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Carlos Magalhães

Carlos Magalhães

Iglesia conectada

Como llevar el mensaje de Cristo al mayor número posible de personas con la tecnología digital

Hable con uno, no con todos

Los mensajes personalizados tienen más potencial para alcanzar objetivos (Foto: Shutterstock)

Aunque nuestro planeta tenga casi ocho mil millones de habitantes, cada uno es diferente del otro. Por eso, para tener éxito en la predicación del evangelio, ante tal diversidad, necesitamos crear varias pequeñas estrategias y contenidos útiles a las necesidades de cada individuo.

Piense por un momento sobre lo que significa para usted el color rojo. Puede significar, por ejemplo, un partido político, peligro, pasión, amor, sangre, sacrificio, ira o violencia. Personas diferentes pueden tener respuestas diferentes para una pregunta. ¿Por qué? Porque cada una ve el mundo desde una perspectiva diferente.

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La combinación de experiencias que heredamos y aprendemos durante nuestra vida es única y crea en nosotros un conjunto de características, comportamientos y conceptos que difieren de los otros. Eso significa que cada persona es un pequeño mundo único y complejo.

Si las personas pueden ser tan diferentes unas de otras, significa que pueden tener necesidades diferentes y que debemos usar maneras distintas para ayudarlas e influenciarlas positivamente. En este artículo usted notará que enfocar al individuo es la mejor forma de compartir esperanza en el mundo digital.

Menor es mayor

En la comunicación digital, pensar y actuar en pequeño se convirtió en la mejor manera de alcanzar grandes resultados. Hay tantas micro culturas que surgen en Internet, con sus diferentes intereses y necesidades, que no podemos usarla como medio de comunicación de masa. Para tener éxito en ese ambiente, tenemos que cambiar la visión tradicional de alcanzar grandes audiencias y comenzar a concentrarnos en grupos e individuos, volviendo las acciones y contenidos más relevantes para cada uno.

La próxima gran cosa: muchas pequeñas cosas

En el pasado, el marketing categorizaba a las personas por aspectos demográficos como edad, sexo, raza, idioma y ubicación. Hoy, la mejor estrategia para determinar un público destinatario es agruparlo por necesidades, experiencias, valores y percepciones[1].

Anteriormente, un solo contenido se usaba para alcanzar a multitudes de personas. Ahora se necesitan varios para alcanzar un blanco específico. Sería como sustituir las ametralladoras por tiradores de elite que miran con precisión al blanco que desean alcanzar.

En ese escenario, las organizaciones necesitan usar menos recursos en la producción de contenido en vista de poder alcanzar grandes audiencias e invertir más para entender su público destinatario. Por ejemplo, como usuarios recibimos diariamente muchos contenidos en las redes sociales o en grupos de WhatsApp, pero a la mayoría los ignoramos. ¿Por qué? Tal vez porque  no tenemos tiempo suficiente o porque el contenido no nos interesa y no es relevante para nosotros. Alguien se esforzó para producir el contenido y enviarlo, pero no investigó nuestras necesidades e intereses, y por eso le erró al blanco.

De la comunicación de masa a la masa de comunicadores

Pero ¿cómo podemos compartir el evangelio de manera relevante para esa variedad tan grande de personas? La respuesta es: uno a uno. La fuerza de comunicación y evangelismo de las iglesias son sus propios miembros. Las personas son todavía el medio más eficiente para influenciar a otras personas, y no la tecnología. Cuando demostramos empatía por alguien que conocemos, y que enfrenta un dolor ya experimentado por nosotros, tenemos más oportunidad de compartir algo relevante y útil para esa persona.

La tecnología tiene su importancia como facilitador en la comunicación. Podemos demostrar nuestra empatía a través de Internet al enviar un texto bíblico, un mensaje de ánimo, videos de sermones, sugerirles programas de radio, de TV Nuevo tiempo y libros de la Iglesia que sabemos serán apropiados para la necesidad de la persona en ese momento. La Iglesia como organización depende de la acción en masa de sus miembros para una comunicación eficaz y relevante.

Si usted quiere ser un instrumento para llegar al corazón de las personas:

  1. Cree estrategias distintas para ayudar a grupos con necesidades específicas. Ejemplo: personas que sufren con problemas emocionales, madres solas, pacientes con cáncer, alumnos que están iniciando la carrera, padres por primera vez, etc.
  2. Cree muchos contenidos para alcanzar a su público. No podemos decir todo de una sola vez. Es importante fragmentar el contenido y elegir el momento más apropiado para compartirlo.
  3. Siempre enfoque en las necesidades y dolores de las personas, y no solo lo que usted quiere decir o predicarles.
  4. Tenga en mente que grupos diferentes necesitan enfoques diferentes. Esté preparado para diversificar y ser creativo.
  5. Intente entender la cultura, la religión y otros aspectos comportamentales del público destinatario antes de crear un contenido. Los significados cambian dependiendo de la cultura o visión del mundo de la persona.
  6. Busque ayudar a personas que tengan alguna semejanza con usted y que su experiencia cristiana pueda ser útil y positiva para el momento que viven.

Estrategia basada en la Biblia

 Diversificar las estrategias, entender la cultura y ser relevante a las necesidades del individuo no es algo solo de la era digital. El apóstol Pablo ya utilizaba ese método cuando viajaba para predicar el evangelio en varios lugares. “Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; […] Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos” (1 Corintios 9:20-22).

“El Señor desea que su palabra de gracia penetre en toda alma. En gran medida esto debe realizarse mediante un trabajo personal. Este fue el método de Cristo”.[2]

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Referencias:

[1]Verdino, Greg. MicroMarketing: Get Big Results by Thinking and Acting Small. McGraw-Hill Education. Edición de Kindle.

[2]White, Elena G. Palabras de vida del gran Maestro (Florida, Bs.As., Asociación Casa Editora Sudamericana), 1991, p. 181).

 

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