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Wilson Borba

Wilson Borba

Sola Escritura

Doctor en Teología. Nació en Cruz Alta, RS, Brasil. Actúa como profesor y director del SALT-FAAMA. Descripción: Las doctrinas bíblicas explicadas de manera simpe y práctica para la vida cristiana.

Lutero: el encuentro del hombre y la ocasión – parte 2

Foto: Shutterstock

En este artículo continuaremos hablando de Lutero. En 1511, Lutero fue enviado por su monasterio a Roma a realizar negocios, pero volvió escandalizado por el mal ejemplo de los sacerdotes. Como resultado escribió: “…si existe un infierno, Roma está construida sobre él, es un abismo a donde todos los pecados prosiguen””.[1] Además, en Roma quiso obtener una indulgencia[2] que el papa había prometido a todos los que de rodillas subieran lo que se llamaba Escalera de Pilato, que según una superstición, había sido milagrosamente transportada de Jerusalén a Roma. Pero, mientras se dedicaba a realizar este acto meritorio, Lutero oyó una voz semejante a un trueno que parecía decirle: “El justo vivirá por la fe”. “Estas palabras que ya en dos ocasiones diferentes lo alcanzaron como la voz de un ángel de Dios, resonaron alto e incesantemente en su interior. Se levantó asustado en los escalones por donde iba arrastrando su cuerpo”.[3]

Lea tanbién:

Lutero: el encuentro del hombre y de la ocasión – parte 1

Según Elena de White, “Desde entonces vio con más claridad que nunca el engaño que significa para el hombre confiar en sus obras para su salvación y cuán necesario es tener fe constante en los méritos de Cristo. Sus ojos se habían abierto y ya no se cerrarían jamás para dar crédito a los engaños del papado. Al apartarse de Roma sus miradas, su corazón se apartó también, y desde entonces la separación se hizo más pronunciada, hasta que Lutero concluyó por cortar todas sus relaciones con la iglesia papal”.[4]

En 1512, Lutero recibió el título de doctor en teología bíblica, y fue convocado para enseñar teología en la Universidad de Wittenberg, donde la filosofía escolástica estaba siendo sustituida por la teología bíblica.[5] “De 1513 a 1515, dio clases sobre los Salmos, y de 1515 a 1517 sobre la carta a los Romanos, y después sobre Gálatas y Hebreos”.[6] Lutero estudió el tema de la justicia de Dios conforme está presentada en Romanos 1:17 “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”. Cairns afirma que, entre 1512 y 1516, “La lectura del versículo 17 del capítulo 1 de Romanos lo convenció de que solamente por la fe en Cristo era posible presentarse justo delante de Dios. A partir de entonces, la doctrina de la justificación por la fe, y la sola Scriptura, la idea según la cual las Escrituras son la única autoridad por la cual el pecador puede buscar salvación, pasaron a ser los puntos principales de su sistema teológico”.[7]

Justicia de Dios

De acuerdo con esto Alberto L. García declara: “Mi opinión es que Lutero comenzó especialmente a partir de 1515 a luchar con ese concepto [justicia] de modo específico. Esto se debe sobre todo a que podemos ver a Lutero en sus clases sobre Romanos 3:10 y 4:7, luchando con conceptos claves”.[8] Anteriormente, Lutero veía la justicia de Dios como la de un juez, por eso la temía. “Yo odiaba la frase “justicia de Dios” que se menciona en Romanos 1:17 porque por el uso y costumbre de todos los doctos se había enseñado a entenderla filosóficamente como la justicia formal o activa por la cual Dios es justo y castiga a los pecadores y a los injustos”.[9]

Con persistencia y oración, Lutero estudió el tema. “Día y noche yo estaba meditando para comprender la conexión de las palabras… “la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”. Ahí comencé a entender la justicia de Dios como una justicia por la cual el justo vive como un don de Dios, a saber por la fe”.[10] Lutero entendió que la justicia presentada allí no se exigía del hombre, sino se ofrecía al creyente por el evangelio. Descubrió que “…la ‘justicia de Dios’ que se menciona en Romanos 1:17 no era la severa justicia legal con que condena…, sino la justicia de la gracia, a través de la cual por el sufrimiento redentor de su Hijo amado, por pura misericordia, mira con clemencia la fe del pecador y a este justifica”.[11] Entonces, testificó: “Yo me sentí como si hubiera nacido de nuevo y como si hubiera entrado en el paraíso por las puertas recién abiertas. Desde entonces la Biblia comenzó a hablarme de una manera un tanto diferente. La misma frase “la justicia de Dios” que anteriormente me parecía odiosa, ahora llegó a ser la que más amaba, más que las otras. Fue así que ese pasaje paulino fue para mí la puerta del paraíso. Finalmente, toda la Escritura me mostró otra cara”.[12]

Según Ewald Plass, “Lutero, basado en su interpretación de las Sagradas Escrituras, especialmente de la Epístola de Pablo a los Romanos, propuso que no se podía alcanzar la salvación por las buenas obras o por cualquier mérito humano, sino tan solo por la fe en Cristo Jesús (sola fide), único salvador de los hombres, y esta es ofrecida gratuitamente por Dios a los hombres”.[13]

Indulgencias

Volviendo a la línea cronológica: “El papa actuante, León X, en virtud de que necesitaba grandes sumas de dinero para terminar la basílica de San Pedro en Roma, permitió a un agente llamado Johann Tetzel, que fuera por Alemania a vender certificados firmados por el papa”.[14] De acuerdo con Cairns: “Tetzel enseñaba que quien compraba una indulgencia no necesitaba el arrepentimiento porque por sí misma podía dar perdón completo de todo pecado”.[15]

Hurlbut aclara que el objetivo de Tetzel “…era perdonar todo pecado, no solo de los que poseyeran el certificado, sino también de los amigos vivos o muertos en cuyo favor se compraran”.[16] Él “traficaba”[17] al decirle al pueblo: “Tan pronto como su moneda suene en el cofre, el alma de sus amigos ascenderá del purgatorio al cielo”.[18]

Indignado con los engaños de Tetzel, el 31 de octubre de 1517, Lutero fijó 95 tesis en la puerta de la iglesia del Castillo de Wittemberg[19] “que servía como panel para fijar los boletines de la universidad”.[20] Además de las indulgencias, sus tesis versaban especialmente sobre penitencia, y salvación por la fe.[21] Lutero negó la eficacia de las indulgencias. Observemos, por ejemplo, las tesis 52 y 76. “La esperanza de ser salvo por las indulgencias es una esperanza engañosa y mentirosa… aunque el papa, para confirmarla empeñara su alma”. “La indulgencia del papa no puede quitar el pecado más leve, en relación a la culpa o la ofensa”.[22] Según el reformador: “El verdadero y precioso tesoro de la iglesia es el santo Evangelio de la gloria y de la gracia de Dios”.[23]

Lutero no imaginaba la repercusión que tendría aquel acto inicial, que lo llevaría ante los dignatarios papales, y del propio emperador Carlos V. Por toda Europa, las personas buscaban copias de las tesis. Él llegó a ser un héroe. Sin embargo, según Froom: “…fue su aparición ante la Dieta de Worms, para defender su posición de la Escritura ante el emperador, que lo hizo un héroe nacional. Sus traducciones de la Biblia al idioma alemán lo clasifican entre los maestros y modeladores de la lengua alemana. Y su doctrina de la justificación por la fe fue un grito de batalla de la Reforma”.[24]

El 7 de julio de 1519, Lutero enfrentó, en Leipzig, al celebrado controversista Johannes Maier de Eck, teólogo de Ingolstadt. En esa disputa, la cuestión de las indulgencias quedó en segundo plano. El tema central fue la autoridad y el carácter de las decisiones papales y conciliares. “La disputa alcanzó su punto culminante cuando Lutero afirmó que los concilios no sólo pueden equivocarse, sino que de hecho se equivocaron como el concilio de Constanza al condenar a Huss. De esa manera nació el principio fundamental de la reforma, el principio de la Sola Scriptura, la Sagrada Escritura como fuente única para juzgar sobre la ortodoxia de la fe”.[25]

Autoridad de las Sagradas Escrituras

Probablemente, la mayor contribución de Lutero sea en el terreno de la autoridad de las Sagradas Escrituras. Él mismo reconoció: “Todo depende de la Palabra, que el papa nos ha quitado y falsificado”.[26] Al exaltar la autoridad suprema de las Escrituras, Lutero, con “su teología desafió la infalibilidad papal en términos doctrinarios, pues defendía que solo las Escrituras (Sola Scriptura) sería la fuente confiable de conocimiento de la verdad revelada por Dios”.[27] Así, la Reforma Protestante resultó un enfrentamiento entre el principio Sola Scriptura defendido por los reformadores, y la tradición eclesiástica de la Iglesia Romana. Para los reformadores y los antiguos protestantes, solo la Biblia es la suprema regla de fe y práctica, pues la Palabra de Dios está por encima de todos los concilios.[28] En relación a esto, algunas iglesias necesitan de una reforma del púlpito, pues: “Las palabras de la Biblia, y de la Biblia sola, deben oírse desde el púlpito”.[29]

El 15 de julio de 1520, el papa León X emitió la bula de excomunión, la “Exsurge Domini” [30] dando a Lutero un plazo de 60 días para retractarse.[31] Según escribió Baker[32], Lutero escribió tres tratados para aclarar sus creencias. En agosto publicó el “Discurso a la Nobleza Alemana”, en el cual clamaba por una reforma de la iglesia atacando las pretensiones del papa de que el poder espiritual está por encima del temporal, que solo el papa puede interpretar las Escrituras, y que los concilios ecuménicos solo pueden ser convocados por un papa. En ese tratado, también atacó el monasticismo o celibato, y las corrupciones internas de la Iglesia Romana. En octubre publicó el “Cautiverio Babilónico” atacando la eficacia de las indulgencias y el sistema sacramental de Roma. Y, en el mes siguiente apareció su tratado “La Libertad del Hombre Cristiano”, en que exaltaba la libertad y el sacerdocio de cada creyente.[33] Al final de 1520, o al principio de 1521 tuvo lugar una quema de los escritos de Lutero en Oxford.[34]  En respuesta, el 10 de diciembre del mismo año, Lutero quemó en público la bula de León.[35]

A continuación, el 17 de abril de 1521, atendiendo el pedido del emperador Carlos V que en la época tenía 21 años de edad[36], Lutero compareció ante la Dieta del Imperio reunida en Worms.[37] Nuevamente reusó retractarse a menos que fuera convencido por el “testimonio de las Escrituras” o por la razón. Dijo que se basaría solo en eso, y pidió la ayuda de Dios.[38] Lutero fue excomulgado y también considerado fuera de la ley del sacro imperio romano germánico.[39] Así como Pablo, podía decir: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16).

No necesitamos estar de acuerdo con todo lo que Lutero hizo y enseñó, sin embargo, al ver su contribución para la causa del evangelio tenemos que reconocer que él fue el hombre indicado para esa hora. “Celoso, ardiente y abnegado, sin más temor que el temor de Dios y sin reconocer otro fundamento de la fe religiosa que el de las Santas Escrituras, fue Lutero el hombre de su época. Por su medio realizó Dios una gran obra para reformar a la iglesia e iluminar al mundo”.[40] El mundo todavía necesita hombres elegidos para el tiempo oportuno. ¿No sería apropiado buscar un reavivamiento verdadero, y una reforma verdadera, de tal manera que el mundo nuevamente pueda ver que “hombre y la ocasión” se encontraron? “La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos”.[41]

 

[1]D’Aubigné, 1: 150.

[2]Indulgencia en el contexto Católico Romano medieval significaba indulto, perdón, y remisión de pecados que podían ser conquistados a través de acciones meritorias, o dinero.

[3]D’Aubigné, 1: 151.

[4]Elena G. de White, El conflicto de los siglos (Bs.As.: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1993), pp. 134-135. En adelante: White, El conflicto de los siglos.

[5]Froom, 67.

[6]J. Dias, “Martinho Lutero, o Reformador da Igreja”, http://www.santovivo.net/gpage 321.aspx (Consultado el 28 de febrero de 2017, 15:00).

[7]Cairns, 235.

[8]Alberto L. García, “Lutero, Martinho”, em Justo L. González, ed., Dicionário ilustrado dos intérpretes da fé (São Paulo: Hagnos, 2008), 434.

[9]Justo L. González, Historia del pensamiento cristiano: desde la reforma protestante hasta el siglo veinte (Editorial Caribe, s.d.), 3:17.

[10]Ibíd., 29.

[11]August Franzen, Historia de la iglesia (Barcelona: Editorial Sal Terrae, 2009), 261. En Adelante: Franzen.

[12]Luther’s Works, Concordia Publishing House, 34: 336.

[13]Ewald M. Plass, What Luther Says, 3 vols., (St. Louis: CPH, 1959), p. 88, no. 269; M. Reu, Luther and the Scriptures, Columbus, Ohio: Wartburg Press, 1944), p. 23. En adelante: Plass.

[14]Jesse Lyman Hurlbut, Historia de la iglesia cristiana (Editorial Vida, s.d.), p. 88. En adelante: Hurlbut.

[15]Cairns, p. 235.

[16]Hurlbut, p. 88.

[17]Franzen, p. 258.

[18]Hurlbut, p. 88.

[19]Ibíd., pp. 88, 89.

[20]W. Walker, História da igreja cristã, 3ª ed. (São Paulo, ASTE, 2006), p. 497.

[21]D’Aubigné, 1: pp.264-276.

[22]Ibíd., “Tese 52 y 76”, 1: pp. 268, 269.

[23]Ibíd., “Tese 62”, 1: p. 269.

[24]Froom, p. 65.

[25]Josef Lenzenweger, Peter Stockmeier Karl Amon, Rudolf Zinnhobler, Historia de la iglesia católica, p. 374.

[26]D’Aubigné, 1: p. 270.

[27]Ewald M. Plass, p. 23.

[28]White, El conflicto de los siglos, p. 177.

[29]Elena G.de White, Profetas y reyes (Bs. As. Asociación Casa Editora Sudamericana, 1999), p. 461.

[30]Cairns, p. 237.

[31]Baker, p. 180.

[32]Ibíd.

[33]Ibíd., 180, 181. Para leer esos tratados ver: Martin Luther, Three Treatises (Philadelphia: Fortress Press, 1984).

[34]Josef Lenzenweger, Peter Stockmeier Karl Amon, Rudolf Zinnhobler, Historia de la iglesia católica (Barcelona: Editorial Herder, 1989), p. 403.

[35]Cairns, p. 237.

[36]Ibíd., p. 425.

[37]Baker, p. 181.

[38]Cairns, p. 237.

[39]Para leer sobre el Sacro Imperio Romano-Germano ver “História de Alemanha” en http://www.suapesquisa.com/paises/alemanha/historia_alemanha.htm.

[40]White, El conflicto de los siglos (Bs.As. Asociación Casa Editora Sudamericana, 1993), p. 129.

[41]Elena G. de White, La educación (Bs. As., ACES, 2ª ed., 1978 ), p.57.

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