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ACV: Información que puede salvar una vida

Cómo identificar un ACV y qué hacer ante esta situación. Y cómo prevenirlo por medio de hábitos saludables.

Por: Dr. Christian Ximenes

Saber identificar un ACV en sus primeros segundos puede salvar miles de neuronas, y hasta la vida. (Foto: Shutterstock)

Mauro es un hombre activo, en el vigor de sus 57 años. Él estaba asistiendo a un seminario de un curso de capacitación en la empresa en la que trabaja cuando comenzó a sentirse mal. Sus colegas lo estaban acompañando hasta el auto cuando él cayó, aparentemente por haber perdido la fuerza en el lado derecho del cuerpo. Mauro estaba teniendo un ACV.

Pero, ¿qué es un ACV?

El Accidente Cerebro Vascular es conocido popularmente como “derrame cerebral” y tiene dos tipos principales: el isquémico y el hemorrágico. El ACV isquémico ocurre cuando un vaso sanguíneo queda obstruido y la sangre no logra pasar para llevar oxígeno y nutrientes a determinada parte del cerebro. Es el más común, siendo el 85% de los casos de ACV. El ACV de tipo hemorrágico ocurre cuando un vaso sanguíneo se rompe y la sangre va dentro del cerebro.

El ACV es uno de los mayores problemas de salud de nuestra sociedad moderna; cerca de una cada seis personas tendrá un ACV a lo largo de su vida, y una en cada diez muertes es causada por él. Lo más dramático del ACV es que poco puede hacerse después que ocurre, y un gran número de pacientes quedará con secuelas por el resto de su vida. La historia de Mauro puede muy bien ser la nuestra o la de alguien que amamos. Lo importante es saber que no necesita ser así.

¿Cuáles son los factores de riesgo?

En medicina usamos la expresión “factor de riesgo”, que se refiere a características que tenemos o cosas que hacemos que aumentan nuestra chance de tener una determinada enfermedad. La edad es el factor de riesgo más importante para el ACV. Quiere decir que cuanto mayor sea la edad de la persona, mayor será su chance de tener un ACV. Esto es así porque, en la mayoría de los casos, el ACV ocurre por causa de la degeneración de los vasos sanguíneos, algo que lleva mucho tiempo para establecerse. Otro factor de riesgo son los antecedentes familiares; la chance de sufrir un ACV aumenta si los padres o los abuelos lo sufrieron.

Los dos factores de riesgo mencionados más arriba tienen en común el hecho de que no tenemos control sobre ellos; no podemos elegir nuestra edad ni a nuestros padres. Pero hay otros factores que dependen de nosotros y del estilo de vida que elegimos. El DR. Louis Caplan, la mayor autoridad mundial cuando se habla de ACV, dice en su libro “Stroke” que, para evitar el ACV, las personas deberían “ser animadas a dejar de fumar, evitar las bebidas alcohólicas, ejercitarse regularmente, separar tiempo para el ocio, evitar engordar, y disminuir la ingestión de comidas ricas en grasa o colesterol”. Él dice eso porque los principales factores de riesgo “modificables” son la hipertensión (mayor factor de riesgo para el ACV hemorrágico también), diabetes, altos niveles de colesterol, tabaquismo, alcoholismo, obesidad y sedentarismo. Además de esos, es importante, también, que las personas que tengan problemas cardíacos hagan regularmente consultas y sigan las orientaciones dadas por su cardiólogo.

¿Qué hacer al sospechar que alguien está teniendo un ACV?

Hay tres actitudes simples que pueden identificar un ACV:

  • Pedirle a la persona que sonría y ver si existe alguna asimetría en su cara;
  • Pedirle a la persona que levante los brazos y observar si existe debilidad en uno de los lados;
  • Observar la forma como la persona habla y si hay alteración.

Al notar cualquier anomalía en estos puntos, se debe llamar al servicio de emergencias inmediatamente. Cada minuto corresponde a millares de neuronas salvadas o perdidas.

Como dije antes, hay poco para hacer después de un ACV. Todo lo que tenemos es nuestro tiempo presente y la decisión sobre nuestro estilo de vida. Nuestro Señor y Salvador nos dejó una misión para cumplir, y para eso necesitamos una mente saludable y firme. En 1 Corintios 6:19 y 20 leemos: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo”. Cuanto antes comencemos a tener una vida según la orientación que Dios nos dejó en su Palabra y en el Espíritu de Profecía, más efectivo será el efecto de nuestros hábitos en nuestra salud física y mental.

*El doctor Christian Ximenes es médico neurólogo.

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