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Josanan Barros

Josanan Barros

Primero Dios

Historias y pruebas de fidelidad a Dios en todos los momentos y circunstancias de la vida

Cuando Dios no responde

Es necesario reflexionar sobre lo que puede significar, para nuestro crecimiento espiritual, no recibir respuesta de Dios de la forma en que esperamos. Foto: Shutterstock

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios, necesita creer que existe, y que recompensa a quien lo busca” (Hebreos 11:6).

“¿Por qué Dios no responde?” es una pregunta tan antigua como el principio del mal. Cuando surgió el pecado, este nos separó de la presencia de Dios y, en consecuencia, de las respuestas directas de Dios. Desde Abel que murió probablemente preguntando “¿Por qué Señor?” o Moisés que pidió entrar en la tierra prometida y el pedido le fue negado. David pasó una semana orando por su hijo recién nacido que finalmente murió. San Agustín pedía en oración, cuando era niño, que los profesores no le pegaran, pero continuaba sufriendo en la escuela.

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Personas que sufrieron porque no recibieron respuestas. Hechos como esos alimentan el escepticismo a lo largo de los años. Francis Galton fue un escéptico inglés, primo de Charles Darwin, que escribió una obra y analizó científicamente la oración. Él propuso que la oración, en diversos aspectos, no surte ningún efecto, y que orar y no orar da lo mismo. Porque Dios, si existe, no se preocupa por responder. Yo creo en la oración, pero tengo que reconocer el desafío de luchar con situaciones como las antes descritas.

Motivos para creer en la oración

Si Dios dijera que la oración es como una caja de sugerencias, en la que presentamos nuestras peticiones, y él las analiza con cuidado, sería más lógico. Muchas circunstancias de la vida, sin embargo, parecen reforzar más las frustraciones por las veces que usted oró y no obtuvo respuestas. También tenemos que admitir que Dios muchas veces realmente no responde, pero tenemos la opción de elegir algo mejor que el escepticismo. Este artículo no es una respuesta al tema “¿Por qué Dios no responde?”. Es la presentación de los motivos que me llevaron a elegir el camino de creer y no el del escepticismo.

Me gustaría presentar cinco argumentos que sostienen mi creencia:

A pesar de que en la ausencia de respuestas me surgieron dudas, las respuestas que recibo me hacen creer en un Dios que actúa a mi favor.

Si no tener respuestas trae dudas, las respuestas deben conducirme a la seguridad de que él me escucha. El mundo actúa así: cuando todo sale mal, es porque Dios no escucha, no existe o no se preocupa, pero cuando suceden cosas buenas fue la casualidad que me protegió o simplemente las circunstancias de la vida.

Jorge Muller, un cristiano del siglo XVII, tenía como principio de vida ver la providencia y la acción de Dios en cada aspecto de la vida y la costumbre de escribir las respuestas que recibía de Dios. Al final de la vida, él reunió en un libro 50 mil respuestas de Dios a sus oraciones a lo largo de la vida. La pregunta que debemos hacer es: ¿Por qué las evidencias no nos acercan a Dios en la misma proporción que las dudas nos apartan de él?

El enemigo coloca la duda y asegura que Dios no nos escucha y no se preocupa por nosotros. Y así, nos lleva a quedarnos con esa duda. Dios, por otro lado, afirma que no necesitamos temer, pues él está con nosotros todos los días. Decidí creer en las evidencias y cuestionar las dudas.

Decidí creer que Dios tiene propósitos muchas veces desconocidos por detrás del silencio o de la respuesta negativa.

Sabemos por qué Dios  no respondió la oración de Jesús en Getsemaní. Tenía el propósito mayor de salvarnos. Sabemos responder por qué Dios  no atendió el pedido de Marta y María de curar a Lázaro. Dios tenía el propósito mayor de resucitarlo.

¿Por qué no usar ese mismo argumento cuando Dios no responde?

No entendemos todos los propósitos por detrás de las respuestas de Dios, pero bíblicamente uno de sus propósitos es llevarnos a una confianza más madura.

Podemos preguntar: ¿Cómo recibir una respuesta negativa o no recibir ninguna respuesta puede llevarnos a tener más confianza?

Permítanme contar una ilustración. Imaginen que tienen un comercio y necesitan pagar una deuda de diez mil dólares. No tienen un centavo, y de repente, un cliente que nunca vieron en la vida entra en la tienda y compra exactamente lo equivalente a ese monto de dinero. Al final de la compra, él dice: voy a llevar la mercadería, pero solo puedo pagar con un cheque. Sienten miedo y desconfían del cheque, pero entregan la mercadería. Al recibir el cheque corren al banco a fin de cambiarlo y descubren que tiene fondos. Quince días después, el mismo cliente vuelve, compra por diez mil dólares y nuevamente paga con cheque. Otra vez sienten miedo, pero no es el mismo miedo de la primera vez. Van al banco y nuevamente el cheque tiene fondos.

Cada quince días, él vuelve y siempre paga con cheque y siempre el cheque tiene fondos. Después de un buen tiempo y muchas compras siempre correctas, el hombre ya es un amigo, y un día compra diez mil dólares más. Entonces, se da cuenta de que no trajo el cheque, y dice: “hoy no puedo llevar la mercadería, olvidé el cheque”. Probablemente le diríamos: “puede llevarla, de aquí a quince días, me trae el cheque”.

¿Qué sucedió?

Las respuestas de fidelidad del cliente nos hicieron confiar en él incluso sin la garantía del cheque.

En la vida espiritual, sucede lo mismo. Las respuestas de Dios a lo largo de la vida son como cheques de fidelidad y cuidado en él. Pero él quiere llevarnos a un tipo de relación y confianza que nos haga decir: “El Señor ya demostró que es fiel conmigo y aun sin respuestas (aun sin un cheque) continúo confiando en él”.

La idea es que no dudemos en la oscuridad lo que Dios nos mostró en la luz.

Bíblicamente las personas que más confiaron no fueron las que vieron abrirse el mar, una nube de fuego de noche y una lluvia de alimento. Los que más confiaron fueron los echados en un horno, los que llevaron a su hijo al altar del sacrificio o perdieron todo lo que tenían en un conflicto entre el bien y el mal.

Si yo supiera que Dios responde mis oraciones siempre y cuando quiero, dejaría de orar.

No tendría confianza al saber que mi frágil sabiduría humana sería el criterio para las respuestas de Dios.

Cuando la Biblia afirma que todo lo que pedimos se hará, debemos recordar que es todo lo que esté en conformidad con los propósitos y las promesas de Dios.

En el libro El camino a Cristo, la escritora Elena de White afirma que “Somos tan cortos de vista y propensos a errar, que algunas veces pedimos cosas que no serían una bendición para nosotros, y nuestro Padre celestial contesta con amor nuestras oraciones dándonos aquello que es para nuestro más alto bien, aquello que nosotros mismos desearíamos si, alumbrados de celestial saber, pudiéramos ver todas las cosas como realmente son” (p. 96).

Debemos confiar que como Dios es completamente bueno, sabe dar buenas dádivas y, como es completamente sabio, sabe qué dones son buenos y cuáles no.

Decidí que mi énfasis en la vida cristiana no sería esperar respuestas, sino disfrutar de la compañía de Dios.

Las  respuestas no son la única evidencia de la presencia de Dios conmigo. Mi relación con Dios se basa, no en las respuestas, sino en la compañía. Cuando Abraham salió de la tierra de Ur de los caldeos, preguntó a dónde iría y Dios no le respondió, aun así Abraham salió de su tierra y de la casa de su padre (Génesis 12). Él no sabía hacia dónde iba, pero sabía con quién iba y eso le fue suficiente. Dios le había dado la promesa de que lo bendeciría en la travesía y él se apegó, no a una respuesta, sino a la promesa. Cuando oro, voy a la presencia de un amigo y no de un político o un Papá Noel cósmico.

Creo que a pesar de que a veces Dios no nos responde, él nos ama.

La fe no es una jerga cristiana, una doctrina o una afirmación. La fe es una relación con alguien digno de confianza. La fe es confianza, y nosotros solo somos capaces de confiar en alguien que conocemos. Él continúa amándonos. ¿Cuáles son nuestras dudas y lágrimas, preguntas y cuestionamientos? Escuchemos a Dios que nos dice hoy: “Vengan y razonemos juntos, a vamos a conversar, pregunten, duden, pero no se aparten de mí”. Las dudas sinceras de Job fueron mejores que las seguridades fingidas de sus amigos. No desistan y permanezcan firmes hasta el día en que él responderá todas las dudas y enjugará todas las lágrimas.

 

 

 

 

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