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Rescatando la historia

Hechos, datos, curiosidades y el contexto histórico del adventismo en un contexto mundial.

El surgimiento de la Iglesia Adventista del Séptimo Día

Los adventistas del séptimo día surgieron como un movimiento basado en el estudio profundizado de la Palabra de Dios (Foto: Shutterstock)

No se puede decir que la Iglesia Adventista del Séptimo Día fue fundada por una persona. Su origen se remonta a algunos milleritas decepcionados que perseveraron juntos. Después de entender que el gran chasco que experimentaron estaba profetizado en Apocalipsis 10:10, el pequeño grupo remanente, formado por Hiram Edson, Owen Loomis Crosier y Franklin B. Hahn, entendió, basado en Apocalipsis 10:11, que debían persistir y seguir proclamando la segunda venida de Cristo a todo el mundo. [1] Unidos en oración y en el estudio de las Escrituras durante semanas, aquellos hombres alcanzaron una comprensión más amplia con respecto al ritual del Santuario del antiguo pacto.

La doctrina del santuario

Nuevas verdades bíblicas fueron desdoblándose ante sus ojos, como, por ejemplo:

  • La existencia de un santuario en el cielo;
  • El hecho de que el santuario terrenal y su ritual eran un reflejo del celestial y de la obra de Cristo en él;
  • El hecho de que esta obra estaba dividida en dos fases: en el lugar santo (desde su ascensión al cielo hasta el 22 de octubre de 1844) y en el lugar santísimo (desde esa fecha hasta su regreso al mundo).[2]

La doctrina del sábado

Algunos meses antes del gran chasco, el pastor metodista Frederick Wheeler, ligado al movimiento millerita, predicó el sermón de domingo en el pueblo de Washington, ciudad de Sullivan, estado de New Hampshire. Al final del culto, fue abordado por Rachel Oaks, perteneciente a la Iglesia Bautista del Séptimo Día, que lo desafió a estudiar en la Biblia el tema del sábado como verdadero día de descanso instituido por la ley de Dios.[3] Después de un periodo de investigación, él se convenció del hecho y comenzó a guardar el sábado y a influenciar a otros a hacer lo mismo.

Una de estas personas fue el pastor bautista Thomás Motherwell Preble, que publicó un artículo sobre el tema en la revista “The Hope of Israel”, del 28 de febrero de 1845.[4] Como resultado, el capitán José Bates despertó al asunto y viajó hasta donde se encontraba el pastor Wheeler, a fin de estudiar con él sobre el tema. Volvió a su casa convencido a guardar el sábado y a propagar esta verdad.

Después de dedicar algunos meses al estudio del tema, Bates publicó, en agosto de 1846, un libreto titulado “El sábado del séptimo día, una señal perpetua”, que influenció a otros milleritas chasqueados a comenzar a guardar el sábado como día de descanso; entre ellos, Jaime y Elena G. White.[5] Así, la verdad del sábado se volvió un elemento unificador para el pequeño grupo de ex milleritas, que comenzaron a ser conocidos como “adventistas sabatistas”. Ellos dedicaron los siguientes años a investigar intensamente las Escrituras, y descubrieron nuevas verdades bíblicas a ser proclamadas al mundo.

El don de profecía

La dirección de Dios sobre ese grupo de adventistas sabatistas fue confirmada a través del don profético concedido al movimiento. Al principio, un hombre llamado Guilherme Ellis Foy recibió tres visiones en 1842, y Dios le encomendó transmitir su mensaje, pero dudó en hacerlo. Posteriormente, en 1844, otro hombre recibió revelaciones divinas, e igualmente se rehusó a propagarlas. Este hombre era Hasen Foss.[6]

Finalmente, Dios convocó al ministerio profético a una joven de 17 años, de salud débil, llamada Elena G. White. Ella recibió su primera visión en diciembre de 1844, durante la reunión de oración en la casa de la familia Himes, en South Portland, Maine. En esa visión, Dios le mostró el camino de los creyentes adventistas a través de un largo y estrecho camino ascendente a la ciudad de Dios.[7] Al principio, ella también dudó, pero luego decidió revelar lo que Dios le había mostrado y, fortalecida por el poder de Dios, aceptó el llamado.

Elena G. White continuó recibiendo visiones, de corta y larga duración. Entre 1845 y 1850, ocupó una posición de liderazgo en el pequeño grupo de adventistas sabatistas que fue creciendo en unidad. Su don fue una ayuda y una guía para confirmar las verdades bíblicas descubiertas poco a poco por sus hermanos de creencia.

Los congresos sabáticos

Con la intención de fortalecer la fe, consolidar sus fundamentos y unificar a los creyentes, aquel pequeño grupo de adventistas sabatistas comenzó a promover congresos sabáticos para estudiar la Biblia. En 1848, se realizaron al menos seis de esos encuentros, en las ciudades de:

  • Rocky Hill, Connecticut (20 al 24 de abril; 8 y 9 de septiembre);
  • Volney, Nueva York (18 de agosto);
  • Port Gibson, Nueva York (27 y 28 de agosto);
  • Topsham, Maine (20 al 22 de octubre), y
  • Dorchester, Massachussets (18 de noviembre).[8]

Fue en esas reuniones que los fundamentos doctrinarios del movimiento adventista sabatista se establecieron. Por lo menos ocho puntos tuvieron consenso, y fueron profundizados en los años posteriores:

  • El inminente segundo advenimiento de Cristo de forma personal y visible;
  • El ministerio de Cristo en el santuario celestial en dos fases;
  • El sábado como día de reposo bíblico;
  • La aceptación del ministerio profético de Elena de White;
  • La proclamación del mensaje de los tres ángeles de Apocalipsis 14:6-12;
  • La mortalidad del alma y el estado de sueño inconsciente;
  • El tiempo en que ocurrieron las siete últimas plagas, y
  • La aniquilación de los impíos al final del milenio.[9]

La elección de un nombre

Hubo un largo tiempo de renuencia entre los adventistas sabatistas en relación a la elección de una identidad denominacional, por cuatro razones principales:

  • Los milleritas chasqueados no tenían la intención de fundar una nueva iglesia, sino de reavivar a los cristianos de todas las iglesias y prepararlos para el regreso de Cristo;
  • Ellos creían que el 22 de octubre de 1844 la puerta de la gracia se había cerrado, lo que hubiera cerrado el destino de la humanidad. Así, aunque Jesús no hubiera regresado, todos habían hecho su elección; los que aceptaron el mensaje del regreso de Cristo estaban salvos, y los que lo habían rechazado, perdidos. No tenía sentido fundar una nueva iglesia.
  • Estaban traumados. Como pertenecían a otras denominaciones, al unirse al movimiento millerita fueron tratados con crueldad, ridiculizados por su esperanza en el segundo advenimiento de Cristo y, finalmente, expulsados de las iglesias que provenían;
  • Temían que, como iglesia organizada, comenzaran a rechazar las nuevas verdades bíblicas que iban siendo descubiertas.

A pesar de todo eso, la vergüenza que sentían cuando se les preguntaba sobre su identidad y no tenían respuesta, además del expresivo crecimiento en el número de miembros, hizo evidente la necesidad de la organización del movimiento. Los adventistas sabatistas, entonces, tomaron el propósito de elegir una identidad que expresara sus creencias fundamentales. Después de un periodo de largas discusiones, el 1 de octubre de 1860 se oficializó, por sugerencia de David Hewitt, el nombre “adventistas del séptimo día”.[10]

La organización de la Asociación General

Cerca de tres años después, del 20 al 24 de mayo de 1863, en Battle Creek, Michigan, tuvo lugar un congreso con la participación de los delegados de nueve asociaciones y se votó allí la organización de la Asociación General de los adventistas del séptimo día. También fueron elegidos los siguientes oficiales:

  • John Byington como presidente;
  • Urías Smith como secretario y
  • Eli S. Walker como tesorero.[11]

Así nació la Iglesia Adventista del Séptimo Día y, dentro de algunas décadas, sus misioneros llevaron el mensaje de la segunda venida de Jesús y las nuevas verdades bíblicas a todo el mundo.

Curiosidad

La teoría de que, al cumplirse la profecía de los 2.300 años el día 22 de octubre de 1844, la puerta de gracia se cerraría para todos aquellos que no se habían preparado para la segunda venida de Jesús, acompañó a los milleritas y continuó presente entre los adventistas sabatistas e incluso durante los primeros años después de la organización de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Para aquel grupo, la misión estaba limitada a los que habían sido parte del movimiento millerita. Solamente después de la conversión de otras personas esta teoría fue, finalmente, abandonada y se preparó el terreno para las misiones mundiales.

Aplicación espiritual

El inicio de la Iglesia Adventista del Séptimo Día estuvo caracterizado por innumerables desafíos, criterioso estudio de la Biblia y oración. Como parte de ese movimiento, somos llamados, tanto individualmente y como iglesia a mantener nuestros ojos firmes en Cristo, a estudiar con ahínco y curiosidad la Palabra de Dios, buscando diariamente (re)conocer y aplicar su voluntad en nuestras vidas.

Sugerencias de lectura adicional

  • Loughborough, John N. O Grande Movimento Adventista. Adventist Pioneer Library, 2ª Edicao, Loma Linda-CA, 2014.
  • Knight, George R. Adventismo: Origem e Impacto do movimento Milerita. Casa Publicadora Brasileña, Tatuí-SP, 2014.
  • Schwarz, Richard W.; Greenleaf, Floyd. Portadores de Luz: História da Igreja Adventista do Sétimo Dia. Engenheiro Coelho: Unaspress, 2016.

Referencias bibliográficas

[1] Müller, Konrad. Die Frühgeschichte der Siebenten-Tags-Adventisten. Ers-Verlag, 4. verbesserte Auflage, Berlin, 1995, Ps. 136-137.

[2] Timm, Alberto Ronald. História da Igreja Adventista do Sétimo Dia: Seminario Adventista Latino-Americano de Teologia – Instituto Adventista de Ensino, Sao Paulo, 1988, Ps. 33-34.

[3] C. Mervyn Maxwell. História do Adventismo, P. 69-70.

[4] Timm, Alberto Ronald. História da Igreja Adventista do Sétimo Dia: Seminario Adventista Latino-Americano de Teologia – Instituto Adventista de Ensino, Sao Paulo, 1988, P. 36.

[5] C. Mervyn Maxwell. História do Adventismo, p. 89.

[6] Timm, Alberto Ronald. História da Igreja Adventista do Sétimo Dia: Seminario Adventista Latino-Americano de Teologia – Instituto Adventista de Ensino, Sao Paulo, 1988, P. 39.

[7] Idem.

[8] Ibidem, P. 43.

[9] Ibidem, Ps. 41-42.

[10] C. Mervyn Maxwell. História do Adventismo, ps. 148-149.

[11] Idem..

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