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Rafael Rossi

Rafael Rossi

Al día, de acuerdo a nuestro tiempo

Hechos diarios desde un punto vista teológico.

Utilitarismo religioso e inconsistencia espiritual

Una noticia divulgada recientemente registró que en Alemania cerca de 200 mil fieles abandonaron sus templos en 2014, un aumento de 45% con relación a 2012 (en 2013 no hubo levantamiento de datos).

Existen algunos detalles que intentan explicar el fenómeno, como por ejemplo, el hecho de que ser miembro de una iglesia en Alemania también significa pagar el kirchensteuer (impuesto de la iglesia), una especie de diezmo que recoge directamente de los salarios e ingresos de los fieles la Dirección General Impositiva del país.

El problema se agravó cuando el organismo anunció un refuerzo de los controles a partir de enero de 2015, con el objetivo de cerrar brechas que permitían ocultar. Algunas centenas de kilómetros hacia el lado occidental del globo, se encuentra el mismo problema en las iglesias, pero sin el refuerzo y la explicación tributaria para justificar la salida de personas de las iglesias.
¿Qué está sucediendo en realidad? Quiero compartir en este artículo algunas preocupaciones que tengo con el cristianismo de nuestros días.

Hay muchas personas que quieren seguir a Cristo, pero no quieren comprometerse con Cristo, o sea, quieren seguir a Jesús por los beneficios que él les puede dar o que esperan que el evangelio les dé. Así, multitudes llenan las iglesias únicamente interesadas en lo que Dios puede hacer por ellas.

En la época de Cristo muchos querían solo peces, pan, cura, milagros que Cristo realizaba, pero no querían el compromiso. Hoy ocurre lo mismo. La gente espera que Cristo les dé una casa nueva, un auto nuevo, una vida financiera holgada, o sea, intereses materiales. Algunos sociólogos, con una visión evolucionista, obviamente, afirman que la humanidad vivió tres fases distintas.

Mitológica: Donde no se conocían las leyes naturales y todas las manifestaciones se aplicaban a Dios. Llovía, era una manifestación divina. Algunas culturas desarrollaron dioses para todo.
Racionalista: Aun antes de Sócrates y Platón el hombre entró en esa fase. Los eventos ya no se atribuyen a los dioses, sino al motivo de lo que acontece: Llueve, ¿por qué llueve?
Utilitarista: Es la fase que vivimos hoy, no se atribuye la lluvia a los dioses, no se pregunta por qué sino qué voy a ganar con eso. Llueve, ¿qué gano?

La falta de compromiso se explica también por la intensa predicación, que está en auge, de la teología de la prosperidad. Entregue su vida a Jesús y ¡él pagará sus cuentas! ¡Determine cuánto quiere ganar!

Cuando esas personas se confrontan con la realidad del evangelio, consideran mejor abandonar la fe, porque cuando encuentran a Jesús no reciben lo que esas promesas vacías le ofrecieron por ahí.

El compromiso con Dios es como un casamiento: “en la salud y en la enfermedad, en la prosperidad y en la adversidad”.

También están los que abandonan la iglesia por causa de otros. Cierta vez cuando visité a una persona que había salido de la iglesia por problemas personales le pedí que escribiera en un papel todo lo que le hizo apartarse de la iglesia. Después, le pedí que guardara muy bien ese papel que le serviría a ella de defensa, para que el día del regreso de Jesús le pudiera leer a Dios los motivos que hicieron que se apartara de él. Entonces le pregunté: ¿Lo que escribió sería un buen argumento para que Dios la salve y la deje entrar en el cielo? Reflexionó y no salió de la iglesia.

Sé que existen problemas en la iglesia y algunos están en su esencia. La iglesia no es un museo, sino como una fábrica. En un museo se hace una exposición de piezas hechas hace mucho, y que ahora están solo para ser contempladas. En una fábrica ocurre lo contrario. Existen piezas separadas en diversos grupos que están comenzando a ser preparadas, a medio preparar, o casi preparadas, y además, tienen defectos. Así es la iglesia, no estamos en una vidriera para ser admirados, sino somos piezas en preparación.

La iglesia debe ser un hospital donde los pecadores se recuperan. Y donde hay un hospital existen médicos, y donde existen médicos existe la prescripción. La prescripción del hospital iglesia es: Contemple a Jesucristo para que haya transformación de vida y no se preocupe tanto con las personas y sus defectos.

Otro aspecto lo presenta Pablo en Romanos 10:9, y dice: “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”.

Ese texto explica mucho del problema que estamos enfrentando con los que están dejando la iglesia. El psiquiatra Paul Turnier explica el sentido del texto al definir que “ninguna persona llega a la plenitud de sus convicciones a no ser que las exprese a otros”. Esto quiere decir que si usted no habla de lo que cree, con el tiempo, notará que no cree en nada.

Quien testifica de su fe nunca la abandona. No puedo sentir permanentemente la paz de Jesucristo si no se lo digo a otros. ¿Quiere tener la vida eterna? Dígaselo a todos. Ayudando a otros a llegar al cielo, estaré caminando en la misma dirección. Cuando doy mi testimonio, además de ayudar a las personas a salvarse, acerco la salvación a mí mismo.

Desde ese punto de vista, se pueden cambiar cada uno de estos aspectos si vivimos lo que la Biblia llama discipulado. Una vida que dedica la primera hora del día a Dios, que desarrolla sus relaciones y está enfocada en la misión es una vida que no abandonará la iglesia, a Jesús y la salvación.

El consejo bíblico es pertinente: “Creed en el Señor vuestro Dios y estaréis seguros […]” (2 Crónicas 20:20).

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