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Rafael Rossi

Rafael Rossi

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Hechos diarios desde un punto vista teológico.

El peligro digital de una muerte brutal

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Cada uno con su parte, unos más otros menos, revelan una sociedad enferma.

La noticia es impactante. La dueña de casa Fabiane María de Jesús (la puede constatar este link):  http://veja.abril.com.br/noticia/brasil/policia-diz-que-vizinhos-sao-suspeitos-de-linchar-mulher-ate-a-morte), de 33 años, murió en la mañana del lunes 5 de mayo después de dos días de haber sido golpeada por decenas de habitantes de Guarujá, en el litoral de Sao Paulo.

Según la familia, fue agredida a partir de un tumulto generado por una página en una red social que afirmaba que la dueña de casa secuestraba niños para utilizarlos en rituales de magia negra.

Recibí en un e-mail el link que indicaba un video en YouTube con las imágenes del ataque. Confieso que no tuve coraje de ingresar para ver la brutalidad y la furia de la multitud enceguecida queriendo hacer “justicia” contra una supuesta sospecha.

Lo peor del caso es que el retrato hablado atribuido a Fabiane lo había hecho personal policial de la 21ª DP de Rio de Janeiro (Bonsucesso), en agosto de 2012. En la ocasión, una mujer fue acusada de intentar robar un bebé de los brazos de su madre en una calle de Ramos, en la zona norte de Rio. Esa mujer nunca fue identificada. A partir de ahí, la imagen comenzó a ser divulgada en las redes sociales como perteneciente a una secuestradora.

Los sospechosos de agredir a Fabiane todavía no fueron identificados por la policía. Según la investigación, no había casos de secuestros de niños en la región. Fabiane sufría de problemas mentales, pero no tenía ningún registro en la policía.

¿De quién es la culpa por el crimen? Están los que dicen que la responsabilidad es de los que divulgaron la nota. Hoy vivimos en una revolución de la información debido en gran parte al crecimiento de las redes sociales, donde todos se volvieron generadores de contenido.

En este punto entramos en una cuestión filosófica y ética de la cual no todos los que están produciendo contenido tienen la conciencia de la responsabilidad sobre lo que comparten o exhiben. Publicar sin responsabilidad puede incitar a acciones desproporcionadas e incontrolables. Esto no es cercenar la libertad de expresión, sino resaltar el cuidado y el peligro que están por detrás de lo que escribimos o decimos.

Otros echan la culpa sobre los agresores que fueron los agentes de la ejecución. En el momento del ataque, los sentimientos están convulsionados y las percepciones se vuelven confusas. No hay compasión, si no solamente el deseo de hacer sufrir a la persona hasta donde ella pueda resistir. Escenas de violencia desproporcionada e inmerecida contra alguien que ni sabían quién era o si había hecho lo que la acusaron.

No hay justificación para la barbarie, pero vemos como el espíritu de masa moviliza a las personas para un acto perverso. Alguien dijo que fue ella y entonces comenzaron los actos.

Existen los que creen que los que reprobaron la escena deberían haberse manifestado e impedido que eso continuara. Como no se manifestaron fueron cómplices y por eso también son culpables de lo sucedido.

Cada uno con su parte, unos más otros menos, revelan una sociedad enferma. Ver todo eso deja mi corazón triste y al mismo tiempo con el anhelo de tener la solución definitiva para todos los problemas que asaltan a la humanidad, que es el regreso de Jesús.

Una humanidad dividida y altamente consumista, orgullosa de una cultura que solo piensa en tomar ventaja sobre el otro, con un modo que aparta constantemente los oídos de lo que dice la Palabra de Dios. Así se prepara el escenario para manifestaciones de odio e ira. Hoy hablamos de Fabiane y mañana surgirán otros nombres, infelizmente.

¿Cuál será el límite para todo esto? ¿Hasta dónde vamos? Reconozco también que esa es una manifestación más de los tiempos de los cuales Jesús ya alertó “por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”, en Mateo 24:12.

El mundo no está fácil para nadie. Hace algunos años, un informe de la ONU afirmó que 11 millones de niños con menos de cinco años mueren todos los años, buena parte de ellos por enfermedades que pueden ser evitadas o tratadas, como la malaria y el sarampión.

El mismo documento afirma que más de 800 millones de personas no tienen acceso a las cantidades suficientes de comida y un cuarto de los niños con menos de cinco años están desnutridos. Ese informe es una evaluación de los Objetivos del Milenio, en vista de reducir drásticamente el hambre y la pobreza hasta 2015. Y además, concluye que millones de personas están hundiéndose cada vez más en la pobreza en África, especialmente en la parte que queda al sur del desierto de Sahara.

No hay esperanza o expectativa lejos de Dios. Yo lo creo así, y decidí entregar mi vida a eso. Esa no es la vida que Dios planeó para nosotros. Él tiene algo mejor y quiero invitarlo a vivir confiado que todo eso pasará.

El consejo de 2ª Crónicas 20:20 es “creed en el Señor vuestro Dios y estaréis seguros” y solo en él estaremos verdaderamente seguros.

 

 

 

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