Noticias – Adventistas

Wilson Borba

Wilson Borba

Sola Escritura

Doctor en Teología. Nació en Cruz Alta, RS, Brasil. Actúa como profesor y director del SALT-FAAMA. Descripción: Las doctrinas bíblicas explicadas de manera simpe y práctica para la vida cristiana.

El santuario que está en el cielo

Réplica del santuario, según lo descrito por la Biblia. (Foto: Shutterstock)

¿La Biblia enseña sobre la existencia de un santuario o templo divino en el cielo? El objetivo de este artículo es responder tal pregunta, presentando algunas características del santuario celestial.

  1. El santuario celestial es real. Los adventistas del séptimo día creen en la existencia de un santuario real en el Cielo.[1] Creemos en su literalidad. Usamos la palabra literal no porque entendemos que el santuario celestial esté construido con argamasa, sino para enseñar su realidad. Luego, no creemos que su existencia sea alegórica, figurativa o metafórica.[2] Desde los escritos del Antiguo Testamento, la Biblia enseña sobre la existencia de un templo o Santuario real en el Cielo.[3] “Jehová está en su santo templo; Jehová tiene en el cielo su trono; Sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres” (Salmos 11:4).[4]

Al apóstol Juan también se le mostró el santuario celestial. “Entonces se abrió el templo de Dios que está en el cielo, y en el templo se veía el arca de su alianza. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y una gran granizada” (Apocalipsis 11:19, DHH). El santuario de Dios es tan real como su trono, nuestro Sumo Sacerdote Jesucristo y su ministerio celestial. Note, estimado lector, que Juan además de identificar el santuario celestial cuidadosamente, evitó confundir el santuario con el cielo. Explícitamente, el apóstol declara que el santuario “está en el cielo”, esto es, en el οὐρανός (ouranós). Por tanto, el cielo no es el santuario y este no es el cielo.

  1. El santuario celestial fue fundado por Dios. Juan, al afirmar que el templo visto en el cielo es el “templo de Dios”, evidencia que el mismo Dios es su fundador. La epístola a los Hebreos afirma explícitamente que Jesucristo “se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre” (Hebreos 8:1, 2). Los capítulos 8 y 9 de esta carta contrastan el santuario celestial del nuevo pacto con el santuario terrenal del primer pacto. Uno estaba en la Tierra y el otro en el cielo. “El santuario del primer pacto fue asentado por el hombre, construido por Moisés; éste segundo es asentado por el Señor, no por el hombre”.[5
  2. El santuario celestial es el verdadero tabernáculo. La declaración de que Cristo es “ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre” (Hebreos 8:2) implica la superioridad del santuario celestial en relación al terrestre. Después de la muerte de Jesucristo en la cruz, el servicio del santuario terrenal caducó (Mateo 27:51), abriendo el camino para su ministerio sacerdotal en el santuario celestial.

La palabra griega σκηνή (skēnē) es traducida 15 veces en el Nuevo Testamento como tabernáculo y cuatro veces como tienda. Pero no deberíamos imaginar que el santuario celestial sea una tienda como aquel construido por Moisés, porque su cualidad y dimensiones lo superan en perfección y superioridad. “Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación” (Hebreos 9:11). La grandeza del santuario celestial también es evidenciada en Daniel 7:9-10. Se trata de una escena de juicio presentando a Dios, el Anciano de días en su trono y millones y millones de seres celestiales que le servían.

  1. El santuario celestial sirvió de modelo para el santuario terrenal. “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis” (Éxodo 25:8, 9). La palabra hebrea traducida como modelo es תַּבְנִית (tabnît). Tabnit se refiere a “un diseño o modelo para un edificio (2 Reyes 16:10; 1 Crónicas 28:11-19), una imagen o figura de algo (Deuteronomio 4:16, 18; Salmos 106:20; Isaías 44:13; Ezequiel 8:10; 10:8), una réplica o símil (Josué 22:28). Generalmente describe un objeto tridimensional y en la mayoría de los casos presupone la existencia de un original”.[6]

Moisés construyó el santuario y todos sus muebles en el desierto, a través de una planta miniaturizada del santuario celestial. Según el autor del libro de Hebreos, los sacerdotes del antiguo pacto “sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte” (Hebreos 8:5). En este texto, la palabra figura viene del respectivo término griego ὑπόδειγμα (hypodeigma), que también significa copia o imitación. [7]

Ya el término sombra es traducción de σκιά (skia), que significa una proyección de algo mayor. La sombra no es la realidad principal y original, sino una proyección venida de un modelo o realidad mayor. El santuario terrenal era sombra del original celestial. Los corderitos sacrificados eran una sombra proyectada hacia atrás del Cordero de Dios muerto en el Calvario. Igualmente, los sacerdotes terrenales eran una sombra del Sacerdote celestial Jesucristo, porque su “ministerio en el santuario celestial era el gran objeto que arrojaba su sombra hacia atrás y aclaraba el ministerio del sacerdocio judío”.[8]

  1. El santuario celestial y el terrenal se relacionan estructuralmente. “Tenía empero también el primer pacto reglamentos del culto, y santuario mundano” (Hebreos 9:1, Reina-Valera Antigua). Note la expresión en cursiva también. “La estructura de dos departamentos del santuario terrenal apunta no solamente a un santuario celestial con dos partes, sino también al ministerio en dos fases de Cristo en ese lugar”.[9] Entretanto, tomando en cuenta que el santuario celestial sirvió de modelo para el terrenal, deberíamos ver principalmente el santuario terrenal a la luz del celestial y no al contrario.[10]

Tanto el pacto del Sinaí como el del Calvario tienen su santuario y su ministerio. En el terrenal había dos ambientes. El primero, denominado Lugar Santo, donde estaba el candelabro con las siete lámparas, una mesa con los panes de la proposición y el altar de incienso. Allí ocurría el servicio diario de intercesión de los sacerdotes por el pueblo de Dios (Éxodo 40:22-25). Después del velo estaba el Lugar Santísimo.

Se permitía la entrada solamente del sumo sacerdote, una vez al año. En el Santísimo estaba el arca del Pacto con su tapa, llamada propiciatorio y dentro de ella las tablas de piedra de la Ley de los Diez Mandamientos (Éxodo 25:21; 31:18; 32:15, 16; 40:20; Hebreos 9:5). Dos querubines miraban reverentemente hacia el arca, representando el respeto de los ángeles celestiales por la Ley de Dios (Éxodo 40:1-6; Hebreos 9:1-7). El libro de Apocalipsis presenta visiones del santuario celestial.[11] Describe a Cristo como Sacerdote en el Lugar Santo, andando entre los siete candeleros (Apocalipsis 1:12-16). Igualmente, presenta el altar de incienso (Apocalipsis 8:3-5) y el Lugar Santísimo con el arca del Pacto (Apocalipsis 11:19).

  1. El santuario celestial y el terrenal se relacionan funcionalmente. Como el santuario terrenal fue proyectado de según el celestial, se sugiere no solo una correspondencia estructural entre ellos sino también funcional.[12] El santuario terrenal fue un punto de acceso al celestial (Isaías 6:1-7), lugar de la manifestación divina y del culto verdadero (Éxodo 40:34, 35; Números 17:1-13). El santuario celestial es el lugar de la morada de Dios, lugar de reunión, de adoración y donde Él manifiesta su voluntad, juicio y perdón (1 Reyes 8:31, 32, 34, 36, 39, 43; Daniel 7:9-10; Apocalipsis 4:4-11). Es el lugar “donde el Dios transcendente se encuentra con sus criaturas celestiales”.[13] Aunque ningún edificio pueda contener a Dios, Él “condesciende en morar entre sus criaturas, entrar en su esfera de acción, morar en la Tierra y en el cielo con el fin de hacerse accesible a ellas (1 Reyes 8:27-30)”.[14] El santuario terrenal representaba el santuario celestial, el centro del gobierno de Dios. Era llamado el Tabernáculo del Testimonio (Números 17:7), porque allí estaban las tablas del Testimonio (Éxodo 31:18; Números 17:4), o sea, la copia de la Ley de Dios escrita por el dedo de Dios en tablas de piedra. En el santuario celestial está la Ley original, por la cual el santo Rey rige a todos los seres pensantes del Universo.
  2. En el santuario celestial está el centro de nuestra esperanza. En este santuario está Jesús, nuestro sumo sacerdote y centro de nuestra esperanza, realizando la obra final en favor de su pueblo. Según la escritora Ellen White, “El Santuario que está en el cielo es el mismo centro de la obra de Cristo en favor del hombre. Concierne a toda alma viviente sobre la Tierra. Abre ante la vista el plan de redención, proyectándonos hasta el mismo fin del tiempo, y revelando el resultado triunfal del conflicto entre la justicia y el pecado. Es de la mayor importancia que todos investiguen cuidadosamente estos temas, y así estén capacitados para dar respuesta a todos los que demanden razón de la esperanza que hay en ellos”.[15]

Meditemos en Jesús crucificado, pero también en Él resucitado y ministrando en nuestro favor en el santuario celestial. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16), porque ya que Él “…fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:28).

Referencias

[1]William G. Johnsson, “O Santuário Celestial – Figurativo ou Real?”, en A luz de hebreus, editado por Frank B. Holbrook (Engenheiro Coelho, SP: Unaspress, 2013), 4:45-62. De aquí en adelante: Johnsson.

[2]“O Santuário Celestial: Conceito Figurado ou Literal”, en Questões sobre doutrina, 1ª ed. (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 2009), p. 266-268.

[3]Para un estudio más detenido sobre el santuario celestial en los escritos del AT y del NT, ver: Elias Brasil de Souza, O Santuário Celestial no Antigo Testamento (Santo André, SP: Academia Cristã, 2015); y Ángel Manuel Rodríguez, “Santuario”, en Tratado de Teología Adventista del Séptimo Día, 1ª ed. (Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 2009). De aquí en adelante: Rodríguez.

[4]A menos que se indique de otra manera, los pasajes bíblicos son citas de la versión Reina-Valera 1960, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

[5]Ellen G. White, El conflicto de los siglos, edición digital © 2012 (Ellen G. White Estate, 1954), p. 465.

[6]Rodríguez, p. 433.

[7]Francis D. Nichol ed., Comentário Bíblico Adventista do Sétimo Dia, 1ª ed. (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 2014), p. 480.

[8]Ellen G. White, Los hechos de los apóstoles, edición digital © 2012 (Ellen G. White Estate, 1957), p. 200.

[9]Rodríguez, p. 434.

[10]Johnsson, 4:45-62.

[11]Kenneth Strand, “Las ocho visiones básicas” en Simposio sobre Apocalipsis-I, editado por Frank B. Holbrook, 1ª ed. (Doral, FL: Asociación Publicadora Interamericana, septiembre de 2010), p. 59-84.

[12]Rodríguez, p. 484.

[13]Ibíd., p. 434.

[14]Ibíd.

[15]Ellen G. White, Cristo en su santuario, edición digital © 2012 (Ellen G. White Estate, 2008), p. 46, 47.

 

WordPress Image Lightbox Plugin