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Columna | Ana Paula

Una espina en la carne

Como Dios transforma lo que puede verse como una debilidad en una bendición.


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Cuando estamos dispuestos, Dios abre puertas para que podamos hablar de su amor. (Foto: Shutterstock)

“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me fue dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:7-9).

Este artículo no fue escrito por mí sino por una persona que ha dedicado la vida a servir a Dios en un país de Medio Oriente, que hace algún tiempo escribió y me envió este relato inspirador.

A lo largo del texto, lo invito a hacer dos cosas:

  1. Identifique y reflexione en su “espina en la carne”, pídale sabiduría a Dios para que lo use aun con sus limitaciones para honrarlo y glorificarlo.
  2. Ore en especial por ese siervo de Dios que vive en un país sin libertad religiosa.

Yo soy el tipo de persona que se pone nerviosa cuando está con otras personas. Soy muy inseguro e interpreto cada detalle de las palabras o del lenguaje corporal de manera negativa. Eso se llama ansiedad social, y además de hacer un tratamiento psicológico y reconocer esa fragilidad, cuento con la ayuda sobrenatural de Dios.

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Sé que no puedo confiar en mí para mis interacciones, entonces cada vez que me voy a encontrar con alguien, oro. Pido a Dios que me use para hablar a través de mí y para transmitir lo que es necesario en esa interacción. Puede ser guiar, romper prejuicios, aliviar. Exactamente en esa mi debilidad dependo de mi Padre para tener valentía y eficiencia, y me responde en encuentros donde mi fe sobresale en cualquier asunto. Siempre tuve la bendición de compartir la manera en que Dios está presente en mi vida.

Tampoco sé hablar el idioma local donde vivo actualmente. Mi conocimiento básico viene de la práctica profesional como profesor, lo que no es suficiente para crear lazos muy profundos. Pero, aún así, Dios me ha bendecido con personas que hablan portugués, mi propia lengua, que nítidamente están siendo llamadas por él.

Lo que me inspiró a escribir este relato fue la noticia de que una amiga, también de Brasil, que hospedé durante una rápida estadía aquí, se bautizaría. Ella vive en Suiza, y una familia de allá le dio estudios bíblicos. Nos conocimos a través de Internet, y hace dos años ella pasó dos días conmigo en el período de Navidad. Tuvimos algunas conversaciones espirituales desde entonces, y finalmente ella tomó la decisión por Jesús.

Yo agradezco mucho a Dios porque Él es sabio y me ha empleado, aunque soy limitado, y usa cada una de mis debilidades como oportunidades para manifestar sus milagros.

Ana Paula

Ana Paula

Misión y voluntariado

Hasta dónde llegan las personas que se colocan en manos de Dios para servir en la misión de predicar el evangelio

Periodista y escritora, fue voluntaria en Egipto entre 2014 y 2015, donde vive actualmente con su esposo, Marcos Eduardo (Zulu), y sus hijas, María Eduarda y Anna Esther. Es autora del libro Desafio nas Águas: Um resgate da história das lanchas médico-missionárias da Amazônia (CPB).