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Evangelismo

“Miss cadáver”

El papel de la humildad en el Reino de Dios y la importancia como un principio. El orgullo es como un cadáver que piensa en ganar un concurso de belleza.


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Solo hay una lógica que tiene sentido en el reino de los hombres para dar valor a las personas y las cosas: el mérito. Nuestra sociedad está constituida sobre ese pilar. Desde la educación familiar, pasando por la educación académica y entrando en la vida adulta y profesional, todas las cosas se miden por la regla del mérito. Lo que hacemos, cómo lo hacemos y lo que dejamos de hacer es y será la sentencia de nuestras vidas.

Y convengamos, no es posible pensar diferente. Una cosa o alguien solo tienen valor si realmente de una manera u otra tienen utilidad. Nadie quiere convocar al “gordito sarnoso” para el equipo de fútbol, queremos el artillero, el que mete goles. Quien llega más rápido a la línea de llegada es el que merece la medalla de oro. Quien vende más merece ser promovido en la empresa, o el que rinde más, trabaja más, acierta más; en fin, medimos el valor de las personas por la regla de la meritocracia. La sociedad capitalista aplaude porque esa fue, hasta ahora, la mejor forma de motivar el rendimiento humano sin ninguna opresión que hiera el derecho de libertad (en la teoría).

El reino de Dios es diferente del nuestro. Sus valores son otros y eso es desconcertante. Mientras nosotros elegimos los mejores, Jesús eligió a los doce discípulos más improbables, de un terrorista (zelote) a un político corrupto (Leví Mateo), de iletrados a hombres irascibles. El que tenía más títulos, más méritos, el más instruido, era Judas. Según ese punto de vista, si no fuera por Judas, el ministerio de Jesús habría sido desacreditado por la misteriosa elección de los otros once.

Gracias a Dios que Dios no es humano. Su lógica es otra y su actuación es diferente de lo que esperamos. Dios obra en otro paradigma, en otra forma de discernir la vida. Mientras buscamos los mejores, los buenos, los más capacitados, él busca otra cosa. En el reino de Dios el valor es otro. Jesús dijo: “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3).

Muchas versiones se elaboraron al pasar el tiempo sobre lo que Jesús quiso decir con esa afirmación. Pero basta mirar el contexto judío de la época para comprender con exactitud lo que Jesús quería decir. Las mujeres y los niños no eran considerados en aquel tiempo. Solo los hombres adultos tenían valor en la sociedad. El mérito era todo para ellos. Los hombres lideraban, dominaban, trabajaban, realizaban; ellos eran los importantes en ese contexto. Jesús mismo tuvo que decir: “dejad venir a mí los pequeñitos”, porque nadie quería permitir que los niños se acercaran al Maestro, “perturbando” sus tareas. Era considerada una afrenta que un niño o mujer demande la atención de un hombre adulto. Los niños no tenían valor. En realidad, no tenían ningún mérito, ¿para qué servían?

Una idea diferente

Jesús comenzó a invertir esa idea cuando declaró a los adultos orgullosos que nadie entraría en el reino de los cielos si no se deshacían de su personalidad inflada, y se achicaban al nivel de la simplicidad, fragilidad, sumisión de un niño. Resumiendo, Jesús hablaba de humildad. Es como si dijera: “El que cree que va a llegar a algún lugar por sus propias fuerzas, conquistas y méritos, no llegará a ningún lugar. Cuánto más valor se dan a ustedes mismos, menos aptos estarán para el reino. Por otro lado, quienes dependen del Padre como un niño, son humildes y dejan de valorizarse a sí mismos, estarán en el camino al cielo”.

Cuando Dios elige “su equipo”, no busca los más aptos, más capaces, más saludables, más inteligentes, nada de eso. Él busca a los más humildes. “Al escoger a hombres y mujeres para su servicio, Dios no pregunta si tienen bienes terrenales, cultura o elocuencia. Su pregunta es: ¿Andan ellos en tal humildad que yo pueda enseñarles mi camino? ¿Puedo poner mis palabras en sus labios? ¿Me representarán a mí?” (Elena de White, El ministerio de curación, p. 24).

Diego Barreto

Diego Barreto

El Reino

Vivir ya el Reino de Dios mientras él todavía no volvió. Una mirada cristiana al mundo contemporáneo.

Teólogo, es coautor del BibleCast, un podcast sobre teología para jóvenes, y productor de aplicaciones cristianas para dispositivos móviles. Hoy es pastor en los Estados Unidos.