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[Artículo] Rescatemos nuestros valores

Pastor Erton Köhler, líder de la Iglesia Adventista para América del Sur

Brasilia, DF…[ASN] ¡Vivimos en tiempos difíciles! Eso ya fue anticipado por la Biblia (2 Tim. 3:1), pero es confirmado cada día por las noticias. He observado esa realidad con preocupación y oración, analizando su influencia sobre la iglesia y lo que podemos hacer para minimizar o eliminar su efecto. Algunas preguntas surgen naturalmente: ¿Fuimos llamados para cambiar el mundo o para adaptarnos a él? ¿Vamos a permanecer firmes a nuestra misión como remanente, o debemos tornarnos más condescendientes? ¿Continuaremos como un gran movimiento o nos tornaremos solamente en un imponente monumento? En los últimos días, ¿seremos más semejantes o más diferentes al mundo que nos rodea? ¿Nos identificaremos con sus hábitos para ser aceptados, o vamos a adherirnos a la Palabra de Dios para ser salvos? Proféticamente, ¿seremos cada día más admirados y populares, insertados en la cultura o, por causa de la fidelidad, acabaremos en una ruta opuesta, hasta el punto en el que la convivencia sea imposible?

 

Conocemos las profecías y sabemos que en estos tiempos, más que nunca, la iglesia debe ser la voz de Dios y no el eco de la cultura. Entendemos nuestro papel como remanente con un estilo de vida distintivo en los días finales de la historia. Pero ¿por qué algunos terminan cediendo a la presión para ser más genéricos y menos adventistas? ¿Por qué cierran los ojos a la realidad y escogen la zona de comodidad? El mensaje parece estar tan claro en el campo del conocimiento, ¡pero no ejerce influencia sobre el comportamiento! Dwight Moody acostumbraba decir que “la Biblia no fue dada para aumentar nuestro conocimiento, sino para cambiar nuestra vida”.

 

Para dispersar estas tensiones, preocupaciones y hasta desatenciones, la Iglesia Adventista en América del Sur oró, elaboró, discutió, profundizó y aprobó un documento que refuerza la visión de nuestro estilo de vida. Este documento rescata la visión de un pueblo peculiar, escogido directamente por Dios y con una misión especial para este momento de la historia. Su contenido fue basado en la Biblia, con el apoyo de los escritos inspirados de Elena de White, y sigue la visión oficial de la iglesia, publicado en el Manual de iglesia y en el libro Tratado de teología adventista del séptimo día.

 

La propuesta central es presentar conceptos y principios fundamentales, sin necesariamente tocar en detalle cada una de las cuestiones mencionadas. Cada miembro sincero debe evaluar su vida a la luz de estos principios bíblicos. No es fácil elaborar un contenido tan profundo y, al mismo tiempo, hacerlo de forma compacta. Pero después de un largo período de oración, evaluación y discusión en diferentes foros de la iglesia, el documento fue votado oficialmente en la comisión directiva de la División Sudamericana en el mes de noviembre del año pasado. La aprobación final incluyó al liderazgo de la iglesia, pastores distritales y miembros representantes de todas nuestras regiones administrativas (Uniones).

 

Al presentar este tema a la iglesia, no tenemos como objetivo incentivar una visión legalista, ni alimentar excesos ni crear un ambiente de acusaciones, sino provocar reflexión y profundizar el proceso de santificación y discipulado, involucrando a cada miembro de la iglesia. La persona que realmente entregó su vida a Jesús anda en “vida nueva” (Rom. 6:1-11). “[…] nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Cor. 5:17). En verdad, “la conversión aleja al cristiano del mundo, pero la santificación debe alejar al mundo del cristiano” (Juan Wesley).

 

No tengo la ilusión de que un documento, un voto o una simple hoja de papel tenga poder para transformar el comportamiento de las personas. Pero creo que puede ser un gran punto de partida para rescatar valores que salgan del interior hacia el exterior. Valores que no pueden ser olvidados y deben ser renovados en la vida de la iglesia en este momento de profundas crisis y decisiones morales, éticas y especialmente espirituales.

 

Sin duda, todo comienza con la acción del Espíritu Santo, pero no puede permanecer restringido al corazón. Al fin y al cabo, “el cristianismo no tiene que ver con lo que usted hace, sino con a quién usted conoce. Pero a quien usted conoce cambia lo que usted hace” (Lee Venden). La conversión sucede en el interior, pero la confirmación debe aparecer en el exterior. Fuimos llamados para ser un pueblo diferente y con una clara identidad. No podemos comprometerla, especialmente en esta recta final de la jornada. Elena de White vio a aquellos que “Iban por el camino ancho, y sin embargo profesaban ser de los que viajaban por el camino estrecho. Los que iban a su lado decían: ‘No hay distinción entre nosotros. Todos somos iguales; nos vestimos y hablamos y procedemos del mismo modo’ ” (Mensajes para los jóvenes, p. 125).

 

Necesitamos una distinción más clara, pero algunas cuestiones prácticas a veces fragilizan esa identidad.

 

a. Comunión. La vida espiritual no puede estar reservada apenas para el sábado. Debemos ser adventistas los siete días, dedicando la primera hora de cada día para estar en la presencia del Señor. Solo así la vida cristiana será consistente, fructífera y feliz. “Solamente estando en comunión con él diariamente, a cada hora permaneciendo en él, es como hemos de crecer en la gracia” (Elena de White, El camino a Cristo, p. 69). La Biblias abandonadas producen cristianos desorientados. Recuerde que no tener tiempo para Dios es vivir perdiendo el tiempo.

 

b. Comportamiento. No podemos ser cristianos que llevan vidas paralelas, una el sábado y otra en la semana. Estamos siendo fragilizados por personas que viven una fachada de piedad en la iglesia y un comportamiento totalmente secularizado fuera de ella. Esto enflaquece el poder de la verdad, torna a la vida cristiana en una gran falsedad y lleva a la crisis espiritual y a la apostasía. Pero aún: desanima a las nuevas generaciones que terminan teniendo la percepción de que la religión es una gran fantasía. Como desean autenticidad, salen a buscarla afuera.

 

c. La diversión y los medios. ¿Qué lugares estamos frecuentando? ¿Encajan con nuestros principios? ¿Pueden acompañarnos los ángeles de Dios? Los estadios de fútbol, las discotecas bailables, el cine y otros lugares similares, ¿combinan con nuestra preparación para el cielo? Las películas o programas de televisión que miramos, los sitios que visitamos o las redes sociales en las que participamos, la música que oímos y aquello que leemos, ¿está fortaleciéndonos en la jornada? No existe territorio neutro. O nuestras elecciones nos llevan hacia Dios o nos alejan de él. Debemos cuidar mucho las “vías de acceso al alma”. “Nuestra única seguridad consiste en que la gracia de Dios nos escude en todo momento y en no apagar nuestra percepción espiritual al punto de llamar bien al mal, y mal al bien.  Sin vacilación ni discusión debemos cerrar y guardar del mal las vías de acceso al alma” (El hogar cristiano, p. 366).

 

d. Apariencia personal. Esta es un área polémica, para la cual también hay un “así dice el Señor”. El principio bíblico incluye modestia y decencia con buen gusto (1 Tim. 2:9, 10; 1 Ped. 3:3, 4). No podemos abrir la puerta a la idolatría o a la esclavitud del cuerpo. Nuestro desafío debe ser mantener el exterior e invertir en el interior. Este cuidado debe ir más allá e invluir la cuestión de las joyas, aun las más discretas, las uñas pintadas, o todo aquello que escape a la discreción (1 Tim. 2:9 y 1 Ped. 3:3). “El vestir sencillamente y abstenerse de ostentar joyas y adornos de toda clase está de acuerdo con nuestra fe” (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 404).

 

e. Sexualidad. El sexo es una bendición dada por Dios. No debe ser tratado de forma negativa, mientras que involucre a la persona correcta, en el momento correcto y de la manera correcta. Es decir, dentro del casamiento entre un hombre y una mujer. Las formas alternativas de sexo están fuera del plan y de la bendición de Dios. El sexo no es una cuestión de opción o atracción, sino de un regalo de Dios. Por otro lado, debemos respetar los límites divinos escogiendo a alguien que posea la misma fe y manteniendo los votos asumidos en el casamiento. Sin embargo, para aquellos que sufren tentaciones o que han caído en cualquier área del comportamiento sexual, la promesa de victoria en Dios es animadora: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13); ““Quienes confían en Cristo no han de ser esclavos de tendencias y hábitos hereditarios o adquiridos. […] Dios no deja que peleemos contra el mal con nuestras fuerzas limitadas. Cualesquiera que sean las tendencias al mal, que hayamos heredado o cultivado, podemos vencerlas mediante la fuerza que Dios está pronto a darnos” (El ministerio de curación, p. 131).

f. Alimentación. Tenemos orientaciones claras en esta área, pero muchas veces las dejamos en segundo plano. No podemos olvidar que “la verdadera religión y las leyes de la salud van de la mano” (El ministerio de la bondad, p. 131). “Debemos trabajar para alcanzar tanto la salud del cuerpo como para salvar el alma” (Consejos sobre la salud, p. 204). Para eso, nuestro alimento debe ser escogido en base al deber y no al placer. Pero las orientaciones divinas no se limitan solamente a la comida. También incluyen aquello que bebemos y abarcan todo el cuidado del cuerpo. El dominio del apetito es un inmenso desafío que solo puede ser enfrentado por el poder de Dios.

 

g. Sábado. Es “[…] la gran piedra de toque de la lealtad” (Eventos de los últimos días, p. 229). Debemos rescatar la santidad de los momentos entre la puesta del sol del viernes y la puesta del sol del sábado. Es tiempo santificado para Dios, para el crecimiento espiritual y para ser dedicado a su causa. Cuidado como los trabajos, incluso los que parecen justificables, viajes u otras actividades de interés personal. Si hacemos concesiones por cosas tan pequeñas, ¿seremos capaces de un día dar nuestra vida para defenderlo?

 

Estamos preparando a un pueblo para la venida de Jesús, así como hizo Juan el Bautista. Isaías 40 y Malaquías 4 tienen profecías específicas sobre esa misión, Por lo tanto, Juan el Bautista es un modelo profético de la Iglesia Adventistas. Observe cuán grande es el énfasis que se le da a su estilo de vida, especialmente en relación con la comida, la bebida y la vestimenta (Mat. 3:4; Mar. 1:6; Luc. 1:15). Esto muestra que un estilo de vida específico y ordenado por Dios es un aspecto importante en el cumplimiento de la misión profética de quien prepara el camino para la venida del Señor.

 

Tenemos una gran oportunidad ante nosotros. Fueron impresas cerca de 500 mil copias de este documento que deberán ser entregadas a cada una de nuestras familias. La iglesia está siendo invitada a separar un tiempo para hacer su lectura el día 9 de marzo, cuando cada congregación estará participando del movimiento de “10 horas de ayuno y oración”. Un video fue preparado para ayudar en la lectura general y también una versión resumida del documento fue producida en lenguaje ameno para adolescentes (los materiales están disponibles en Internet en portaladventista.org y reavivamientoyreforma.com, o en cada Asociación/Misión). Todo eso para que el tema sea tratado dentro de un clima de consagración e intercesión, buscando conocer mejor la voluntad de Dios. ¿Cuál será su reacción?

 

1. ¿Proyección? “Espero que el pastor lea y practique este documento. Él debe dar el ejemplo”; “Ahora la comisión de la iglesia tendrá fuerza para disciplinar a esos jóvenes desobedientes” o “Espero que nuestras hermanas respeten este documento y cambien su comportamiento”. No son ellos los que necesitan este mensaje, sino usted. No caiga en esta artimaña del enemigo.

 

2. ¿Rechazo? “Tenemos cosas más importantes para preocuparnos”; “Lo que vale es el interior”; “Cuidado con el radicalismo” o “Todo eso es relativo. Las cosas no son tan así”. La realidad es que “Las verdades no son relativas. Relativas son las opiniones sobre la verdad” (Nicolás Gomes Dávila). No cierre la puerta del corazón.

 

3. ¿Aceptación? En oración y evaluación personal, pregunte: “¿En qué área puedo mejorar?”; “¿Qué decisiones debo tomar?”; “¿Cómo puedo recomenzar?”. Recuerda que “Dios no despide a nadie que esté vacío, excepto aquellos que están llenos de sí mismos” (Dwight Moody).

 

Tenga por seguro que “El cielo pagará cualquier prejuicio que podamos llegar a sufrir para ganarlo; pero nada puede pagar el prejuicio de perderlo” (Richard Baxter). Por eso, “debiéramos continuamente ir disminuyendo la dependencia terrenal, e ir aferrándonos del cielo” (Desde el corazón, p. 22). Esto implica comenzar a vivir el estilo de vida del cielo, estando aún en la tierra. Rescatemos juntos nuestros valores.

Pastor Erton Köhler es líder sudamericano de la Iglesia Adventista Del Séptimo Día

 

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Comentarios

  • Capellania Coadf Adventista Be

    Bendiciones les desea la capellanía adventista de fortul- arauca – Colombia

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