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Rafael Rossi

Rafael Rossi

Al día, de acuerdo a nuestro tiempo

Hechos diarios desde un punto vista teológico.

Quiénes somos cuando nadie nos ve

La huelga de las mujeres que paralizó a la Policía Militar de Espírito Santo, Brasil, mostró al país una serie de imágenes que me dejaron perplejo. Fueron algunos días de pánico y de personas asustadas. Los índices de criminalidad subieron rápidamente, revelando que, si no hay un sistema de vigilancia y penalidad vigente, las personas son capaces de actuar de manera totalmente egoísta e inconsecuente.

Los que están involucrados en la criminalidad se sentirán libres para las contravenciones sin preocuparse por el castigo. Por otro lado, esas mismas circunstancias revelaron otra situación, tan triste como esa; personas que no participaban de la criminalidad vieron en los saqueos en masa una oportunidad para robar y obtener ventajas de la situación.

Ese caso me hace recordar mis tiempos de estudiante. Un día, en medio de la cena en la institución donde estudiaba, se cortó la luz. Después de los gritos, alguien tiró un pedazo de pan para cualquier lado. El que fue alcanzado lo arrojó a otro, y así en pocos segundos se armó una pequeña guerra en el restaurante. El preceptor aprovechó la oportunidad, conectó el micrófono a los amplificadores y dijo una frase sencilla y directa: “Recuerden siempre que el verdadero carácter de una persona se revela en la oscuridad”.

¿Qué hace usted cuando nadie lo ve? ¿Cómo reacciona después de hacer algo equivocado? ¿Se arrepiente cuando descubre que lo descubrieron? ¿Siente remordimiento, pero trata de justificar lo que hizo?

En el auge de los saqueos en el estado de Espírito Santo, algunos elementos llamaban la atención a ese aspecto. Algunos objetos fueron devueltos a la policía antes de que comenzara la investigación. Enfrentarse consigo mismo o hasta con personas del círculo familiar, hizo que algunos reflexionaran en lo que habían hecho y, con un intento de reparar su error, fueron espontáneamente a corregir el desvío de su ruta.

Con rapidez, algunos usaron la siguiente frase para explicar: “La ocasión hace al ladrón”. ¿Será que podemos tomar esa frase como base y decir que, en el fondo, todos haríamos lo mismo si tuviéramos las mismas oportunidades? Cuando somos confrontados con casos de corrupción, vale la misma reflexión: ¿Si usted estuviera allá, con las mismas oportunidades y privilegios, actuaría igual a los acusados de corrupción?

Por otro lado, algunos argumentan que la ocasión no hace al ladrón, solo lo revela. Lo que sabemos es que, sin los límites impuestos por la organización de la sociedad, las cosas serían y estarían mucho peores de lo que están. Y el problema va más allá de lo que vemos.

Me gusta la siguiente definición: Ética son normas de comportamiento que adoptamos para tratar con personas y situaciones que no amamos. Cuando hay amor involucrado, no es necesaria la ética, porque ella fluye naturalmente. Cuando no hay amor involucrado, la ética establece los modelos comportamentales esperados.

Y esto tiene sentido. Entre las personas que entraron en las tiendas o negocios para saquear lo que viniera a la mano, no había amor. Si la tienda hubiera sido de su respectivo padre, madre, hijo, esposa, etc., probablemente la persona no estaría allá para robar. Y en esa perspectiva no necesitamos hablar de ética porque, quien ama de verdad es, en consecuencia, ético.

Pero, cuando no hay ética y/o amor, el comportamiento de manada explica por qué personas que nunca participaron en acciones semejantes estaban allá intentando beneficiarse a costas de alguien con cuyo resarcimiento del perjuicio no se habían preocupado.

No estoy decepcionado con la humanidad, pues creo en ideas sublimes y profundas que Jesús enseñó, que son como un antídoto y que están en la base ética del cristianismo: el amor. Juan escribió: “El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor” (1 Juan 4:8). El amor es la consecuencia natural del cristiano que está en conexión con Dios, y en consecuencia, podemos decir que todo cristiano genuino será ético, porque ama.

Lo opuesto de esto es el estado de los seres humanos en los últimos días de la historia. Pablo describe la situación en 2 Timoteo 3:1-5, con varios adjetivos negativos como: calumniadores, blasfemos, amadores de los deleites más que de Dios, etc., etc.

Es verdad que la presencia del mal no es una característica única de los últimos días. Sin embargo, la progresiva depravación moral de la humanidad atestigua la total incapacidad humana de salvarse, y las imágenes de los saqueos son una evidencia clara de eso.

En contradicción a las afirmaciones amenas que declaran que el ser humano está siendo cada vez mejor, la Biblia deja bien claro que los hombres “irán de mal en peor”. Sin Dios no hay ética que se mantenga por mucho tiempo. Esa es la ética que los cristianos necesitan demostrar en todas las esferas de la vida, porque el verdadero carácter se revela cuando nadie ve, o mejor, cuando ningún ser humano ve, porque Dios siempre está viendo todo.

“Creed en el Señor vuestro Dios y estaréis seguros” (2 Crónicas 20:20).

 

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