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La iglesia se convirtió en una familia para mí

Graciela recuerda que al llegar a la iglesia los hermanos le mostraron a un amigo: Jesús. Hoy, ella sabe que Él la sostiene y ella quiere ser fiel a una promesa: “Con mi marido le dijimos a Dios que destinaríamos una habitación de la casa para el Señor".

 

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Graciela y el Pr. David Brizuela.
Foto: Andrea Olmedo

Buenos Aires, Argentina… [ASN]

Graciela sufrió el abandono de sus padres pero encontró en Jesús y en los hermanos de iglesia la contención necesaria para salir adelante. Desde este viernes recibirá el sábado en su casa en un salón que con su esposo construyeron especialmente para que los chicos de la zona puedan estudiar la Biblia.
Los ojos húmedos en el rostro de Graciela son un signo inequívoco de la emoción que Dios puede generar en un corazón. Ella, quizás como nadie, pudo comprobar en su vida aquel pasaje bíblico que señala: Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá en sus brazos” (Salmos 27:10). Precisamente, ella sufrió el abandono familiar desde muy pequeña y fue Jesús quien llegó para sanar sus heridas. “La iglesia se convirtió en una familia para mí”, confiesa esta hermana de la iglesia de Campana a punto de ingresar a la jornada de jueves de la campaña satelital en el Instituto Adventista de Florida (IAF).
“Los hermanos me ayudaron a sostenerme y me apoyaron en los problemas que tuve que enfrentar”, explica mientras agradece especialmente al Pastor David Brizuela, quien está a su lado. “A veces ella a través de sueños recuerda parte del maltrato que sufrió de chica”, dice él en referencia a la violencia física que sufrió de parte de su familia.
A pesar de que Graciela admite que su madre “nunca mostró interés” en ella, y que apenas vio a su padre una vez, ella no guarda rencor. Al contrario, dice: Sigo orando por mi familia, sé que Dios transformará esos corazones. Quiero que ellos estén en el Reino de los Cielos”.
Graciela recuerda que al llegar a la iglesia los hermanos le mostraron a un amigo: Jesús. Hoy, ella sabe que Él la sostiene y ella quiere ser fiel a una promesa: “Con mi marido le dijimos a Dios que destinaríamos una habitación de la casa para el Señor. Hicimos una sala grande y desde este viernes la usaremos para recibir el Santo Sábado y para enseñar allí la Biblia a quienes no tienen la posibilidad de conocer a Dios”, cuenta, aún invadida por la emoción.

[Equipo ASN, David Flier]

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