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Grupo de 25 familias consagrado a la misión mundial

La última ceremonia por la que pasaron los misioneros fue emblemática. Dejaron sus huellas en un mapa, simbolizando lo que la Biblia dice sobre la conquista por la fe.

Momento de consagración.

Momento de consagración.

Brasilia, DF… [ASN] Las lágrimas, la ansiedad y las preocupaciones forman parte de cualquier tipo de despedida. Y fue exactamente eso los que caracterizó el encuentro especial de inspiración realizado desde el miércoles 18 al sábado 21 de febrero en la sede sudamericana de la Iglesia Adventista del Séptimo día, en Brasilia. El encuentro es parte del proyecto Misioneros para el mundo, que costea el viaje de 25 familias a regiones del planeta con baja presencia del cristianismo. No es la primera vez que misioneros adventistas sudamericanos son enviados de esa manera, pero es inédito el envío tan significativo de una sola vez. En la mayoría de los países a los que están siendo enviados, los cristianos representan menos del 1% de la población.

El llanto de algunos familiares que ya sienten el dolor de la separación de los hijos e hijas que se van lejos no fue la única característica del programa. Lo que más se escuchó entre los misioneros fue el deseo de servir a Dios con dedicación completa y de usar las habilidades para un desafío al que pocos se someten.

Para garantizar la seguridad del proyecto, la ASN (Agencia Adventista Sudamericana de Noticias) conversó con varios misioneros, pero prefirió no identificarlos a ellos ni a los lugares a los que van a servir o los detalles de los proyectos. La mayoría ya viajó al exterior después del encuentro, con poco equipaje. Cuatro maletas, por ejemplo, es todo lo que le quedó a un matrimonio que está junto hace dos años. Ellos vendieron todas sus pertenencias y afirman que el futuro no les preocupa. La esposa explica que los dos ya habían pasado por otras experiencias misioneras cortas, pero que nada se compara con la que los espera por delante. “Lo que más nos preocupa es la seguridad de las personas y la dificultad de alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto”, admite.

El marido destaca la necesidad de preparación espiritual. “Ahora sentimos que dependemos por lo menos unas diez veces más de Dios para este tipo de misión. Veníamos orando hacía algún tiempo para actuar en la misión, pero ahora llegó la hora”, comenta.

Otra joven, de más o menos 30 años, también casada hace poco tiempo, simplemente le agradece a Dios por la oportunidad de participar de un proyecto como este. Después de perder a sus padres, ayudó a criar a sus hermanos menores y pasó por serias dificultades financieras. Incluso a pesar de eso, por lo que ella considera providencia divina, consiguió recursos, becas, y pudo seguir sus estudios. No pensó solamente en ella y, con su formación educativa, ya ha servido como misionera en el continente africano por dos años. En aquel lugar fue responsable, junto a su marido, de iniciar una escuela con principios cristianos en un país pobre, y hoy el establecimiento tiene cerca de 800 estudiantes. Lo más interesante es que esta joven cambió la beca completa para maestría y doctorado por la posibilidad de volver al campo misionero. “La persona que se ofreció a pagarme el doctorado me dijo que era peligroso irme y que debía reconsiderarlo, pero estoy segura de lo que haré”, afirma.

Salmo que decidió

Otro misionero que conversó con la ASN mostraba bastante optimismo e intentaba esconder cierta ansiedad por el viaje y llegada de la familia al destino de los próximos cinco años (tiempo total previsto del proyecto). Él informó que aceptó el desafío al entender que había una necesidad de la iglesia en la que él podría ayudar gracias a su conocimiento del idioma inglés, entre otras características. Sin embargo, confiesa que cuando comenzó a conocer los detalles de algunos de los lugares a los que podía ir, dudó. “Fue por ese tiempo que una noche, alrededor de las 4 de la madrugada, me desperté de una pesadilla y una persona, que hoy no sé decir quién era, me mandó un mensaje de texto con el Salmo 56. El texto no podría ser más consolador: “En Dios he confiado; no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre?”. Desde aquel momento, el misionero asegura que no tuvo ninguna duda más con respecto al llamado.

Selección y capacitación

El proceso de selección del grupo que va al campo misionero fue largo y tomó en cuenta la adaptación a las necesidades de las regiones. El pastor Herbert Boger, coordinador general del proyecto Misioneros para el mundo, afirma que el lanzamiento de dicho proyecto ocurrió en mayo del año pasado. Fue en ese momento cuando se definió que la División Sudamericana costearía de manera integral los gastos personales de las 25 familias y el costo de los proyectos.
De 130 familias preseleccionadas, quedaron 50 gracias a tres características principales: amplio conocimiento del idioma inglés, experiencia anterior en la misión en otras culturas y el hecho de que por lo menos uno de los dos cónyuges tenga una segunda profesión. En septiembre pasado, las entrevistas personales realizadas con cada uno de los interesados arrojaron finalmente el número final de familias seleccionadas (24 y una más seleccionada directamente por la División). El siguiente paso fue conducir a ese grupo a una inmersión durante 21 días en un programa del Instituto de Misiones, que tuvo lugar en Manaos, capital del Amazonas. “Allí leyeron libros, vieron videos, participaron en seminarios, escucharon testimonios y entraron en contacto con los ribereños y algunas tribus indígenas, a modo de preparación para lo que vendrá”, agrega el pastor Boger.

Deuda pagada

Pr. Erton habló en la Iglesia Central de Brasilia durante la consagración final de los misioneros (al fondo) e perante um público expectante e emocionado sobre os desafios na missão – Crédito: Victor Trivelatto.

El pastor Erton tomó la palabra en la Iglesia Central de Brasilia durante la consagración final de los misioneros (al fondo) y delante un público expectante y emocionado sobre los desafíos en la misión – Crédito: Victor Trivelatto.

Para el pastor Erton Köhler, líder adventista sudamericano, el proyecto Misioneros para el mundo es una manera de pagar una “deuda” que tiene la Iglesia a razón del empeño misionero de los que llega ron a este territorio hace algunas décadas. “La obra comenzó aquí gracias al esfuerzo de personas de otros países y eso hizo toda la diferencia. Además, creemos que somos una familia y que las instituciones existen para unir y no para dividir. Por eso, invertimos de esta manera en el envío de misioneros”, resaltó el pastor Köhler.

El pastor Jonas Arrais, quien actúa en el área Ministerial de la Asociación General de la Iglesia Adventista y actúa junto a los pastores, comentó que hay una visión muy positiva de este movimiento para el envío de misioneros sudamericanos a otros lugares del mundo. Él explicó que la Iglesia Adventista mundial ha establecido sedes en lugares estratégicos que abarcan países con poca tolerancia al cristianismo, pero que está consciente de la necesidad de amparo y atención especial a los misioneros que están allá. “Tenemos amparo y auxilio para que, en situación de peligro, si es necesario, incluso podamos sacar a las personas de determinado país. Sin embargo, dejamos claro que todos saben que quien acepta este tipo de desafío tiene un precio que pagar”, informa.

La última ceremonia por la que pasaron los misioneros fue emblemática. Dejaron sus huellas en un mapa, simbolizando lo que la Biblia dice sobre la conquista por la fe de nuevos territorios. Esa fe será necesaria no solo para contener la ansiedad, sino también para superar los desafíos del idioma, el contraste de culturas y para que cada uno se convierta en un verdadero centro de influencia frente de otras personas. [Equipo ASN, Felipe Lemos]

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