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Un movimiento para su tiempo

Entienda como el contexto histórico de los siglos XV y XVI colaboró para que la Reforma Protestante sacudiera la hegemonía de la iglesia medieval.

Puerta de la iglesia del Castillo de Wittenberg, donde Lutero clavó sus 95 tesis (Foto: Paulo Rios)

Brasilia, Brasil… [ASN] La Reforma Protestante trajo una nueva perspectiva espiritual para una sociedad que hasta la Edad Media no tenía acceso a la Biblia. Su influencia, iniciada por otros reformadores, que tuvo a Martín Lutero como el de mayor peso en toda la historia del movimiento, no fue restringida solo a los estados alemanes y al territorio europeo. Traspasó barreras geográficas, culturales y fue fundamental para el surgimiento de otras naciones como los Estados Unidos.

El día 31 de octubre, la protesta de Lutero contra las prácticas de la iglesia medieval completa 500 años. Delante de eso, la Agencia Adventista Sudamericana de Noticias (ASN), órgano informativo oficial de la Iglesia Adventista en Sudamérica, trae, a partir del 24 de octubre, una serie para explicar los impactos que la Reforma Protestante causó a lo largo de ese período y que están visibles hasta hoy.

En esta primera  publicación, entienda el contexto político, social y religioso del siglo XVI, y los motivos que llevarán al surgimiento del protestantismo.


Los luteranos y los adventistas “comparten y afirman los principios de la Reforma: Sola Scriptura, Solus Christus, Sola Fide y Sola Gratia. Ambas iglesias se reconocen como herederas de la Reforma Protestante”. Esa fue una de las conclusiones de un documento firmado por teólogos de ambos lados, luego de una serie de diálogos interdenominacionales realizados al final de la década de 1990 (Lutherans & Adventists in Conversation: Report and Paper Presented 1994-1998, pág. 8).

Solo esos puntos convergentes justificarían una serie especial sobre los 500 años de la Reforma Protestante. Pero la importancia de la fecha va más allá de eso. La Reforma tuvo implicaciones teológicas, éticas, económicas y sociales. Aspectos que ciertamente serán explorados por la prensa secular y religiosa a lo largo de 2017. Sin embargo, para los adventistas, la relevancia de reflexionar sobre los 500 años de la Reforma tiene que ver con su identidad y misión. Los adventistas se consideran herederos y continuadores de ese movimiento, principalmente en lo que se refiere al rescate de la centralidad de la Biblia en la experiencia de la iglesia y en el quiebre con la apostasía institucionalizada del cristianismo.

Transición de una época

En cuanto a las acciones de los reformadores medievales como Juan Wiclef (1320 – 1384) y Juan Hus (1369 – 1415) fueron locales y permanecieron limitadas a sus regiones, pero el movimiento luterano repercutió en toda Europa occidental. Martín Lutero (1483 – 1546) protagonizó en Alemania un movimiento de transformación en la comprensión de la salvación, en una época de cambios significativos. El versículo bíblico “el justo por la fe vivirá” (Rom. 1:17) instigó el movimiento del reformador que vivió el pasaje del siglo XV al XVI y fue testigo de un intenso periodo de crisis en la cristiandad.

Sin embargo, las razones de la Reforma alemana no son explicadas solo por los abusos de la iglesia medieval. Había un contexto que favoreció el surgimiento del protestantismo. Por ejemplo, la transición del mundo feudal a la modernidad generó fricciones, conflictos e interrogantes. Esos tiempos se caracterizaron por las transformaciones en la economía, con el inicio del capitalismo comercial y la búsqueda incesante de beneficios. Sobre eso, según Andre Corvisier, Cristóbal Colón (1451 – 1506) había afirmado: “El oro es el tesoro y aquel que lo posee tiene todo lo que se necesita en el mundo. Con él tiene, también, el medio de rescatar las almas del purgatorio y de llamarlas al paraíso” (História Moderna, pág. 66).

En la política, la soberanía de los pequeños principados se disolvía, dando lugar a la centralización de las monarquías europeas. En la cultura, en tiempos del renacimiento, surgió una nueva percepción del mundo, del hombre y de Dios. La sociedad teocéntrica cedía espacio para la razón, que, poco a poco, avanzó sobre los dominios de la fe. En el campo del conocimiento, las fronteras de la información se expandieron y se estructuró el método científico.

En la geopolítica, los límites fueron reconfigurados en los viajes transoceánicos con los “descubrimientos” de los navegadores contemporáneos de Lutero, como Pedro Álvarez Cabral (1467 – 1520), Vasco da Gama (c. 1460 – 1524) y Cristóbal Colón (1451 – 1506). Esos exploradores conquistaron el Nuevo Mundo y generaron impacto en lo cotidiano de los nativos y europeos.

De acuerdo con P. A. Larivaille, Nicolás Maquiavelo (1469 – 1527) escribió en 1517 que, “en virtud de los malos ejemplos que se ven en la corte de Roma, Italia perdió toda devoción y todo sentimiento religioso, lo que da origen a una infinidad de desgracias y desordenes”. Maquiavelo atribuyó al clero católico la responsabilidad de que los italianos hubieran perdido toda devoción religiosa y se hayan vuelto malos (Itália no Tempo de Maquiavel: Florença e Roma, pág. 87).

En España, los reyes Fernando de Aragón (1452 – 1516) e Isabel de Castilla (1451 – 1504) pasaron a ejercer la intolerancia al intentar unir la Península Ibérica, creando el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en 1478. En esa época, creció también un sentimiento nacionalista en regiones bajo el dominio de los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, que criticaban el peso de tributos y contribuciones obligatorias de las autoridades seculares y eclesiásticas.

Crisis moral

Los años que antecedieron a Lutero se caracterizaron por la venta de cargos eclesiásticos, práctica conocida como simonía, que alcanzó diferentes niveles jerárquicos de la iglesia romana. Un ejemplo que llama la atención es el de la familia Borgia, que extendió su poder  de España hasta Italia. En 1492, Alejandro VI (1431 – 1503), se convirtió en el papa que dividió el Nuevo Mundo entre portugueses y españoles. El historiador Oliver Thomson se refirió a él como “presunto constructor de un estado pontificio en Italia, modelo de sadismo y manipulación política […]; fue un asesino, torturador tramposo y maníaco por el poder” (A Assustadora História da Maldade, pág. 330).

Su sucesor, en pleno Renacimiento, el papa Julio II (1503 – 1513), fue conocido por proteger y financiar artistas como Rafael, Bramante y Miguel Ángel. Derrochador, terminó involucrado en disputas y escándalos para la ampliación del territorio del Vaticano. Dejó los cofres de la iglesia vacíos y una enorme deuda derivada de la reforma de la Basílica de San Pedro. El volumen de gastos con esa obra fue tan absurdo que el papa sucesor, León X (1475 – 1521), resolvió crear el comercio de indulgencias para cubrir el déficit de recursos (História Moderna, pág. 67, 68).

En la opinión de Justo L. González, historiador protestante contemporáneo, León X, que se convirtió en pontífice en 1513, fue “uno de los peores papas de aquella época de papas indolentes, avaros y corrompidos”. Para González, “la gran basílica que hoy es el orgullo de la iglesia romana fue una de las causas indirectas de la Reforma Protestante” (A Era dos Reformadores, pág. 53).

Ante un cuadro negativo, el papa León X eligió su representante en Alemania, Juan Tetzel (1465 – 1519), para juntar fondos para el erario romano. Tetzel era un fraile sin escrúpulos, preocupado con el lucro, que hacía afirmaciones absurdas para vender indulgencias. Según González, anunciaba que “la cruz del vendedor de indulgencias tenía tanto poder como la cruz de Cristo” y que, en el caso que alguien comprara la indulgencia para un pariente fallecido, “tan pronto como la moneda cayera en el cofre, el alma salía del purgatorio”. Fue ese mismo papa, León X, que condenó a Lutero en 1520 por medio de la bula Exsurge domine y criticó 41 de las afirmaciones luteranas. Al año siguiente, el líder alemán fue excomulgado de la Iglesia Católica.

Otra práctica medieval condenable que generó mucha insatisfacción fue el culto a las reliquias: restos mortales o materiales de los llamados santos. Según el investigador Renato Cymbalista, allá en el siglo XVI, la creencia en estos objetos como canales de curas milagrosas incentivó solemnes procesiones por las calles y sacralizó altares de iglesias. El culto a las reliquias fue combatido por los reformadores, que rechazaban la idea de objetos como mediadores en la relación entre los fieles y Dios (“Relíquias sagradas e a construção do território cristão na Idade Moderna”, em Anais do Museu Paulista, 2006, v. 14, no 2, pág. 15).

La venta de indulgencias y el comercio de reliquias motivaron la protesta y la revuelta del fraile agustino con la divulgación de las 95 tesis. Según Jean Delumeau, la tradición protestante afirma que el detonante de la Reforma ocurrió el 31 de octubre de 1517, víspera del “día de todos los santos y fallecidos”, cuando peregrinos concurrieron a Allerheiligenkirche (Iglesia de Todos los Santos) del castillos de Wittenberg para tocar una de las 17 mil reliquias de Frederick III (1486 – 1525), príncipe de Sajonia y uno de los miembros electores del Sacro Imperio Germánico (Nascimento e Afirmação da Reforma, pág. 89). De acuerdo con el historiador austríaco Rudolf Zinnhobler, en 1545, en una nota autobiográfica, Lutero mencionó que fue en el cuarto de la torre del convento de ese castillo que él tuvo su experiencia liberadora con la gracia de Cristo (História da Igreja Católica, pág. 104).

El poder de la imprenta

Cambios culturales, crisis moral y explotación por parte de la iglesia. Todo eso generó un clima de gran insatisfacción, favorable a la Reforma, pero las ideas de Lutero no habrían tenido la misma repercusión si no fuese por la contribución de otro alemán: Juan Gutenberg (c. 1398 – 1468). Considerado el inventor de los tipos móviles, fue la innovación tecnológica de Gutenberg que ayudó a diseminar con gran velocidad las afirmaciones críticas sobre el valor de las indulgencias y también propagó los himnos compuestos por Lutero, como “Castillo Fuerte”.

Jean François Gilmont definió a la Reforma como “hija de Gutemberg” y afirmó que Lutero interpretó el surgimiento de la imprenta como providencia de Dios para la predicación del evangelio. El reformador llegó a escribir: “La imprenta es el último don de Dios y el mayor. Efectivamente, por medio de ella Dios quiere dar a conocer la causa de la verdadera religión a toda la Tierra, hasta los confines del mundo” (História da Leitura no Mundo Ocidental, pág. 47).

En la Edad Media, la Biblia era accesible solo para los eruditos en latín. Fue solo al final del siglo XIV  que Juan Wiclef (c. 1320 – 1384) y sus colaboradores la traducirían al inglés. En esa época, según André Biéler, surgió un esfuerzo visible de colocarla en el idioma del pueblo. Se estima que “de 1457 a 1517 fueron publicadas más de 400 ediciones de la Biblia” (O Pensamento Econômico e Social de Calvino, pág. 44). Al final del siglo XV, el libro sagrado estaba traducido en 35 lenguas. En 1516 fue dado otro importante paso: la impresión de la primera edición del Nuevo Testamento en griego, de Erasmo de Róterdam, que sirvió de base para la mayoría de las traducciones realizadas luego de la Reforma Protestante. El propio Lutero, entre 1521 y 1522, tradujo el Nuevo Testamento en el castillo de Wartburg, en Eisenach, a partir del texto griego de Erasmo. Con la ayuda de otros colaboradores, la Biblia completa en alemán fue publicada en 1534.

Como efecto colateral y positivo de ese énfasis protestante en la lectura y en el medio impreso, fue necesario invertir en la alfabetización de una sociedad hasta entonces en gran parte iletrada. Conforme a Arlete Menezes, en su disertación de maestría, defendida en la Universidad Estatal de Maringá, Lutero contribuyó al surgimiento de una educación de niños y jóvenes accesible a todos y de competencia de los gobernantes. Para él, el principal tema de estudio en las escuelas debería ser el conocimiento bíblico. El reformador tenía en mente la formación de líderes para la iglesia y de ciudadanos aptos para participar de la esfera pública. La mayoría de sus concepciones educacionales está contenida en cinco de sus libros (“Sobre o Papel da Educação na Concepção Religiosa de Martinho Lutero”, pág. 12).

En la opinión de Elena de White (1827 – 1915), pionera adventista que vivió dos años en Basilea (Suiza) y visitó en tren los lugares históricos de la Reforma en Alemania, la influencia de Lutero no solo iluminó a la iglesia, sino al mundo. “El más distinguido de todos los que fueron llamados a guiar a la iglesia de las tinieblas del papado a la luz de una fe más pura, fue Martín Lutero. […] Fue Lutero el hombre de su época. Por su medio realizó Dios una gran obra” (El conflicto de los siglos, pág. 113).

Lutero dejó el legado de una nueva comprensión de la Biblia, con base en el amor y en la fe en Jesucristo. Por lo tanto, recordar los 500 años de la Reforma no es una cuestión de apego a la tradición eclesiástica y a la historia. Significa, por encima de todo, reafirmar los fundamentos bíblicos redescubiertos y confesados por los reformadores, sin los cuales estaríamos a la deriva en el océano de incertidumbres que caracteriza al tiempo actual.


ELDER HOSOKAWA es magíster en Historia Social por la Universidad de San Pablo (USP) y coordinador de la Licenciatura en Historia en el Centro Universitario Adventista de San Pablo (Unasp), campus Engenheiro Coelho.

(Artículo publicado originalmente en la edición de febrero de 2017 de la Revista Adventista brasileña).

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