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Wellington Barbosa

Wellington Barbosa

Diálogo de líder

Conceptos de liderazgo desde una perspectiva cristiana.

El poder de las relaciones

La forma de relacionarse dice mucho sobre las cualidades de los líderes (Foto: Shutterstock)

Entre los buenos libros sobre liderazgo lanzados en los últimos tiempos, se encuentra uno titulado Humble Leadership(Berrett-Koehler, 2018), de Edgar y Peter Schein. Los autores, especialistas reconocidos en el área de la cultura organizacional, destacan la importancia de desarrollar relaciones significativas entre los colaboradores. En ese sentido, ellos presentan cuatro niveles relacionales posibles.

Nivel -1: Dominio total y coerción impersonal.

Nivel 1: Función transaccional y supervisión basada en reglas, servicio y formas de relaciones de ayuda “profesionales”.

Nivel 2: Cooperación personal, relaciones confiables y equipos eficientes.

Nivel 3: Total intimidad emocional y compromisos mutuos.

Así, de acuerdo con la obra, ante un mundo cada vez más volátil, incierto, complejo y ambiguo, la tarea de los líderes actuales debe ser desarrollar organizaciones que experimenten relaciones de nivel 2, que estimulen la sinergia, promuevan la transparencia y generen confianza mutua.

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Liderazgo integrador

Bien evaluado por la crítica, lo que llama la atención del libro es que los conceptos centrales se encuentran en la vida de Jesús, que supera absolutamente cualquier nivel relacional humano y lanza sobre los que están en el liderazgo cristiano el desafío de inspirar a las personas a partir de una atmósfera acogedora, participativa, didáctica y emocionalmente saludable. Algunas situaciones narradas en los evangelios ayudan a visualizar la manera como Cristo puso en práctica esos principios.

Comencemos pensando en la elección de los apóstoles (Mateo 10:2-4). Imaginemos a Pedro, el pescador, liderando a Judas Iscariote, un hombre culto. Consideremos a Mateo, el publicano, viajando al lado de Simón el zelote. ¿Qué líder lograría juntar en su equipo a personas tan diferentes y hacerlas trabajar en conjunto sin promover un clima relacional acogedor?

Ustedes también pueden reflexionar sobre la forma como Jesús integró a los discípulos en la tarea de proclamar las buenas nuevas del reino. Tanto en el envío de los doce (Lucas 9:1-6) como en el envío de los setenta (Lucas 10:1-12), Cristo dio orientaciones y les otorgó poder y autoridad para actuar en su nombre.

Al estimular la participación efectiva de sus seguidores, Jesús dio oportunidad para que ellos crecieran integralmente y adquiriesen experiencia para multiplicar la red de discípulos alrededor del mundo después de su partida.

Ejemplos que hablan

Además, Cristo mantenía un ambiente de aprendizaje continuo, en el cual enseñaba por medio de su ejemplo (Lucas 11:1-4) y sus exposiciones (Mateo 5-7; Marcos 1:21, 22). Extraía enseñanzas de situaciones cotidianas y promovía el diálogo entre los discípulos a fin de operar en ellos la transformación que necesitaban. Cada momento a su lado era una oportunidad de reflexionar sobre la vida y los intereses del reino de los Cielos.

Finalmente, Jesús resaltó principios fundamentales para desarrollar relaciones emocionalmente saludables. Enseñó a los discípulos el valor de actitudes como altruismo (Marcos 10:45), tolerancia (Mateo 5:9), perdón (Mateo 18:21, 22), humildad (Lucas 9:48) y amor (Juan 15:9-17). Una enseñanza tal no ocurrió solo por medio de sus palabras, sino que fue eternizada en el Calvario, cuando entregó la vida para promover salvación a todos los que crean en él (Juan 3:16).

A la luz de esos ejemplos del Maestro, ¿qué tipo de relación estamos desarrollando con las personas que están a nuestro alrededor? ¿Cómo perciben nuestra influencia los que conviven con nosotros? Por desgracia, muchas personas en posición de liderazgo pierden la oportunidad de hacer la diferencia con sus virtudes porque no logran asociarse con los que están en su círculo social, eclesiástico o profesional.

Recordemos que todo conocimiento o habilidad destituido de la capacidad de relacionarse bien con las personas termina perdiendo su eficacia. Por eso, jamás subestime el poder de las relaciones.

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