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Rafael Rossi

Rafael Rossi

Al día, de acuerdo a nuestro tiempo

Hechos diarios desde un punto vista teológico

De pastor para pastor

Foto: Shutterstock

Amigo, colega de ministerio, esas palabras que estoy escribiéndole es mi homenaje a todos los que un día escucharon el llamado del Señor y decidieron cambiar completamente sus caminos para dedicarse y desgastarse integralmente para que el evangelio del reino alcance toda nación, tribu, lengua y pueblo.

Ser pastor no es fácil, porque específicamente tenemos que lidiar con dramas humanos y ser un pilar de sustento para los que sufren. Pero hay, aún, un momento más difícil que todos los pastores enfrentan. Cuando el sufrimiento alcanza el corazón del propio pastor. Pastor, sabemos que definitivamente el cielo no es aquí.

En esta reflexión sobre el Día del Pastor Adventista, quiero hablar de corazón a corazón, orando para que cada pastor tenga una vida llena de esperanza y pleno significado en lo que significa el ministerio pastoral con sus alegrías y luchas.

Pablo fue una de las mayores expresiones del cristianismo de todos los tiempos. Vivió una vida superlativa. Hombre de ayuno y oración. Predicador no común, teólogo incomparable, plantador de iglesia sin paralelos. Vivió cerca del trono, pero, al mismo tiempo fue azotado y degollado. Cayó como mártir en la Tierra, pero cuando vuelva Jesús será levantado como un príncipe para el cielo.

Fue apedreado en Listra; azotado  y preso en Filipos; llamado de charlatán en Atenas y de impostor en Corinto; duramente atacado en Efeso; preso en Jerusalén; acusado en Cesarea; víctima de naufragio en un viaje a Roma; mordido por una serpiente en Malta; preso y degollado en la capital del imperio. Él dijo a la iglesia de Galacia: “Yo traigo en el cuerpo las marcas de Jesús”.

Del ejemplo de Pablo entendemos, aún que con lágrimas en los ojos, que es solamente la gracia de Dios que nos capacita para enfrentar victoriosamente los sufrimientos de la vida pastoral. Llevamos en nuestro cuerpo las marcas del ministerio.

Recuerde que las personas que caminaron más cerca de Dios fueron también aquellas que más sufrieron. No hay pastorado sin lucha. No hay ministerio sin dolor. La carrera es sublime, la vocación es santa, pero las batallas son crueles.

Hay pastores que están con la alma enferma, con las emociones confusas, con los nervios a flor de piel por causas enormes y presiones enfrentadas. Es la gracia de Dios que nos capacita a vivir victoriosamente a pesar de las adversidades, es la gracia que no nos deja olvidar que por detrás de la tormenta, el sol aún continúa brillando.

De las muchas luchas que Pablo tuvo, una fue su sufrimiento con el dolor de la soledad (2 Timoteo 4:9,11,21). La soledad es una de las realidades más dolorosas de la vida pastoral. El pastor es un ser solitario. Él cuida de muchos y, muchas veces, no es cuidado por nadie. El pastor necesita de amigos que tengan tiempo, preparación, sensibilidad para ayudarlo con sus necesidades. El día del pastor nos ayuda a recordar esa necesidad.

Pablo lidió también con esas despedidas. Él escribió: “El tiempo de mi partida está llegando” (2 Timoteo 4:6). Después concluye: “Combatí el buen combate. Completé la carrera…” (2 Timoteo 4:7).

Pablo siempre fue cuidado por Dios. El Señor nos libra. El Señor no nos libra del valle, pero camina con nosotros en el valle. Dios no nos libra del horno pero nos libra en el horno. Dios no nos libra de la cueva de los leones, pero nos libra en la cueva de los leones.

En los altos y bajos de la vida ministerial, hay momentos que consolamos y en otros momentos somos consolados. Hace 10 años mi suegro servía a la Iglesia Adventista del Séptimo Día como pastor por 30 años, murió después de luchar por algunos meses contra un cáncer de hígado. Él tenía solo 51 años y el funeral fue un momento muy triste y chocante para mi familia. En el sermón fúnebre en la iglesia del IACS, el pastor Erton Kohler resumió el sentimiento de todos al decir: “Nuestras oraciones no llegaron al hígado de Milton, pero alcanzaron su corazón”.

Colega pastor, Dios no nos libra de las pruebas, pero nos da poder y fuerzas para cumplir nuestro ministerio sea en las pruebas. Si Dios nos libra de la muerte, Él nos librará en la muerte.

A la hora del balance final, Pablo expresa no un gesto de frustración, sino un tributo de gloria a su Salvador. El privilegio de servir.

Un pastor fue a visitar a uno de sus más antiguos líderes que estaba en el hospital en estado terminal. Le preguntó: “¿usted está preparado para morir?” Él respondió: “No, yo estoy preparado para vivir. Estoy preparado para ver a Jesús cuando regrese.

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