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La mujer que vivió el milagro del pozo

Una mujer adventista hindú que a pesar de las restricciones religiosas creyó en que Dios podría hacer un milagro.

Sunita Hegde, una madre de tres hijos, fue criada en una casa dominical y se casó con un hombre no cristiano. (Andrew McChesney / Misión Adventista)

Maryland, Estados Unidos… [ASN] Sunita es la esposa de un agricultor. Ella es cristiana adventista y ama adorar a Dios en la Iglesia Adventista del Séptimo Día de su aldea. Pero la mayoría de sábados ella pasa el día tranquilamente adorando a Dios en casa, porque no quiere enojar a su esposo, quien no es cristiano.

Pero cuando Sunita tiene un pedido especial de oración, ella lleva a la iglesia su pedido y se lo entrega a Dios. El año pasado Sunita fue a la iglesia y oró por un bien.

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Orando por un milagro

Los tiempos fueron duros en la granja de la familia. No había habido suficiente lluvia y los dos pozos en la granja casi se secaron. Los cultivos agrícolas necesitaban agua desesperadamente, lo que significaba cavar otro poso. Usualmente cuando un pozo necesita ser cavado un perforador de pozos tendría que perforar varios agujeros en diferentes lugares para encontrar agua. Pero Sunita y su esposo solo tenían dinero suficiente para pagar al perforador para que cave solo un agujero.

El esposo de Sunita quería hacer un ritual hindú en el campo para encontrar agua. Él creía que esta era la forma de localizar el agua.

Pero Sunita le rogó que no ejecutara el ritual. Ella le dijo que Dios podría ayudarles a encontrar el agua sin ningún ritual.

Entonces Sunita fue a la iglesia a pedirle a Dios un milagro.

Ella pidió en oración que el agua sea encontrada rápido cuando el perforador haga el nuevo hueco.

El pastor y los otros miembros de iglesia oraron con Sunita. Ellos agradecieron a Dios por la fidelidad de Sunita, y pidieron a Dios que les ayude a encontrar el agua. Ellos oraron para que el esposo de Sunita vea el cuidado de Dios por sus hijos y para que provea para todas sus necesidades.

El perforador de pozos

Al siguiente día el perforador de posos llegó a la granja. El pastor y los miembros de la iglesia también vinieron.

Nadie sabía dónde perforar, Sunita solo tenía dinero suficiente para pagar la excavación de 45 metros. Los miembros de la iglesia seleccionaron un lugar aleatorio para cavar, y el pastor oró: “Señor, bendice este suelo, y que dé suficiente agua para satisfacer las necesidades de tus hijos”.

Entonces el excavador se puso a trabajar. Golpeó y golpeó. Perforó a 50 pies y no salía agua. Llegó a 100 pies. Nada. Excavó 150 pies. Dejó de perforar y se acercó a Sunita. “He golpeado 150 pies”, dijo. “Tienes que pagar más dinero si quieres que siga cavando”.

Los miembros de la iglesia oraron de nuevo. Luego le rogaron al excavador que perforara unos pocos metros más. Él aceptó a regañadientes. Momentos después, el agua brotó del suelo.

 

Sunita sonrió, “¡Estaba tan feliz!”, expresó.” ¡Por la fe oramos, y Dios respondió a nuestras oraciones! Nos bendijo”.

Hasta el día de hoy, el pozo está proporcionando un suministro ilimitado de agua dulce. Los vecinos todavía se maravillan ante el milagro. Le dicen a Sunita: “Tú eres pobre, ¿por qué eres tan bendecido?”

Sunita dice que la respuesta es simple: Dios honra a los que le honran.

Dios honró a Sunita por su fidelidad. Cuando honramos a Dios, Él también está dispuesto a proveernos con un suministro ilimitado del agua de vida. [Equipo Adventist Review, Andrew McChesney]

 

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