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Un peluquero, una camioneta y un suegro misionero

Como es dueño de una peluquería el día de mayor afluencia de clientes es el sábado. ¿Qué hacer? Para un peluquero ese es un día clave. Entonces sucedió algo impensado.

Alicia y Fabio una historia marcada por la providencia divina.

Alicia y Fabio una historia marcada por la providencia divina.
Foto: Andrea Olmedo

Buenos Aires, Argentina … [ASN]  Empecemos con Alicia, de 25 años: “Yo era adventista. Fui a la iglesia desde pequeña y me bauticé en la Iglesia Adventista de Villa Ballester. Pero, cuando tenía 21 años me aleje de la iglesia. Seguí creyendo en todo lo doctrinal pero no me congregue más. Pasa el tiempo y conozco a Fabio. Nos casamos, pero nunca le dije que era adventista. Nunca hablamos de la religión”.

Sin embargo, algunas veces, Alicia oraba. Y oraba para que Fabio vaya a una iglesia a la que ella misma no iba. Pero la historia continúa.

Seguimos con Alicia: “Mi papa, que es adventista, seguía orando por mí. Mi marido es muy fanático de los autos y las camionetas y se había comprado una camioneta que necesitaba pintura. Cuando mi papa lo conoce le hace una propuesta. Le dice: Te pinto la camioneta pero no quiero que me pagues. A cambio quiero que hagas un estudio bíblico conmigo”.

Continuamos con Fabio: “Yo pensé así: no quiero estudiar la Biblia, ni creo en esas cosas, pero no quiero rechazar la oferta de mi suegro. Realmente lo aprecio a mi suegro. Así que empecé a estudiar con él. En verdad, encontré todo muy interesante pero nada me atraía. Hasta que llegó el tema del sábado. Eso cambió todo”.

Desde ahí, Fabio experimentó una gran transformación. Nunca imaginó lo que sucedería. “Lo que sentí y viví fue especial. Al estudiar la Biblia sentí una paz en mi corazón como nunca antes. Y unas ganas de acércame a Dios y seguir leyendo. Yo tenía una vida muy complicada, muy agitada y vivía intensamente la noche. No era una vida y lo que hacía no beneficiaba a mi salud”, describe Fabio.

En ese entonces tuvo un conflicto familiar severo y cayó en una depresión. “Me sentí muy mal, hasta tuve ganas de matarme”, confiesa. Y allí apareció una conversión. “De un día para el otro deje todo: la noche, el alcohol, la mala vida. No volví a ni siquiera desear lo que antes hacía. En 31 años nunca pude cambiar eso y Dios lo hizo. Ahora soy otra persona”.

No obstante, falta algo: que Fabio guarde el sábado. Como es dueño de una peluquería el día de mayor afluencia de clientes es el sábado. ¿Qué hacer? Para un peluquero ese es un día clave. Entonces sucedió algo impensado. “Un sábado, como todos los días, me encerré en el baño de la peluquería para leer la Biblia y encontré un versículo que hablaba sobre el sábado. Me asusté. Cerré la Biblia y la volví a abrir. Y, otra vez, leí un versículo sobre el día de reposo. Salí a trabajar y todo me salió mal. Antes del mediodía, cerré la peluquería y puse un cartel que decía que estaba cerrado por motivos religiosos. La gente vino a los turnos de la tarde, y encontró todo cerrado”, cuenta Fabio.

Esto sucedió hace cinco meses. Lejos de los pronósticos negativos de la gente, la peluquería de Fabio no se fundió. Al contrario, prospera día a día sin abrir los sábados.

“Ahora vamos a la Iglesia de Villa Ballester. Nos sentimos muy bien los dos allí. Y nos bautizamos el sábado 26 de octubre en la campaña satelital. Quiero agradecer a mi suegro que es un misionero con métodos infalibles, un siervo de Dios total; y al Pr. Andrés Franco que es un ser humano espectacular, es como un amigo ya”.

“¿Y qué sucedió con la camioneta?”, preguntamos. “Está impecable”, responde Fabio con una sonrisa.

[Equipo ASN, Pablo Ale]

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