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Revelación

En este artículo Wilson Borba explica lo que es la revelación general y la especial que tiene que ver con nuestra decisión.


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El tema de la revelación es fundamental para establecer la autoridad divina y suprema de las Sagradas Escrituras. ¿Qué es revelación? Es la acción de Dios de abrir la cortina de lo desconocido y dar a conocer a los seres humanos cosas que no conocen y que de otra manera jamás podrían obtener ese conocimiento. La revelación de Dios es necesaria, pues él es eterno, omnipotente y trascendente. En contraste con los seres humanos, su sabiduría y conocimientos son infinitamente superiores. “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11:33).

La ciencia, la razón y la filosofía no pueden alcanzar a aquel que es eterno e insondable. Esas ventanas humanas limitadas de conocimiento inevitablemente fracasan ante el misterio infinito y divino, y la mayoría de las veces son un lazo para quien desea hacer teología a partir de ellas. A la revelación divina generalmente se la clasifica como revelación general y especial. La revelación general es lo que Dios reveló sobre sí a través de las obras que él creó. Es general porque alcanza a todos los seres humanos vivos donde estén. Es natural porque la recibimos a través de la naturaleza. No es teología natural. Es revelación natural. Teología natural es lo que el hombre hace. Revelación natural es lo que Dios hace. Es peligroso hacer teología natural, porque como resultado del pecado la revelación general quedó afectada, y los seres humanos corruptos tuercen su mensaje. La revelación general fue dada antes del pecado, no transmite conocimiento sobre salvación, pero informa sobre la existencia de Dios, y su omnipotencia. “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20).

La revelación general también presenta el amoroso e incesante cuidado de Dios por sus criaturas. A través de la naturaleza Dios “[…] si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones” (Hechos 14:17). Aunque enferma por el pecado, la revelación general, después de la caída del hombre, todavía cumple su función. Pero en su limitación funcional, esta revelación no puede informar el origen del gran conflicto entre el bien y el mal y el plan de redención. De ahí, la necesidad de revelación especial. En la revelación general hay un discurso sin palabras: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz” (Salmo 19:1-3).

Pero en la revelación especial Dios habla por medio de su Palabra. Dios confió primero a los judíos las Escrituras Sagradas como una revelación especial de su carácter y voluntad. “Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios” (Romanos 3:2) La revelación especial es superior a la general, pues “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”  (2 Timoteo 3:16, 17). Por tanto, la Biblia no contiene la Palabra de Dios, sino ella es la Palabra de Dios. Como resultado del desprecio a la revelación divina especial, áreas cruciales como la doctrina sobre Dios, cristología, soteriología, eclesiología, antropología, y ética quedan a merced de teologías humanistas, existencialistas, liberales y posmodernas. El profeta Daniel sugiere que Dios no solo se revela, sino también revela un contenido. “[…] Él revela lo profundo y lo escondido […]” (Daniel 2:20-22). No existe teología verdadera sin la revelación divina. “[…] porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16:16, 17). Hay evidencias que dan testimonio del origen divino de la Biblia: Su unidad, su imparcialidad, el cumplimiento fidedigno de sus profecías, el alto nivel moral de sus enseñanzas, el testimonio de los profetas, y de modo especial el testimonio de Jesucristo. “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Hay dos principios hermenéuticos fundamentales que dio Jesús: “El que es de Dios, las palabras de Dios oye […]” (Juan 8:47), y “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Juan 7:17).

Una evidencia externa de que la Biblia es la Palabra de Dios, es su poder transformador en la vida de los verdaderos creyentes. Quien la oye y obedece sabe que es la Palabra de Dios, pues su propia vida fue transformada a través de ella. Pero, al contrario de la revelación general que de forma “arbitraria” viene a nosotros, la revelación especial, o sea, la Biblia, generalmente no viene a nosotros. Nosotros tenemos que ir hacia ella. Tenemos dos manos: una para asirnos del Antiguo Testamento y la otra para asirnos del Nuevo Testamento. ¿Cuál es su testimonio en relación a la revelación general, y especialmente de la revelación especial en su vida?

Wilson Borba

Wilson Borba

Sola Escritura

Las doctrinas bíblicas explicadas de manera simpe y práctica para la vida cristiana

Bachiller en Teología, con maestría y doctorado en la misma área por el Centro Universitario Adventista de Sao Paulo (Unasp). Fue profesor y director del Seminario Adventista en Ecuador, y hoy es docente y director del Seminario Adventista Latinoamericano de Teología (SALT) de la Faculdade Adventista da Amazônia (Faama), en Brasil.