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Pablo Ale

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Dónde colocar el smartphone

“Y Jonatán hijo de Saúl, tenía un hijo lisiado de los pies. Tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezreel la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán, y su nodriza le tomó y huyó; y mientras iba huyendo apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo. Su nombre era Mefi-boset” (2 de Samuel 4:4).

Días atrás, uno de los diarios más importantes de Argentina publicó una noticia que, sin duda, todos suponíamos: los usuarios cada vez navegan más por Internet en sus tabletas y celulares inteligentes (smartphones).

El perfil de los consumidores de la web está cambiando, acorde con los avances tecnológicos y la adopción de nuevos dispositivos. En Argentina, se estima que hay 40 millones de teléfonos celulares, y alrededor de 13 millones son inteligentes. El uso casi continuo del smartphone es una práctica ya casi habitual. En promedio, los usuarios latinoamericanos pasan conectados a Internet 24 horas por mes. Es decir, un día de cada 30.
En cuanto a las funcionalidades de los nuevos celulares, las aplicaciones y los servicios de mensajería instantánea tienen un lugar destacado. El 93% de los usuarios de al menos una aplicación de mensajería instantánea. WhatsApp resultó la más utilizada (77%), seguida por Facebook (56%) y Twitter (28%).

Hace poco, una amiga me comentaba que, debido a los cortes de luz en Buenos Aires, se quedaron una noche sin Internet. “No nos quedó más remedio que conversar entre nosotros”, me dijo en tono de broma pero con una verdad que sostenía firmemente la humorada.
Como a la nodriza de Mefi-boset, en reiteradas ocasiones, a nosotros se nos cae lo que más nos importa. Enfrascados y afanados por tantas preocupaciones, dejamos de lado lo verdaderamente trascendente. Huimos ante los inminentes peligros. Nos persiguen la ansiedad, la impaciencia y un estilo de vida acelerado y tecnológico. La huída apresurada afecta nuestro caminar y estorba nuestra reflexión. Cada día nos complicamos la vida y nos complican la vida. Tratamos de dar pasos cargando en nuestros bolsillos y nuestras cinturas celulares, reproductores de mp3, agendas electrónicas, y demás adminículos portátiles. A más tecnología, más dominación.

Tenemos una vida complicada. Y eso se transporta a nuestra experiencia espiritual. Nadie mejor que Salomón para refrescarnos esta realidad. Luego de analizar y evaluar la conducta humana, y desde luego la suya, concluyó: “He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos se buscaron muchas perversiones” (Ecl. 7:29). La versión Reina Valera 2000 afirma que el hombre “se complicó con muchos artificios”. El original del plan del Creador se basaba en la libertad y en la felicidad de la raza humana. Él no quería que caigamos en innecesarias distracciones. Pero nosotros inventamos demasiados artefactos para enredarnos la vida.

Estamos caminando hacia el cielo y en la sociedad actual impera un stock muy seductor de dispersiones excitantes, evasiones livianas, entretenimientos vanos y atracciones poco constructivas que intentan mantenernos entretenidos para que Satanás y su tropa nos estropeen. No le demos esa oportunidad.

Se acerca Navidad y Año Nuevo. Es una excelente oportunidad para detenernos y pensar, meditar, conversar y dialogar. Una oportunidad para renovar nuestra vida espiritual. Una oportunidad para no estar pendientes, al menos por unos días, de nuestro teléfono celular.
Me gusta el cuento Instrucciones para darle cuerda a un reloj, de Julio Cortázar. Fue publicado en 1962, pero es terriblemente actual. En su Preámbulo, dice:
“Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire… Te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo… Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”.
Ahora, cambia la palabra “reloj” por la palabra “celular”.
¡Feliz Año Nuevo!

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