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Edson Nunes

Edson Nunes

Texto y Contexto

Una invitación mensual para el estudio del texto bíblico y el consiguiente asombro con él

Imagen y semejanza (parte 2)


Dios formó al hombre del polvo de la tierra (Génesis: 2: 7)
Foto: Shutterstock

Entre Génesis 1:26 y 28, que tratan sobre esta imagen y semejanza hay un pequeño poema, en Génesis 1:27, que es interesante por su construcción:

“Y creó Dios al hombre a su imagen,

a imagen de Dios lo creó;

Macho y hembra los creó”.[1]

El verbo crear se repite tres veces, y el nombre de Dios, dos veces, siendo el sujeto del verbo las tres veces en que ocurre (en la última línea, de manera implícita). La expresión “a imagen” se repite dos veces. Por fin, en negrita están las referencias de aquello que Dios crea: el ser humano, que después es mencionado como el objeto directo pero el sufijo pronominal en singular, en la segunda línea, y como objeto pero sufijo pronominal en plural, en la tercera línea, en hebreo. Todo esto para decir que el ser humano fue hecho a la imagen y semejanza de Dios, que el ser humano es varón y mujer y que ambos (juntos/separados) son la imagen y semejanza de Dios.

Lea también:

Imagen y semejanza (parte 1)

En Génesis 2, la creación del ser humano sigue dos etapas: primero el hombre, después la mujer. El hombre es creado (Génesis 2:7) del polvo de la tierra y recibe el soplo de vida. El nombre del hombre está conectado directamente a la tierra: Adán (hombre), adamá (tierra); siendo “tierra” un sustantivo femenino, y “hombre” un sustantivo masculino, posiblemente de la misma raíz. Los animales, curiosamente, también son creados del polvo de la tierra (Génesis 2:19), y la creación de ambos, hombres y animales, es descripta con el mismo verbo: formar/moldear (ysr). El hombre, que vino de la tierra recibe como misión/función cuidar de ella (Génesis 2:15). Como Dios plantó y preparó el jardín, el hombre debe trabajar en él (imitatio Dei).

En la parte final de Génesis 2, la creación de la mujer es presentada de manera curiosa. Dios constata que el hombre necesitaba de un ayudante (Génesis 2:18). Él, entonces, la forma de una costilla del hombre. El verbo usado para esta operación al hacer a la mujer es “construir” (bnh), bastante más elaborado que el verbo usado para el hombre. La función dada a la mujer, de ayudante, también merece un comentario. La palabra ayudante, del hebreo, aparece pocas veces en el texto bíblico (alrededor de 21) y la gran mayoría se refiere a Dios; es decir, Él es el ayudante. Así como Él es el ayudante, la mujer también lo será (imitatio Dei). La mujer, que vino del hombre, recibe la función/misión de cuidar del hombre. El nombre dado a ella, incluso, refleja esta relación: ella es isha (mujer), porque vino del ish (hombre), sustantivo femenino y masculino de la misma raíz.

La construcción de la narrativa es impresionante: su origen es también su misión. El hombre de la tierra, trabajará la tierra. La mujer, del hombre, ayuda al hombre. Es por eso que, en Génesis 3, luego del pecado, al recibir el castigo divino, ambos, mujer y hombre, sufrirán en las “manos” de su misión/origen: la mujer es castigada en relación al hombre (Génesis 3:16); el hombre es castigado en relación a la tierra (Génesis 3:17-19). El origen es también el destino, desde el principio.

Es importante realzar que, en ningún momento, hay alguna idea de superioridad del hombre sobre la mujer. Ambos son declarados realeza en Génesis 1 y ambos están conectados, funcionalmente, a su origen en Génesis 2. Todo el énfasis, como puede ser visto, está en imitaio Dei, lo que significa que ambos son creados para imitar al Creador.

Por último, un matiz aún en Génesis 2. Génesis 2:15 dice: “Tomó, Yahweh Dios al hombre, y lo descansó en el jardín del Edén, para que lo trabajase y lo guardase”[2]. El hombre es tomado (lqh) por Dios y colocado (nh) en el Edén. El verbo usado para decir que el hombre fue colocado en el Edén es de la raíz nh. A pesar de que su uso en hifil (tiempo verbal hebreo) puede ser traducido como asentar, acostarse, dejar, colocar o incluso pacificar, esas traducciones parecen partir de su significado principal, descansar. En Éxodo 20:8-11 y 23:12, en textos que hablan sobre el sábado, el séptimo día, nh aparece en paralelo a la raíz sbt, también traducida como descanso.

A pesar de cierta discusión sobre traducir nh como descanso, se puede ver por la continuación del versículo que es una alternativa posible y probable. Eso es porque Dios coloca al hombre en el jardín para trabajar (ibd) y guardarlo (smr). Y aunque los verbos usados tengan un sentido básico de trabajo y servicio, cargan en sí una gran relación con otros textos. Por ejemplo, es la yuxtaposición de los mismos ligados a la función sacerdotal en el tabernáculo en Números 3: 7-8; 8:26; 18: 5-6 que llama la atención. En especial, el último texto citado, Números 18:5-6, además de colocar smr y ibd como aquello que los sacerdotes irán a desempeñar, el narrador también usa el verbo lqh para señalar la elección de los levitas. Los tres verbos usados juntos en Génesis 2:15 también son usados en el contexto sacerdotal de Números 18: 5-6.

Ante esto, se indica la función del hombre en el jardín como algo sacerdotal. Por lo tanto, el uso de estos verbos, con sus conexiones sacerdotales, refuerza que la traducción de nh debería seguir una línea también más sacerdotal.

El uso de nh a lo largo de la Biblia Hebrea parece indicar una visión de que el descanso es un regalo divino, pues Dios promete a Israel posesión de la tierra y descanso de sus enemigos. No obstante, dos textos conectan ese descanso de los enemigos con el santuario: Deuteronomio 12 y 1 Reyes 5. En ellos, el hecho de que Dios haya concedido descanso a Israel debería ser un marco para que ellos estableciesen un lugar específico para Dios. En otro conjunto de textos,  ahora con el uso de un sustantivo derivado del verbo nh, ese Templo es asociado al lugar de descanso de Dios, donde estaría también su trono (Salmos 132:7-8; 13-14; 1 Crónicas 28:2; entre otros). Es decir, en el jardín el hombre descansa, sirviendo como un sacerdote en una especie de santuario.

De ese modo, el ser humano es creado a la imagen y semejanza de Dios, hombre y mujer, para desempeñar una función real y sacerdotal. Esas funciones hacen del ser humano un imitador de Dios. La imagen de Dios es la imitación de Él: imago Dei desemboca en imitatio Dei.

Referencias:

BOTTERWECK, G. J; RINGGREN, H; FABRY, H. J. (eds.). Theological Dictionary of the Old Testament. 15 vols. Grand Rapids, MI: William Eerdmans Publishing Company, 2006.

CLINES, D. J. A. (ed.). The Dictionary of Classical Hebrew. Sheffield: Sheffield Academic Press; Sheffield Phoenix Press, 2011.

DOUKHAN, J. B. Genesis. Nampa: Pacific Press; Review and Herald, 2016. (Seventh-Day Adventist International Bible Commentary, 1).

EVEN-SHOSHAN, A. A New Concordance of the Old Testament: using the Hebrew and Aramaic text. Jerusalem: Kiryat Sefer Publishing House, 1989.

KÖEHLER, L.; BAUMGARTNER, W. The Hebrew and Aramaic Lexicon of the Old Testament. Study Edition. 2 vols. Leiden: Brill, 2001.

TIMMER, D. C. Creation, Tabernacle, and Sabbath: the Sabbath frame of Exodus 31:12-17; 35:1-3 in exegetical and theological perspective. Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 2009. (Forschungen zur Religion und Literatur des Alten und Neuen Testaments).

TURNER, L. A.  Anúncios de Enredo em Gênesis. Engenheiro Coelho: Unaspress; Terceira Margem do Rio, 2017.

WOLDE, E. V. Words Become Worlds: semantic studies of Genesis 1-11. Leiden: Brill, 1994. (Biblical Interpretation Series, 6).

[1] Traducción propia

[2] Traducción propia

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