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Wilson Borba

Wilson Borba

Sola Escritura

Las doctrinas bíblicas explicadas de manera simpe y práctica para la vida cristiana

Las generaciones nuevas quieren “gente que ame a la gente”

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Dedicar atención especial a las generaciones nuevas es una de las cuatro prioridades actuales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en América del Sur. El contexto de la cultura posmoderna en la cual estamos incluidos con su característica secularista, pluralista, relativista y mediática constituye un verdadero desafío en relación al cuidado y conservación de los miembros de la iglesia.

Sin embargo, la iglesia se dio cuenta que su utilidad externa es directamente proporcional a su relevancia interna, especialmente en relación a sus jóvenes, “porque no queremos alcanzar solo a las personas que están fuera, sino también a las personas que están dentro”.[1]

El 5 de noviembre, en ocasión del Concilio Anual de la sede sudamericana adventista, aprecié inmensamente ver a los líderes conversar de manera distendida con una representación de jóvenes comprometidos. Otro evento semejante ocurrió el 28 del mismo mes en el Hospital Adventista de Belém, en las reuniones plenarias de la Iglesia en el norte de Brasil.

Es de destacar que los jóvenes no querían un cambio en las doctrinas o programas de la Iglesia y tampoco propusieron cambios administrativos. A continuación, presentamos tres sugerencias que dieron en ambas ocasiones.

  1. Más oportunidades para los jóvenes. “No me dejaron trabajar”, se quejó una joven. Otra lamentó: “En mi iglesia teníamos una fecha fijada para una vigilia, pero nuestros líderes la modificaron y la postergaron. Nos quedamos esperando la oportunidad que nunca llegó.
  1. Más atención a los jóvenes. Ellos consideraron que los pastores están “súper o sobre” cargados. “Queremos relacionarnos más”, dijo una joven. En este punto, se les hizo una pregunta crucial: “Imagínense ahora que son alguno de los líderes aquí presentes. ¿Qué es lo priemro que harían en relación a los jóvenes?

Una joven respondió: “Yo comenzaría sentándome con un grupo de jóvenes y los escucharía”. Ellos desean que se los escuche. Quieren estar junto al pastor, y aprecian un cuidado individual. Otro mencionó: “El pastor debería escuchar más a los jóvenes y disminuir la distancia entre él en el púlpito y el joven en el banco”.

  1. Más amor a los jóvenes. Otra joven agregó: “Los jóvenes desean ser discipulados por sus líderes. Anhelan tener un pastor amigo. Queremos gente que cuide de gente. Y así, los amaría más”.

Esto profundiza el concepto de “gente cuidando de gente”, pues para ellos cuidar realmente significa amar. Y sugirieron: “Amen más, sepan el nombre del joven, mándenles un WhatsApp. El amor nos hace más productivos. Y el equipo más amado será el más productivo.

Proximidad

¡Qué gran verdad! El amor genera amor y une a las personas, las hace más productivas. Alabado sea Dios por la humildad de los líderes de la iglesia y por dialogar con sus jóvenes. Lo que sucedió fue más que meras sugerencias. Si de parte de los jóvenes hubo algún desahogo, de parte de la iglesia vi un ejemplo digno de imitar. Discipulado es amor en acción y viceversa. Pero a veces somos lentos para comprender este tema, debido a otras preocupaciones. Si un joven faltó, alguien debería llamarlo y preguntarle por qué estuvo ausente y mostrarle que se preocupa por él. Finalmente, un joven citó el nombre de un pastor, y dijo: “Él fue el pastor que me dio un abrazo”.

“A veces es necesario darle un tirón de oreja a un joven. Pero, un abrazo hará la diferencia”. De manera especial, necesitan de líderes que los amen. Según el registro bíblico, el joven Eutico estaba en gran peligro. Cuando soñoliento junto a una ventana se cayó del tercer piso y se estrelló contra el suelo, el apóstol Pablo simplemente podría haber dicho algunas palabras y, sin más demora, resucitado al joven. Pero prefirió abrazarlo (Hechos 20:10). ¿Esto le dice a algo? Es posible que un abrazo sea crucial para la restauración de un joven.

Es normal que los jóvenes deseen estar con su pastor. Fue lo que sucedió en 1996 cuando algunos jóvenes me invitaron para que los acompañara en un viaje en ómnibus a un Camporí de Conquistadores. En realidad no hice nada especial. Solo los acompañé. Pero, para mi sorpresa y alegría, “de aquel ómnibus” salieron cinco pastores adventistas. Una pequeña inversión para un resultado tan grande. A propósito, al capítulo 13 de 1 Corintios se lo considera el más importante del Nuevo Testamento.

Es admirable que la mano que escribió ese capítulo fue la que tiempo antes se había manchado de sangre. Jesucristo encontró a Saulo, el implacable perseguidor de los cristianos. Como resultado, Saulo se convirtió en Pablo, el mayor apóstol del cristianismo. En el texto mencionado, él se refirió a los dones espirituales. Y al concluir, declaró: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Corintios 13:13). Para Pablo, el amor es el mayor de los dones y el que permanecerá para siempre. En relación a los tres dones mencionados, dijo: “ahora permanecen… estos tres”.

Primera lección: No necesitamos ser solo la iglesia de la fe o solo la iglesia de la esperanza o solo la iglesia del amor. Podemos ser la iglesia de la fe, de la esperanza y del amor simultáneamente. Segunda lección: Recordemos que fe sin amor, y también esperanza sin amor, significan fracaso (1 corintios 13:2). Tercera lección: El amor permanecerá para siempre (vers. 8).

Tenemos que ser la iglesia de la fe y de la esperanza, poniendo al amor en primer plano, pues es el más excelente de los dones. Nuestros jóvenes necesitan amor y atención ahora, y no solo en la eternidad. Gente cuidando de gente. Gente que ama a la gente. ¡Ahora!

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