría el estudio de la Biblia completa (2 Timoteo 3:16; 1 Corintios 2:13; Hechos 17:11). Cristo enseñó la total inconsciencia del individuo en la muerte hasta la resurrección (Juan 5:28, 29; 11:11-14). Su enseñanza procedía, y estaba en completo acuerdo con las demás Escrituras (Job 19:25-27; Salmos 146:3-4; Eclesiastés 9:5-6, 10; Daniel 12:2, 13; Isaías 25:8; Romanos 6:23; 1 Corintios 15:51-54; 1 Tesalonicenses 4:13-17), pues Jesús era bíblico.

La cuestión del fuego eterno

A propósito, el término hebreo olam, traducido por eternoen Isaías 33:14, y perpetuoen Sofonías 2:9 básicamente no significa eternidad sin fin, sino que puede ser “cubrir el tiempo de vida de una determinada persona”.[xvi]Es el contexto el que determina el sentido de este término hebreo. La misma regla para olam en el Antiguo Testamento se aplica al término aion, en el Nuevo Testamento, cuando es traducido como fuego eterno en Mateo 25:41, y por los siglos de los siglos en Apocalipsis 14:11 y 20:10. No es una eternidad sin fin.[xvii]La mayoría de las veces, se refiere a un tiempo limitado.

Las Escrituras enseñan que el juicio de los impíos será con fuego eterno (Mateo 25:41), pero no con sufrimiento eterno. “Como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno” (Judas 7). ¿Todavía están quemándose? ¡Claro que no! El fuego fue de calidad eterna, pero no en cantidad eterna, pues ningún ser humano es eterno.

  1. Cualquier enseñanza que desfigurara el carácter de Dios es falsa. Dios hizo que la justicia y la misericordia se besaran (Salmos 85:10; 116:5). Pero, ¿qué justicia y misericordia habría en quemar eternamente a individuos por causa de sus pecados de una breve existencia? Lo que espera a los impíos es la muerte eterna o segunda muerte, y no el sufrimiento eterno(Apocalipsis 20:14). El castigo de los impíos es justo, porque Dios es justo, y ellos “son dignos de eso” (Apocalipsis 14:5-6). Pero la exclusión y destrucción de ellos, aunque sea una “extraña obra” (Isaías 28:21), porque Dios es amor (1 Juan 4:8), será también un acto de misericordia, pues la compañía de Dios, y de los santos justos sería un eterno suplicio para los impíos. La destrucción de los impíos será tan completa que ellos serán “como si no hubieran sido” (Abdías 16).

El día del Señor “abrasará” a los malos, de modo que no les dejará “ni raíz ni rama” pues “serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies” (Malaquías 4:1-3). El propio Satanás será consumido por el fuego, reducido a cenizas, y jamás subsistirá (Ezequiel 28:18-19). A propósito, fue Satanás quien ilusoriamente le afirmó a Eva: “No moriréis” (Génesis 3:4), pero el Señor Dios declaró: “polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:19). La idea de que el ser humano de alguna forma vive después de la muerte, queabrió el camino para la falacia del sufrimiento eterno,aún es el eco de la voz de la serpiente en los oídos de los hijos de Eva. Que solamente Dios por la totalidad de su Palabra moldee nuestras creencias, pues ahora es el tiempo de la salvación (2 Corintios 6:2; Hebreos 3:7-8).

[i]“En la metafísica griega, el dualismo es la creencia de que hay dos principios coeternos en conflicto uno con el otro, tales como la materia y la forma (o espíritu) como enseñaba el platonismo”. Norman Geisler, Enciclopedia apologética (São Paulo: Editora Vida, 2001), 291. A seguir: Geisler.

[ii]Raúl Kerbs, El problema de la identidad bíblica del cristianismo (Buenos Aires: Editorial Universidad Adventista del Plata, 2014),113. A seguir: Kerbs.

[iii]Cosmovisión es el “modo por el cual la persona ve la realidad”. “La cosmovisión influencia mucho la manera en la que la persona va a Dios, a los orígenes, al mal, a la naturaleza humana, a los valores y al destino”. Geisler, 188.

[iv]Colin Brown, ed., Dicionário internacional de teologia do Novo Testamento (São Paulo: Sociedade Religiosa Edições Vida Nova, 1989), vol. II E-J, 432.

[v]Earle E. Cairns, O cristianismo através dos séculos, 3ª ed. (São Paulo: Sociedade Religiosa Edições Vida Nova, 2015), 34.

[vi]Ibídem, 35.

[vii]Kerbs, 113. Ver también: Elena G. White, O grande conflito, 43ª ed. (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 2013), 531-562; https://noticias. adventistas.org/pt/coluna/wilson-borba/consolemo-nos-uns-aos-outros-com-estas-palavras/.

[viii]Kerbs, 112.

[ix]Ibídem.

[x]Oscar Cullmann, Imortalidade da alma ou ressurreição dos mortos, 1ª ed. (Artur Nogueira, SP: Centro de Estudos Evangélicos, 2002), 1. Ver también Elena G. White, O grande conflito, 43ª ed. (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 2013), 531-562; Aecio E. Cairus, “Hombre”, en Tratado de teologia adventista del séptimo día, editado por Raoul Dederen, 1ª ed. (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009), 256-257.

[xi]Elena de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 206.

[xii]Ibídem.

[xiii]Ibíd.

[xiv]Gerhard von Rad, El libro del génesis, 2ª ed. (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1982),92.

[xv]H. Bietenhard, Dicionário internacional de teologia do Novo Testamento, ed. por Colin Brown, 433.

[xvi]Warren Baker, The Complete Word Study Dictionary: Old Testament (Chattanooga, TN: AMG Publishers, 2003), 813.

[xvii]Ranko Stefanovic, Revelation of Jesus Christ, 2ª ed. (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 2009), 580.

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