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Rodrigo Silva

Rodrigo Silva

Evidencia de Dios

Una búsqueda de la verdad en las páginas de la historia

“Vosotros sois la luz del mundo”

Lámpara utilizada en tiempos bíblicos [Foto: Shutterstock]

Para quien vive en el siglo XXI y cuenta con la comodidad de tener acceso a la energía eléctrica es difícil imaginar una noche de los días de Cristo. Nuestros ojos, acostumbrados a la claridad artificial de las diferentes lámparas de LED, fluorescentes, incandescentes o de halógeno, encontrarían el mundo en el que vivió nuestro Salvador tremendamente oscuro. Por otro lado, nos sorprenderíamos con la cantidad enorme de estrellas, hoy invisibles por la claridad excesiva, y que ni imaginamos que existieran. Nuestro sueño con seguridad sería mejor, pues la melatonina (sustancia esencial para el sueño) no sería interrumpida por los celulares, tabletas o pantallas del computador que acompañan a muchos a la cama en la hora de dormir.

Sea como fuera, el objetivo de este ensayo no es comparar cuál de los dos períodos es mejor, el de antaño o el de hoy. Hay pros y contras en ambos tiempos. Solo después del regreso de Jesús tendremos un universo perfecto en un contexto igualmente perfecto. Sin embargo, el estudio de los modos de vida del pasado arroja considerable luz al texto bíblico que hoy poseemos. Y por hablar de luz, ¿qué tal conocer una novedad sobre las lámparas de la época de Cristo?

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Excavaciones llevadas a cabo en 2015 en la ciudad de Shikin, una de las villas judías cercanas a Nazaret, revelaron restos de una pequeña fábrica de lamparitas de arcilla. Fue encontrada en las cercanías de la antigua sinagoga local y data del primer siglo d.C. El edificio, en realidad, es posterior a los días de Cristo y probablemente haya surgido como resultado del éxodo de judíos de Judea a Galilea por la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70 d.C.

A pesar de ser una edificación construida cerca de 30 años después de la ascensión de Cristo al cielo, el local ayuda a explicar las ilustraciones dadas por el Maestro acerca de la luz. Allí se encontraron lámparas bien elaboradas y otras de una confección más rudimentaria, teniendo como materia prima la arcilla de mala calidad. Eso indicaría, según la opinión de los arqueólogos, que allí hubo una escuela de fabricación de objetos de arcilla, y esos más rudimentarios serían obra de aprendices.

Gracias a ese hallazgo se constató, a diferencia de lo que se creía anteriormente, que las lamparitas de arcilla eran confeccionadas en Galilea y no solo importadas de Judea. Muchas de ellas pasaron por las manos de personas que convivieron con los que conocieron a Jesús personalmente.

La diferencia necesaria

Las lámparas, o lamparitas, tenían singular importancia en aquellos días, ya que las noches eran tremendamente oscuras. Sin esos pequeños artefactos alimentados a base de aceite de oliva, hasta el simple hecho de andar en casa durante la noche sería una tarea muy arriesgada. Por eso, era muy importante tener y mantener lamparitas a mano, hecho que nos recuerda bien la parábola de las diez vírgenes, en la que cinco de ellas no se proveyeron de suficiente aceite para alimentar sus lamparitas, y por eso perdieron la oportunidad de participar de las bodas al lado del novio (Mateo 25:1-13).

Aunque fuera un artículo de primera necesidad, y por eso accesible a todos, eso no significa que las lamparitas fueran necesariamente baratas. En Pompeya (destruida por el Vesubio en el año 79 d.C.) una unidad era vendida por un [gr. assárion] cuarto, dinero equivalente al 10% del valor ganado durante un día entero de trabajo en el campo. Jesús habló de un cuarto al mencionar que con ese valor se podría comprar dos pajaritos (Mateo 10:29). Por lo tanto, no era algo carísimo, pero tampoco se trataba de un valor pequeño para los que pertenecían a las clases menos favorecidas de la sociedad.

Con esto en mente, se amplía la comprensión sobre lo que dijo Jesús en Mateo 5:14 y 15, cuando clasificó a los discípulos como la luz del mundo. La siguiente comparación con la ciudad edificada sobre un monte y la lamparita que se pone en el candelero e ilumina a todos los que están en la casa se vuelve muy interesante. Nuestro papel en este mundo debe ser de relevancia. Relevancia tal como la de las lamparitas de aquellos días para un mundo que está en tinieblas. No podemos comercializar la Palabra de Dios, haciéndola demasiado cara; pero, así como las lámparas, no podemos ignorar que el mensaje tiene un precio que debe pagarse.

Los comentaristas creen que al hablar de la ciudad edificada sobre el monte, Jesús probablemente se refería a Safed, que existe hasta hoy y llegó a ser una de las consideradas sagradas por el judaísmo. Ella queda en las colinas adyacentes de Galilea, a cerca de 800 metros sobre el nivel del mar, y hasta hoy es bien visible para quien está en localidades más bajas o en la ribera del Mar de Galilea. En los tiempos de Cristo, probablemente era una fortaleza y sus luces encendidas allá en lo alto podían ser vistas por todos los que estuvieran en partes más bajas, causando admiración y sirviendo perfectamente de ilustración al ejemplo dado por él.

Exactamente así debemos ser como cristianos en este mundo de tinieblas. Debemos ser luz y portarnos como luces, como personas que no están aquí para brillar para gloria propia, sino con la intención de iluminar a las personas que también necesitan encontrar el camino correcto en medio de la esclavitud del pecado.

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