Noticias – Adventistas

Felipe Lemos

Felipe Lemos

Realidad Enfocada

Datos y fechas analizadas bajo un punto de vista bíblico

¿Qué significa la muerte de un mártir cristiano?

Estatua de Hus en Old Town Square, en la ciudad de Praga (Foto: Shutterstock)

Estatua de Hus en Old Town Square, en la ciudad de Praga (Foto: Shutterstock)

6 de julio de 1415

¡Hace 603 años! ¡Seis siglos atrás! ¡Hace mucho tiempo!

Para muchos, se trata solo de una fecha lejana en el periodo conocido como la Edad Media o Era Medieval, sin gran importancia. Para otros, tiene un significado mucho mayor. En este día, fue muerto en la ciudad alemana de Constanza el reformador Juan Hus, nacido en la antigua Bohemia (parte de la actual República Checa). Condenado como hereje por la Iglesia Católica, Hus fue excomulgado y quemado vivo en una plaza pública. Irónicamente, su ejecución ocurrió durante un concilio en el que la iglesia predominante discutía una forma de solucionar una situación extraña, en la que tres papas luchaban por poder, específicamente por control sobre la estructura político-religiosa vigente, y al mismo tiempo, deliberaba sobre la amenaza de las herejías, o ideas que fuesen contrarias a su manera de interpretar la Biblia.

El contexto inmediato de esa trágica muerte es el de que, a ejemplo de tantos otros reformadores protestantes de Europa, Hus cuestionaba la autoridad humana en la forma de liderar a la iglesia de la época y enfatizaba la relevancia de la Biblia como la mayor regla de autoridad para la religión fundada por Cristo y sus discípulos. Michael Campbell, profesor adjunto de estudios teológicos-históricos del Instituto Internacional Adventista de Estudios Avanzados, en Filipinas, escribió en un artículo publicado por la Revista Adventista en portugués, que “Hus fue un predicador poderoso y carismático, que convirtió a la Biblia en la base de todos los aspectos de la doctrina y del estilo de vida cristianos. A medida que la lucha de poder se desarrollaba, él condenó la corrupción papal”.

Elena de White, importante escritora, profetiza y cofundadora de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, dedicó varias páginas, en el libro El conflicto de los siglos, al respecto de la narrativa de la historia de vida de ese reformador, de su muerte y de su obra, y afirmó que “La voz que había hablado en la sala del concilio de Constanza había despertado ecos que resonarían a través de las edades futuras. Hus ya no existía, pero las verdades por las cuales había muerto no podían perecer. Su ejemplo de fe y perseverancia iba a animar a las muchedumbres a mantenerse firmes por la verdad frente al tormento y a la muerte”.[1]

Muerte significativa para nosotros hoy

Pero, ¿por qué recordar la muerte de Juan Hus? Doy aquí tres razones suficientes para que esta fecha sea recordada y otras, menos importantes, no reciban tanto valor.

Hus nos enseñó que la Biblia tiene la mayor autoridad en la iglesia cristiana – Su biografía, que debería ser objeto de reflexión en nuestras lecturas cotidianas, presenta el retrato de un religioso preocupado no con la tradición religiosa llena de contradicciones y absurdos creados para producir riquezas de forma indebida. Él era un cristiano, consciente de sus errores, pero tenía igualmente la noción clara de la importancia de la Biblia como autoridad de fe. ¿Será que yo, hoy en día, tendría el coraje de vivir los principios de la Biblia con la misma percepción que tenía Hus? ¿Tiene la Biblia esa autoridad real en mi vida cotidiana? ¿Tiene el significado que Dios en mi experiencia personal?

El reformador nos deja el legado de la osadía cristiana para defender lo que consideramos verdadero – Si lee el capítulo 6 en el que Elena de White habla de Juan Hus, en el libro El conflicto de los siglos, verá detalles impresionantes sobre la osadía de ese hombre al defender aquello que consideraba verdadero. Con profunda cortesía y respeto por quien lo desdeñaba, él, sin embargo, no relativizó los principios de la Biblia, ni disminuyó su importancia por causa de la impopularidad. El cristianismo de hoy no puede querer agradar los intereses económicos y políticos, gustos, tendencias, partidos, grupos, subculturas con un concepto de verdad centrada en Cristo y sus enseñanzas. ¡Conciliar todo eso es imposible! Se necesita valentía para tomar posiciones que no le agradan a la mayoría.

Juan Hus nos deja el legado de la confianza inquebrantable en Dios, aun delante del clímax de la injusticia humana – Campbell afirma, en su artículo, con respecto a la actitud del reformador en el momento final del martirio que, “coronado con una mitra de papel que tenía la inscripción ‘Este es un Archihereje’, Hus fue entonces llevado por las calles de Constanza hasta el lugar de la ejecución. Atado al poste con una cadena oscurecida por el óxido y con madera  apilada hasta el cuello, él dijo: ‘Dios es testigo que […] la intención principal de mi predicación y de todos mis otros actos o escritos fue solamente poder librar a los hombres del pecado. Y a la verdad del evangelio que escribí, enseñé y prediqué de acuerdo con las palabras y exposiciones de santos doctores, estoy dispuesto, de buen grado, a morir hoy’. Aun en medio de las llamas, los espectadores pudieron oírlo cantar: ‘Jesús, Hijo del Dios vivo, ten misericordia de mí’”.

Ese tipo de confianza de Hus solo logra ser demostrada por quien vive una relación real con Dios. No se produce por una simple convicción pasajera, ni emoción superficial, ni por una circunstancia específica. Es el cristianismo asimilado con plenitud en la vida. Hus era alguien como usted y como yo, sujeto a errores, con dudas, con miedos, con dificultades, pero que, al mismo tiempo, nos enseña, sobre todo, que vivir por Cristo va más allá de palabras bonitas y retórica fácil. ¡Tiene que ver con la vivencia fundamentada en la Biblia!


[1] Elena de White, El conflicto de los siglos, pág. 118.

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