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Fábio Bergamo

Fábio Bergamo

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¿Por qué (nos gusta) matar a las personas?

Las noticias falsas atraen a las personas de formaciones, edades y clases sociales diferentes (Foto: Shutterstock)

El sábado 15 de agosto de 2020 me estaba arreglando para mis actividades como director de Comunicación de la iglesia a la que asisto, acomodando las últimas cosas relativas al seguimiento de la transmisión del culto, cuando veo una actividad intensa en el grupo de WhatsApp de los administradores de la iglesia. Abrí el grupo e intenté seguir la conversación. ¿El asunto? La muerte de una figura conocida por muchos miembros de la Iglesia Adventista, víctima del COVID-19.

Y, digo de paso, era un mensaje con la marca de “reenviado” en el WhatsApp. Eso significa que el contenido, rico en detalles, había venido de otros grupos o contactos de personas que lo habían anunciado. Más tarde, esa misma mañana, más grupos en la aplicación reproducían la “noticia”. Lógicamente, no era verdad (aunque la persona realmente tenía COVID-19 y estaba internada), y comenzó un proceso de rectificación del mensaje, lo que en Internet llamamos “Hoax”.

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No es novedad para nadie que las noticias falsas son un problema serio en nuestra sociedad. Hay gente que crea, que difunde falsedades, agencias de control que no controlan bien, personas que usan estas noticias para intentar desmentir otras. El hecho es que no necesitamos entrar en muchos detalles de este tema para hablar de otro gran placer del ser humano: el sensacionalismo acerca de la muerte de alguien.

Recientemente vimos eso con algunos nombres famosos, como el presentador Gugu Liberato, o más atrás con Tancredo Neves, la princesa Diana, Ayrton Senna, Michael Jackson y otras celebridades. Pero la práctica de explotación mediática en el tema “muerte” no viene de ahora. Historiadores e investigadores como Philippe Aries y Michael Foucault, ya demostraban que la muerte convertida en espectáculo siempre formó parte del contexto social de la humanidad. Pero, a partir del siglo XX, el ritual mortuorio comenzó a quedar siempre vedado a las instituciones hospitalarias, asilos y cementerios, lo que hizo que se perdiera el vínculo con el ciudadano común.

Potencialización

Con el giro que se dio justamente con Internet y las redes sociales, se puede hacer de la muerte nuevamente un espectáculo, directamente desde nuestros smartphones, compartiendo historias y conquistas del recién fallecido, haciendo que nos acerquemos a él. De hecho, podemos llegar a sentirnos como alguien de la familia que lo conocía tanto que tiene sentido llorar amargamente su muerte. Y la línea entre llorar la muerte de alguien que admiramos y no conocemos personalmente y el sensacionalismo en torno de su muerte es muy tenue.

En la actualidad, esa línea es todavía más tenue con la facilidad en diseminar informaciones exponenciales, el alcance y el tiempo en que las noticias (verdaderas y falsas), y las historias ‘mal contadas’ llegan a nuestros smartphones y redes sociales. Es perfectamente comprensible ese aprecio que tenemos por el sensacionalismo y la especulación de la muerte de personas que hicieron un bien público o fueron exitosas en el arte, la política, la filantropía y en el mundo de los negocios.

Pero, el problema es cuando eso se convierte en una información falsa en el medio digital. Y si ya hay una tendencia de diseminación de este tipo de datos, ¿se imagina cuando se trata de alguien querido? La transmisión será casi instantánea. ¿O cree usted que la mayoría de las personas no pasaría a sus contactos un informe sobre la muerte de un conocido, procedente de un amigo que considera bastante confiable?

Sin embargo, usted que transmitió el ‘hoax’ (sea esa u otra), no se martirice. Claro, tenga más cuidado en buscar los hechos o hasta incluso esperar más informaciones. Pero su papel, luego de conocer la noticia verdadera, es que la desmienta, pida disculpas y ore mucho, agradeciendo por haber sido ‘solo’ una noticia falsa más. Y usted que creó la historia falsa, o simplemente oyó un poco y ya salió creando por su cuenta y riesgo: reflexione bastante y pídale a Dios la cura para este mal que lo aflige.

Somos seres de la luz, hechos para vivir, y no para morir. La conmoción en este caso es perfectamente natural, hasta por el escenario de cuarentena y aislamiento social que una enfermedad maldita nos hizo vivir. Esto muestra cuán cansados estamos de este mundo, y queremos la vida eterna que nos fue prometida. No nos gusta la muerte. Y no nos gusta ver morir a seres queridos. Entonces, venzamos el sensacionalismo y la especulación de la muerte, pues esta no tiene victoria, ni aguijón. ¡La gracia de Dios ya nos dio la victoria sobre ella!

Para leer, ver y oír más

¡Lo falso, es sobre todo, falso!– Texto de esta columna, publicado el 14/02/2018. – https://noticias.adventistas.org/es/columna/fabio-bergamo/lo-falso-falso/ 

Cuando las estrellas se apagan: la muerte de famosos en Internet (en inglés) – Artículo de Inés Arioso, en la revista científica Médias Numériques et Communication Electronique, 2016, p.487-496. – https://www.academia.edu/download/47238734/Academia_artigo.pdf

A mídia e a construção do biográfico o sensacionalismo da morte em cena [los medios de comunicación y la construcción de lo biográfico y el sensacionalismo de la muerte en escena] – Artículo de Elizabeth Rondelli y Micael Herschmann en la revista científica Tempo Social, volúmen 12, número 1, año 2000, p. 201-218. – https://www.scielo.br/pdf/ts/v12n1/v12n1a11.pdf

 

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