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Neila Oliveira

Neila Oliveira

Generación escogida

Cómo preparar a niños y adolescentes para el tiempo del fin

Lo que Harvard todavía no sabe

Y la preocupación por formar una generación de personas bondadosas

En julio de 2014, el periódico The Washington Post divulgó un proyecto desarrollado por investigadores de la Universidad Harvard, llamado Making Caring Commom (Hacer que el cuidado sea común), cuyo objetivo es ayudar a los niños a ser más atentos con los demás.

Interesante, ¿no es así? ¿Por qué una universidad tan reconocida como Harvard se interesaría en un proyecto de esa naturaleza? Es simple. Estudios realizados entre los jóvenes revelaron que 80% de los entrevistados creían que sus padres estaban más preocupados por su realización y felicidad que por los demás. Y ellos también fueron tres veces más propensos a concordar que sus padres quedarían más orgullosos si ellos sacaran buenas notas que si fuesen alumnos solidarios en la escuela.

El psicólogo Richard Weissbourd, que dirige el proyecto, y otros investigadores entendieron la importancia de orientar a los padres a fin de que eduquen a los hijos desde temprano para que se vuelvan personas generosas y altruistas. “Los niños no nacen simplemente buenos o malos y nunca debemos darlos por perdidos. Ellos necesitan adultos que los ayuden a volverse solidarios, respetuosos y responsables de sus comunidades en todas las etapas de su infancia”, fue su conclusión oportuna.

Resumidamente aquí hay cinco consejos que los investigadores elaboraron y que fueron respaldados por 24 especialistas:

  1. Muestre al niño que cuidar de los otros es una prioridad.
  2. Dé oportunidades para que el niño ejercite la gratitud.
  3. Ayude al niño a mirar más allá de su propio mundo.
  4. Dé el ejemplo y sea un buen orientador.
  5. Enseñe al niño a controlar sus sentimientos negativos.

Cada consejo está acompañado por una explicación (por qué y cómo) y de una orientación práctica (intente esto).

El estudio de Harvard me resultó bastante confiable y concuerdo que ese es uno de los pasos si queremos ver niños felices y exitosos en el futuro. Pero me parece que existen algunas cosas que esos investigadores todavía no saben.

Hace más de cien años atrás, una mujer que no tenía ninguno de esos títulos académicos ya había dado orientaciones aún más precisas que esas para formar una generación de personas de carácter, que serían una bendición para las familias y para la sociedad.

Ella fue autora de varios libros y llegó a escribir aproximadamente 100 mil páginas a mano, pues en su época ni las máquinas de escribir eran comunes. En uno de sus libros[i], de más de 500 páginas y 83 capítulos, ella habla con propiedad sobre la educación de los hijos. Y, sólo para que usted tenga una idea de la calidad de ese material, los consejos que Harvard ofreció como resultado de una investigación que puede haber llevado años, ya habían sido dados por ella apenas en las primeras páginas de su libro.

¿Quiere ver algunos ejemplos?

  1. “Una solemne responsabilidad reposa sobre los padres en el sentido de educar a sus hijos para que cuando salgan al mundo, hagan bien y no mal a aquellos con quienes se asocien. […] Los padres no deberían considerar livianamente la obra de educar a sus hijos, ni descuidarla por ningún motivo” (página 21).
  2. “En el hogar es donde ha de empezar la educación del niño. Allí está su primera escuela. Allí, con sus padres como maestros, debe aprender las lecciones que han de guiarlo a través de la vida: lecciones de respeto, obediencia, reverencia, dominio propio” (página 17).
  3. “No les permitáis manifestar su enojo. Enseñadles a ser bondadosos y pacientes. Enseñadles a ser considerados con otros” (página 18).
  4. “Como padres y madres, deberíamos educarnos y disciplinarnos. Luego como maestros del hogar, podremos formar a nuestros hijos” (página 27).
  5. “Los niños necesitan … ser instruidos, ser guiados por las sendas seguras, ser mantenidos fuera del vicio, ser ganados por la bondad, y ser confirmados en el bien hacer” (página 31).

Y eso solo es para que usted tenga un aperitivo. Esa autora continúa hablando sobre la importancia de enseñar al niño a ser agradecido hasta por las cosas pequeñas, la necesidad de incentivarlo a pensar por sí mismo, la orientación adecuada que él necesita recibir para aprender a ser servicial desde temprano, el cuidado que los padres deben tener con el exceso de elogios, el alerta para que los padres sonrían más a los hijos y cautiven el afecto de ellos, y muchas otras instrucciones riquísimas para aquellos que entienden que educar es una tarea ardua, pero que dará sus recompensas.

A esta altura usted debe estar preguntándose quién es esa autora tan competente. Es Ellen White, una mujer que comprendía su responsabilidad de madre, porque tuvo cuatro hijos, y que puso en práctica los consejos que ella misma recibió de una manera privilegiada. ¿De quién? ¡Del propio Dios! Y si usted tiene dudas, consulte la carta que Él dejó para aquellos que desean vivir y ser realmente felices. Usted va a notar que no existe divergencia entre los conceptos y principios relatados allí y las orientaciones que ella recibió, comenzando con la afirmación de que lo que el niño aprende desde temprano, lo llevará por toda la vida (Proverbios 22:6).

Ellen entendía la urgencia y la necesidad de que los niños fuesen educados no solo para que fuesen personas buenas y atentas para con el prójimo, a fin de que eso se revierta en alegría y felicidad para ellos mismos algún día. ¡No! La motivación debía ser otra. Y eso Harvard todavía no lo descubrió.

Los hijos son un tesoro confiado por Dios a los padres para sean educados para la familia del Cielo. La educación es una obra sagrada. Esa es una cuestión tan seria que no puede ser pasada por alto. Los niños necesitan que se les enseñe a amar a Dios y a obedecer Sus órdenes. Y los padres necesitan aprender de Cristo para entonces orientar a los hijos. La salvación de los niños depende en gran parte de la educación que ellos reciben en la infancia. Es en el hogar que deben ser preparados para el encuentro con Jesús.

Mi consejo es que usted use la carta de Dios, la Biblia, como principal guía de estudio y comience a leer lo más rápido posible el libro Conducción del niño. Usted se va a sorprender con las instrucciones valiosas y actuales sobre educación de los hijos. La autora está por delante de Harvard porque bebió de la fuente correcta. Con humildad, ella reconoció: “Los padres necesitan a cada paso una sabiduría más que humana a fin de comprender cómo educar mejor a sus hijos para una vida útil y feliz aquí, y para un servicio más elevado y un

[i] Conducción del niño (1964), versión publicada en el sitio egwwritings.org.

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