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Rafael Rossi

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C. S. Lewis y el drama del Chapecoense

cslewis-e-o-drama-da-chapecoense-617x460Clive Staples Lewis, comúnmente más referido como C. S. Lewis (Belfast, 29 de noviembre de 1898 –Oxford, 22 de noviembre de 1963), fue un profesor universitario, escritor, romanticista, poeta, crítico literario, ensayista y apologista cristiano británico. A pesar de haber pasado su infancia dentro de las tradiciones de la Iglesia de Irlanda, se hizo ateo convicto en su adolescencia.

Lewis volvió a la fe cristiana al inicio de la década de 1930, por influencia de su amigo J. R. Tolkien, que lo llevó a comprender que el cristianismo era un “mito verdadero”. Como pensador, luchaba con las preguntas ontológicas de la vida. Una de ellas es el porqué del sufrimiento.

En su libro El problema del sufrimiento está una de sus frases más famosas: “Dios susurra en nuestros gozos, habla a nuestra conciencia, pero grita en nuestras horas de sufrimiento: ese es su megáfono para despertar a un mundo sordo”.

La publicación comienza con Lewis recordando su tiempo de ateísmo. En todos los capítulos trata el tema sin respuesta “el sufrimiento humano y un cielo aparentemente sordo a un Dios que permanece en silencio”.

En el pasado, él creía que el universo era un lugar fútil, de frío y oscuridad, de miseria y sufrimiento. Para él había un espectáculo sin sentido de civilizaciones que surgían y desaparecían de la raza humana que la ciencia condena a una extinción final y de un universo destinado a la muerte. Veinte años antes de escribir El problema del sufrimiento, Lewis concluía que “o no existe ningún espíritu detrás del universo o existe un espíritu indiferente al bien y al mal o existe un espíritu malo”.

¿Dios es bueno?

Esa misma línea de pensamiento conducía a otro interrogante: “¿Si el universo es tan malo, cómo fue posible que los seres humanos un día comenzaran a atribuirle la actuación a un Creador sabio y bueno?

El sufrimiento le crea un problema a la humanidad sufridora. “Si Dios fuera bueno, querría hacer que sus criaturas fueran perfectamente felices, y si Dios fuera todopoderoso, sería capaz de hacer lo que deseara. Pero las criaturas no son felices. Por eso Dios no tiene ni bondad ni poder”, escribió.

Para Lewis, las personas confunden, con demasiada facilidad, bondad con benevolencia, y así abordan el problema del sufrimiento partiendo desde una perspectiva falsa. La bondad de Dios significa que nosotros necesitamos vernos a nosotros mismos como objetos de su amor, no como objetos de un indiferente proyecto divino de bienestar. Hay cuatro dimensiones acerca del amor de Dios por nosotros:

  • El amor de un artista por lo que creó.
  • El amor de un ser humano por un animal.
  • El amor de un padre por un hijo.
  • El amor de un hombre por una mujer.

Nuestro problema es que no queremos ser perturbados, no queremos ser amados de manera tan apasionada. “Usted pidió un Dios amoroso, usted lo tiene”.

“El mundo es una danza en que el bien, que proviene de Dios, está obstaculizado por el mal que proviene de las criaturas, y el conflicto que resulta lo resuelve Dios mismo al adoptar la naturaleza sufridora que produce el mal. La doctrina de la caída voluntaria afirma que el mal produce el combustible o la materia prima de la segunda y más completa especie de bien que no es una contribución de Dios, sino del hombre”.

Lecciones a partir del sufrimiento

Lewis considera que el sufrimiento puede enseñarnos. Eso no debe entenderse como una defensa de Dios frente al sufrimiento, sino como un intento de preguntar de qué manera podemos tratar con el sufrimiento.

Él puede hacernos ver la fragilidad y transitoriedad de nuestra existencia y desafiar nuestra creencia de que podemos zafar impunemente por méritos propios. Así, el sufrimiento nos ayuda a deshacer la ilusión de que “todo está bien”, permitiendo que Dios “plante la bandera de la verdad dentro de la fortaleza de un alma rebelde”.

El problema del sufrimiento fue de a poco aceptado como una respuesta cristiana al asunto. El libro tiene sus fallas y exageraciones, sin embargo, muchos encontraron en esos argumentos una voz que comprendía las preocupaciones y tranquilizaba por las repuestas.

Toda esa base ganó repercusión durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Lewis hace una serie de disertaciones en la BBC de Londres. Los temas presentados formarían el libro Cristianismo puro y simple.

Las cuatro primeras disertaciones salieron al aire en 1941:

  • El 6 de agosto: Decencia básica.
  • El 13 de agosto: La ley científica y la ley moral.
  • El 20 de agosto: Materialismo y religión.
  • El 27 de agosto: ¿Qué podemos hacer sobre eso?

Esas presentaciones se destinaban a oyentes de Noruega ocupada por los nazis. Llegó a ser la voz de la fe para muchas personas que sufrían. Fue en la Biblia que surgió la esperanza.

Las tragedias despiertan en nosotros la conmoción. Lo que sucedió con el Chapecoense hizo resurgir cuestiones que intentan colocar a prueba a Dios. Lo que Dios tiene para nosotros excede los límites de lo que sabemos, lo que vemos o un día escuchamos. Dios sufre cuando sufrimos y quiere poner punto final a esa historia de dolor.

Lo que nos separa del regreso de Jesús es la predicación del evangelio y esa es la misión que cada cristiano recibió de las manos del Señor. Mientras Jesús no regresa, tendremos que convivir con las tragedias, pero ellas definitivamente nos muestran que aquí no es nuestro lugar.

“Creed en el Señor vuestro Dios y estaréis seguros […]” (2 Crónicas 20:20.

 

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