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Heron Santana

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Los desafíos de criar hijos en la era digital

Nuevas generaciones viven en una perspectiva muy diferente y un tipo de relación con la tecnología que exige reflexión de padres y educadores. Foto: Shutterstock

La sociología llama Generación Z a los que nacieron en este milenio durante la primera década del año 2000. Es una generación que no logra entender una vida sin acceso a Internet. Aun en un país como Brasil, todavía marcado por la exclusión digital en buena parte de su territorio, los niños y adolescentes forman un grupo generacional de mayor alcance en las estadísticas sobre sociedad conectada.

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La naturalidad con que esa generaicón despierta para los dispositivos digitales llama la atención. Esa habilidad será fundamental para el desarrollo en el mercado de trabajo, cada vez más pautado por la destreza digital y por avances como la inteligencia artificial, y nuevas tecnologías de automatización. Pero, por otro lado, esto causa preocupación por aspectos como el vicio comportamental motivado por la dependencia y uso abusivo de las pantallas.

Dependientes de la tecnología digital

En la actualidad vemos que las máquinas sustituyen a las personas en trabajos antes exclusivamente humanos. Pero también vemos que la vida es cada vez más “robotizada”. La automatización que usa datos humanos para proporcionar mejores servicios es la misma que puede transformar a seres humanos en una especie de robots, guiados por las pantallas y sus infinitas aplicaciones.

Eso se refleja en la vida de niños y adolescentes. Una investigación divulgada el año pasado en periódicos brasileños, mostró que el 49% de los adolescentes considera al smartphone como el mejor amigo. Es un tiempo que da preferencia a la relación con las pantallas, y desestima las relaciones personales. Es un tiempo en el que tenemos cientos y hasta miles de amigos en las redes sociales, pero no tenemos ningún amigo para conversar en la calle.

Es una realidad que se transformó en un fenómeno social en Japón. Allá están los Hikikomoris, que son adolescentes que no logran salir de su cuarto. Viven en reclusión y mantinen su relación con el mundo solo a través de Internet. Ya son más de 500 mil personas con ese tipo de fobia social.

Padres y educadores, sin omisión

Los padres y educadores tienen la tarea de equilibrar el juego entre la necesidad de inclusión digital saludable para los niños y adolescentes, y la amenaza de la dependiencia de las pantallas y de la vida conectada. Y deben estar atentos  para no caer ellos mismos en ese vicio comportamental. Los smartphones proporcionan un estímulo para su uso que hace que el tiempo libre sea definido como un tiempo de pantalla. Llegamos cansados del trabajo y la distracción después de una larga jornada está en un juego, o en un grupo de WhatsApp, o en dedicar tiempo a una red social o servicio de difusión.  Así sobra poco tiempo para la intereacción familiar.

Los niños y adolescentes se dan cuenta de eso. Una encuesta del instituto americano Pew Research Center, de 2018, mostró que el 51% de los jóvenes sienten que sus padres están distraidos en el celular mientras conversan personalmente. No es casualidad que los investigadores ya concluyeron que las redes sociales aumentan la sensación de soledad.

Opciones para relaciones saludables

Los especialistas dan sugerencias para relaciones saludables en la era de las pantallas. En primer lugar, muestran que los padres tienen que ser los modelos. Si quieren que los hijos tengan una relación emocionalmente independiente con las pantallas y las redes sociales, ellos mismos, los padres y madres deben dar el ejemplo. Es más fácil enseñar equilibrio cuando los hijos notan que el tiempo de los padres no se dedica, en la mayor parte del día, a las pantallas. Leer libros, salir a practicar un deporte, jugar juegos no digitales, realizar un picnic u otro tipo de actividad que no invulucre el uso de internet, ayudan en esa percepción.

Otra recomendación es establecer zonas de acceso a la tecnología en la propia casa. Los padres pueden ayudar a los hijos a controlar el uso de herramientas digitales, por ejemplo, prohibiendo usarla en el comedor o en la cocina, mientras estén comiendo, o en el cuarto, o en otra área. Algo que llega a ser una buena referencia es evitar dormir con smartphones al lado de la cama. Porque aumenta la percepción de dependencia, ya que la pantalla es lo último que vemos antes de dormir, y lo primero que vemos al despertarnos.

Finalmente, los padres deberían crear también un desarrollo digital con sus hijos. Participar de juegos o mirar juntos películas o animaciones en canales de difusión y ofrecer indicaciones de cosas constructivas para el desarrollo emocional de los hijos. Además, deben estar listos para conversar cuando surgen situaciones protagonizadas por el exceso de uso de dispositivos y pantallas. Ese tipo de seguimiento será importante para la jornada de los niños y adolescentes con las nuevas tecnologías.

En el Salmo 102:18 está escrito: “Se escribirá esto para la generación venidera; y el pueblo que está por nacer alabará a Jehová”. Ese texto se refería a los hijos de los hebreos nacidos en el cautivero, generaciones que al salir en libertad después de la esclavitud vivirían un modelo de existencia completamente diferente del que sus padres estaban acostumbrados. Usando el texto como analogía, nosotros también estamos ante un pueblo que está siendo criado. En ambos casos es importante estar atento y difundir los consejos y la sabiduría de la Palabra de Dios al buscar tener una vida conectada pero con equilibrio.

 

 

 

 

 

 

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