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Paulo Lopes

Paulo Lopes

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Pensar, Comer y Conservar – las contradicciones del hambre y el desperdicio

Vivimos sin dudas en un mundo de contradicciones, y a veces estas son tantas que tenemos ganas de gritar “paren el mundo que me quiero bajar”. En este artículo, trataremos una de estas contradicciones. Es mi deseo que el presente lo lleve a reflexionar, y a sentirse incómodo, con la verdad de los hechos y que esto lo lleve a hacer algo al respecto.

En el pasado 5 de junio, conmemoramos el día del medio ambiente pero ¿será que realmente tenemos algo para conmemorar? Además de los viejos problemas ya conocidos, como la contaminación o la deforestación, la expansión de las ciudades, este año la ONU lazó una campaña con énfasis en el consumo consiente y sus efectos en el medio ambiente. El tema de la campaña es también el tema de este artículo: Pensar, comer y conservar. O sea, pensar antes de comer, y así ayudar a conservar el medio ambiente.

Una de las grandes contradicciones del mundo actual es, sin dudas, el escandaloso desperdicio de alimentos, en comparación con el número de personas con hambre que habitan el planeta. Los números asustan y nos deben llevar a reflexionar seriamente sobre nuestro estilo de vida, principalmente, en relación a nuestros hábitos de consumo de alimentos.

Para tener una idea de la dimensión del problema, según la ONU de la Alimentación y Agricultura (FAO), 1.3 mil millones de toneladas de alimentos se desperdician por año en el planeta, o sea que 1/3 de toda la comida que se produce en el mundo va a parar a la basura. Por otro lado, 870 millones de personas pasan hambre día a día. ¿Qué te parece? ¿Qué pasa si miramos por detrás de estos números? ¿A quién ve? Volveremos sobre esta pregunta al final del artículo.

Este desperdicio equivale a 1 trillón de dólares, dinero suficiente para alimentar a los 870 millones que pasan hambre. Son tan altos los números de esta contradicción, que llevaron al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, a declarar que este desperdicio es “una ofensa hacia aquellos que pasan hambre”. ¿Está de acuerdo con él? ¿No será que sus hábitos de consumo están contribuyendo a esta realidad?

Otro aspecto importante de esta discusión es que las elecciones que hacemos en relación a nuestra comida tienen un impacto en el medio ambiente. Todas las veces que desperdiciamos comida, estamos también desperdiciando los recursos utilizados en la producción de la misma. O sea, el desperdicio ofende a quienes pasan hambre pero también ofende al medio ambiente.

Si usted aún tiene dudas sobre esta relación entre el desperdicio y el impacto negativo en el medio ambiente, le presento algunos números para justificar mi argumento: la producción global de alimentos ocupa el 25% de toda la tierra habitable y es responsable por el 70% del consumo de agua potable, 80% de la deforestación y por el 30% de las emisiones de gases del efecto invernadero. Como consecuencia, la producción global de alimentos es la mayor causa de pérdida de biodiversidad y cambio del uso de la tierra.

Antes de terminar este artículo, vamos a salir de la teoría y considerar qué podemos hacer de manera práctica para estar del lado correcto del problema, o sea, del lado de la solución. Serán algunas sugerencias sencillas pero que marcan la diferencia.
La primera idea es, sin dudas, eliminar todo tipo de desperdicio de alimentos e influenciar a otros para que hagan lo mismo.
Tomar decisiones consientes en la elección de alimentos, como por ejemplo, consumir elementos orgánicos que, al no usar productos químicos en su producción, tienen menor impacto en el medio ambiente.

Intentar comprar alimentos producidos localmente, o sea, disminuir la cantidad de emisiones, ya que los mismos no fueron transportados desde largas distancias.

En relación a los que pasan hambre, comparta generosamente con ellos su comida.
Apoye organizaciones sociales que ayuden a la reducción del hambre y la miseria.

Para terminar, quiero volver rápidamente a os números del hambre presentados anteriormente. El grave problema de las estadísticas es que son números y los números son fríos, son números. Sin embargo, cuando vemos por detrás de ellos, encontramos personas, como usted y yo, personas creadas a imagen y semejanza de Dios, personas por las cuales el Señor Jesús entregó su vida. Piense en eso antes de hacer sus elecciones y, sobre todo, antes de desperdiciar comida. Haga su parte de estar de lado de la solución y nunca sea una ofensa para quienes pasan hambre.

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