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Rafael Rossi

Rafael Rossi

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Hechos diarios desde un punto vista teológico.

Regalos de Navidad

Millones de personas ya han comenzado a comprar los regalos de Navidad. Se calcula que en Sudamérica los gastos excederán los 2 mil millones de dólares. En una reciente encuesta publicada en el Estado de Sao Paulo, de todas las personas encuestadas, el 67% afirmó que pretende dar regalos a parientes y amigos en esta Navidad, mientras que el 15% dijo que no dará regalos.

Entre estos últimos, el 22% expresó que no dará regalos porque debe priorizar el pago de deudas. El 18% restante de los entrevistados todavía no decidió qué comprará. Quienes más recibirán regalos son los hijos, que fueron citados por el 70% de los entrevistados; el 47% le dará algún regalo al marido o esposa y el 41% citó a las madres. Curiosidad: los suegros aparecen en el 7% de las respuestas.

Entre los productos que el consumidor pretende comprar, las ropas son líderes en el 73% de las respuestas. Las siguen los zapatos (38%), los perfumes y otros cosméticos (33%), y los juegos y juguetes en general (33%).

Con relación a los productos que a las personas les gustaría que les regalaran, el 51% mencionó una computadora, notebook o tableta. Hace algunos días leí una historia interesante sobre regalos de Navidad. Robyn Stevens era un muchacho de 16 años que estaba decidiendo qué regalo darle a su padre. En un momento recordó que la abuela le había hablado de la utilidad de las linternas. “Nunca sabes cuándo necesitarás una”, era lo que ella decía.

Listo. Era eso lo que Robyn le daría a su padre, que era marinero en un remolcador. Robyn compró una linterna a prueba de agua, de tres pilas. Y parece que al padre le gustó el regalo.

Menos de un mes después, el padre ya estaba trabajando en el mar, a 40 kilómetros de la costa. Los marineros estaban intentando ayudar al capitán a traer su barco. Había un frío intenso, con muchos grados bajo cero, típico del norte de los Estados Unidos, y tuvieron muchas dificultades. El frío había congelado la bomba y el agua que pasaba por encima del remolcador ya no salía.

Para sumar a las dificultades, el barco se puso pesado con el hielo y comenzó a encontrar dificultades para enfrentar a las enormes olas. Además, había una densa neblina. Como temían lo peor, llamaron por radio a la guardia costera.

Los habitantes de una isla cercana estaban cenando y escucharon el pedido de auxilio por la radio. Ellos sabían que la guardia no llegaría a tiempo.
Ya estaba oscuro cuando tres pescadores se lanzaron al mar en un pequeño barco en busca de los perdidos. A las 7 de la noche escucharon la última comunicación de los náufragos: “nos estamos hundiendo”.

Los pescadores perdieron la esperanza de encontrarlos. Desanimados, de repente vieron un pequeño rayo de luz en medio de la oscuridad. Siguieron esa luz, y encontraron a los tres marineros abrazados, tomados de una escalera que se había soltado. El regalo de Robyn salvó la vida de su padre.

Dios también nos dio un regalo: Nos dio a su Hijo precioso para siempre, para nuestra salvación. “Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros” (2 Crónicas 20:20).

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