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Odailson Fonseca

Odailson Fonseca

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Innovación joven bajo una perspectiva inteligente

La rubia y el tiro en todos nosotros

loira-e-o-tiro-em-todos-nosBrasil se asustó mientras que las celebridades sintieron un nudo en la garganta. La admiración transformada en obsesión lanzó sangre en la pasarela del glamour y el fin de semana de la bella presentadora se transformó en la pesadilla más terrorífica de su vida. De los tiros al insomnio, de los gritos a las memorias, la supervivencia jamás será la misma – ni para la rubia traumatizada ni para la cuñada baleada, mucho menos la madre del joven muerto antes de convertirse en asesino.

Confieso que los disparos en aquel cuarto mirando a Ana Hickmann (presentadora de TV brasileña) también me dieron de lleno. Vivimos en un mundo-espejismo en el cual la exposición pública del ser humano se convirtió en herramienta de trabajo para algunos, ilusión de estrellato para otros, amenaza inesperada para tantos y peligro traicionero para todos.

Ahora, no me entienda mal, jamás esa desgracia circunstancial será carga dolosa de quien conquistó con talento – o suerte – el extra del estrellato. Desde la muerte de John Lennon en aquella esquina al magnetismo del predicador carismático de las nuevas generaciones, siempre habrá seguidos y seguidores, como también perseguidos y perseguidores. Sin embargo, todos necesitamos reflexionar si no estamos demasiado expuestos al público con likes, pins, views y followers.

¿Ya pensó en cuánto de su vida particular se ha vuelto pública? ¿Hasta qué punto deberíamos publicar en las ‘redes’ lo que podría quedar sólo en el ‘barco’? También pasé por un filtrado digital de mis pisadas virtuales. No estoy en contra de que seamos hasta relativamente personales o un poco informales – al final, la gente se quiere relacionar con gente – sólo que Internet personalizó tanto cuanto esparció. ¿Y el límite?

El problema es cuando hacemos nudismo de nuestro cotidiano privado. ¡¿Expresión extraña?! ¿Pero no es verdad? Divulgar cada paso, relatar cada plato, selfies interminables y exponer datos personales, todo se convirtió en escaparate amenazadora en este cibermundo sin ninguna privacidad o seguridad. Yo sé que un post aquí o allá sin muchos detalles es el “nuevo idioma social” de los millennials (y la diversión de los baby-boomers, la generación de postguerra), pero la sobreexposición de los hábitos rutinarios, localización de los viajes y el exhibicionismo corporal demandan extremo cuidado y atención.

Por favor, ¡no se desvista en la web! #simplesassim (ni con nudes, de hecho, ni con autopromoción de derecho). Esté atento a las herramientas recreativas de interacción humana seduciéndole a un tipo de “autoidolatría antropofágica”. Del bullying a los haters y stalkers, la “cara del mal” se enmascara de ingenuidad en las redes sociales. Si la misión soberana de la vida es buscar significado en lo que dignifique, no salga a compartir las señas de su intimidad seducida por los “me gusta”. Recuerde: cuanto más nos mostramos, menos nos protegemos. Si estamos en un campo de batallas diarias, ¿para qué revelar gustos y preferencias personales por ahí? “Tiempo de callar” (Eclesiastés 3: 7), y el sabio siempre tuvo razón.

¿Recuerda lo que Jesús dijo? “Mira, no digas a nadie nada” (Marcos 1:44). ¿Lo más curioso? ¡Él le hablaba a un leproso angustiado que había acabado de ser curado milagrosamente! ¿No es interesante notar cómo Cristo sabía exactamente la hora de mostrarse, como también de apartarse? Dejó que lo tratasen hecho divinidad al entrar en Jerusalén, pero conversó con Nicodemo en el silencio de la noche y con la mujer del pozo al mediodía. Ante los simples Él dijo “Yo Soy”, sólo que del Sanedrín y Pilato su silencio fue fulminante. Increíble, ¿no? Esta aparente oscilación de exposición versus recato fundamentó la claridad de propósito en todo lo que Él hizo.

Imagino si fuese hoy: Jesús usaría TODOS los medios posibles para anunciar su Nuevo Reino – ¡y eso no escaparía del potencial increíble y movilizador de la web! Pero Él sería, sin dudas, precisamente quirúrgico al revelarse en 140 caracteres, subir un video del Sermón de la Montaña a YouTube y hasta permitirse fotografiar en momentos menos formales en Insta. También NO entraría en grupos nocivos en el Whats, ni – jamás – “ostentaría” cualquier cosa personal que distrajese a sus incontables seguidores de sus ideales más nobles. Resumiendo: Cristo definitivamente no se engañaría por las artimañas del vaciamiento autopromocional cambiando su carácter por likes.

¿Dispuesto a aprender del Maestro de los maestros? No se deje llevar por el ansia por un palco iluminado – ¡¿puede que en la platea no estén las mejores de las personas?! Aun en el efímero Snapchat, que desaparece en 24 horas, no exponga detalles de su rutina – ni de sus familiares. Permítame ir más lejos. En Instagram, desactive el localizador automático de sus publicaciones – si quisiera informar el lugar de la foto, escriba en la leyenda, pero conscientemente. Si YouTube dio de regalo una “emisora de TV” para cada uno, no suba videos vacíos, vulgares, mucho menos particulares. ¿En Facebook? Sea inteligente con fotos recientes que evidencien vacaciones, niños pequeños y actividades personales. ¿Y la moda fútil de las “fotos ostentación”? ¡Huya de eso! Si usted tiene, no necesita avisar a quien no es útil – y si no tiene, ¿para qué mentir a quien no le importa?

Sea prudente y cauteloso. Cuídese mucho del mar de lágrimas que usted lanza al viento cuando publica CUALQUIER cosa en la web. Si las celebridades con sus imperios de guardaespaldas quedaron preocupadas después de todo es, ¡imagine la nube de los que son aún más vulnerables, como usted y yo! Use las redes sociales para mostrar lo que Dios ha hecho en su vida. Cautive a las personas a su alrededor con el poder imbatible del ejemplo práctico y humilde. Reflejando a Jesús en su convivencia virtual usted quedará más distante de estas amenazas reales. Cuando le den ganas de exponerse, expóngase a Él. Al final, solamente Cristo le dará el verdadero sentimiento de valorización que en la Internet nunca va a conseguir.

(Ah, y borre cualquier exageración que todavía exista en sus redes sociales – ¿qué tal ahora?).

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