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Columna | Adolfo Suárez

La única fuente de autoridad

Explicación sobre el concepto de Sola Scriptura y las implicaciones que tiene en la determinación de una referencia de suprema autoridad.


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Cuando se habla de la autoridad de las Escrituras, automáticamente se tiene que pensar en el principio de «sólo la Biblia». (Foto: Shutterstock)

Sabemos que Martín Lutero desarrolló cuatro principios para interpretar las Escrituras; el primero de ellos fue la Sola Scriptura, “sólo la Biblia”. Por supuesto que Lutero no inventó este principio bíblico, pero lo aplicó poderosamente. En verdad, Sola Scriptura junto con Sola Fide (solo por fe) y Sola Gratia (solo por gracia), se convirtieron en el grito de batalla de la Reforma.[1]

Significado de la Sola Scriptura

El principio de la Sola Scriptura se hizo tan poderoso que, cuando hablamos de la autoridad de las Escrituras, automáticamente tenemos que pensar en el principio de la Sola Scriptura, el cual nos apunta para el hecho de que no existe otra fuente de autoridad más allá de la Escritura.[2] O sea, el principio reformador de la Sola Scriptura significa que solamente la Escritura, por ser la Palabra inspirada de Dios, es la autoridad final y suficiente para la iglesia.[3]

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Por otro lado, la Sola Scriptura no significa que otras cosas no puedan informar nuestra teología; por ejemplo, los reformadores citaban libremente los teólogos del pasado como guías de autoridad; además, ellos reflexionaban sobre la experiencia y utilizaban la razón. La Sola Scriptura no impide la buena información, sino establece que, cuando tenemos que escoger, hay apenas una selección que podemos hacer: solamente la Escritura es nuestra autoridad máxima. Especialmente, es la suprema autoridad, en contraste con la autoridad de la Iglesia con sus tradiciones.[4]

Dicho de otro modo, Sola Scriptura es el principio teológico protestante de que las Escrituras son la norma final en todos los juicios de fe y práctica. ¿Y qué hacer con las tradiciones y costumbres de la iglesia, con los pronunciamientos de los funcionarios de la iglesia, con la ley civil o con cualquier otra fuente puramente humana, incluida la razón humana? Pues deben ceder a pronunciamientos bíblicos claros.[5]

El contexto de la Sola Scriptura

La Sola Scriptura debe ser entendida en el contexto histórico de la Reforma Protestante. En aquella oportunidad, la iglesia medieval presentaba, de modo explícito o implícito, la superioridad de la tradición eclesiástica como fundamento de autoridad. Por consciencia, los Reformadores no aceptaron eso, y declararon oposición frontal. Entre otras cosas, rechazaban la Mariología, la adoración a los santos, el purgatorio, las indulgencias, porque esas enseñanzas no tenían apoyo en la revelación bíblica. Los reformadores entendían que aceptar esas prácticas era destruir el evangelio.

Para ellos, toda y cualquier manifestación de autoridad — iglesia, Estado, padres de la iglesia, etc. — no tienen autoridad en si mismos, mucho menos autoridad divina; tienen autoridad delegada, derivada y subordinada a las Escrituras Sagradas.[6] Así, la Sola Scriptura refleja el principio de que “las Escrituras por sí solas tienen autoridad para la doctrina cristiana”.[7] De esta manera, las tradiciones humanas, las enseñanzas de cualquier respetado teólogo y las decisiones de la Iglesia deben ser juzgadas por la Palabra de Dios.[8]

Implicaciones

La Sola Scriptura involucra tres aspectos esenciales en la teología bíblica y cristiana: (1) La Escritura es la única e infalible fuente de revelación divina que está disponible para los seres humanos; (2) La Escritura por sí sola es una base teológica suficiente y totalmente confiable; y (3) La Escritura es la norma final y con autoridad única de interpretación teológica que sustenta y rige todas las demás.[9]

Esto significa que la Biblia es nuestra referencia de suprema autoridad, es nuestra referencia teológica, y es nuestra referencia de interpretación. Por eso, es nuestro privilegio y deber estudiarla con dedicación, tiempo y profundidad.


Referencias

[1] Raoul Dederen, Handbook of Seventh-day Adventist Theology (Hagerstown, Maryland: Review and Herald Publishing Association, 2001), 89.

[2] Heber Campos, Eu Sou: Doutrina da Revelação Verbal (São José dos Campos, SP: Editora Fiel, 2017), 77.

[3] Matthew Barrett, «O Cerne da Verdadeira Reforma,» in Teologia da Reforma, ed. Matthew Barrett (Rio de Janeiro, RJ: Thomas Nelson Brasil, 2017), 56.

[4] Michael Reeves & Tim Chester, Por que a Reforma ainda é Importante? (São Paulo, SP: Editora Fiel, 2017), 58.

[5] Daniel G. Reid,  in Dictionary of Christianity in America (Downers Grove, Illinois: InterVarsity Press, 1990).

[6] R. J. Rushdoony & P. Andrew Sandlin, Infalibilidade e Interpretação, 2 ed. (Brasília, DF: Editora Monergismo, 2018), 89.

[7] Douglas Mangum, The Lexham Glossary of Theology (Bellingham, WA: Lexham Press, 2014).

[8]John M. Frame, A Doutrina da Palavra de Deus (São Paulo, SP: Cultura Cristã, 2013), 306.

[9] John C. Peckham, Canonical Theology: The Biblical Canon, Sola Scriptura, and Theological Method (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2016), 153.

Adolfo Suárez

Adolfo Suárez

Escuchando la voz de Dios

Reflexiones sobre la teología y el don profético

Teólogo y educador, es el actual decano del Seminario Teológico Adventista Latinoamericano (SALT) y Director del Espíritu de Profecía de la DSA. Máster y Doctor en Ciencias Religiosas, con posdoctorado en Teología, es autor de varios libros y miembro de la Sociedad Teológica Adventista y de la Sociedad de Literatura Bíblica.